¡Velad! | Hoja parroquial del 29 de noviembre

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO: Is 63, 16-17; 64,1,3b-8; Sal 79; 1ª Cor 1, 3-9; Mc 13, 33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Mirad, vigilar: pues no sabéis cuándo es el momento. Velad entonces, pues, no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos… “.

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 Iniciamos el Año Litúrgico con el Tiempo de Adviento y la primera palabra que resuena en nuestros oídos es ¡VELAR! Pero ¿qué es velar?, ¿por qué hemos de velar? Si acudimos al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua nos encontramos, entre otras, con estas definiciones del verbo “velar” (Del latín: vigilare): 1ª) Estar sin dormir el tiempo destinado de ordinario par el sueño; 2ª) Continuar trabajando después de la  jornada ordinaria; 3ª) Asistir por horas o turnos delante del Santísimo Sacramento cuando está expuesto; 4ª) Hacer centinela o guardia por la noche; 5ª) Asistir de noche a un enfermo o pasarla al cuidado. Y si intentamos acercarnos al alcance semántico del verbo Velar desde una perspectiva bíblica descubrimos que Velar propiamente significa abstenerse del sueño, es la actitud que Jesús recomienda a los que esperan su venida. La vigilancia, en este estado de alerta, supone una esperanza firme y exige una presencia de espíritu sin decaimiento que recibe el nombre de sobriedad.

El mejor modo de comprender lo que la acción del verbo Velar implica es teniendo presentes los siguientes “ejemplos” sacados de la vida ordinaria: Vela  la madre durante la noche cuando su hijo pequeño tiene fiebre y no logra conciliar el sueño. En esta situación, la madre, siempre solícita, atenta y tierna está pendiente de su pequeñín y no se separa de su lado en ningún momento. El corazón de una madre “en vela”, es un corazón amante, sacrificado y abnegado, diligente y perseverante. Vela y vigila también, con el corazón y con los ojos, el soldado que realiza su “guardia nocturna”; a él se le confía esta misión dentro del cuartel: mientras sus compañeros duermen, él permanece despierto, en actitud de vigilancia activa, sabe que no puede dormirse, de él depende la seguridad de su compañía, su tarea esencial es evitar que el enemigo pueda atacar por sorpresa el acuartelamiento. En este segundo caso, el velar adopta una forma más evidente de vigilia, de prevención y de defensa porque… ¡son muchos los enemigos en la noche!. Y, por último, vela la embarazada que lleva en su seno una nueva vida gestada por amor.  Este tercer tipo de vela es sumamente esperanzador y creativo: ¡con cuánta ilusión se prepara la habitación del niño/a por venir! ¡Con cuanta ternura se compran y preparan las ropas, el carrito y los necesarios complementos para la crianza de un nuevo hijo! En este tercer ejemplo, la vela adopta la forma de “estado de buena esperanza”, se sabe que después de nueve meses… !se alumbra un ser nuevo!, pero siempre hay que estar vigilantes porque cuando menos se espera, el parto se puede adelantar y todo se precipita.

A la luz de estas “tres escenas”, podemos y debemos acercarnos al Tiempo litúrgico del Adviento que hoy estrenamos. Jesús nos invita encarecidamente a ¡VELAR!, ¡VIGILAR! ¡ESPERAR! ¡ACOMPAÑAR! ¡PREPARAR! Sí, velamos porque estamos “esperando la aparición gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo” que no sabemos cuándo será, pero confesamos -con certeza y fe- que “vendrá al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos” y este final de los tiempos para nosotros es hoy; vigilamos porque son muchos los “enemigos” que rondan a nuestro alrededor para desalentarnos, desmoralizarnos y desgraciarnos. Hoy más que nunca, vivimos una situación propensa a la desesperanza provocada por la crisis sanitaria y laboral, el Adviento nos invita a levantarnos a orar por todos y pedir: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases! ¡Ven, Señor Jesús!, ¡Maran Attá! El Adviento es tiempo de espera, de conversión y de esperanza. Hoy el Señor nos dice que está cerca, muy cerca de nosotros, pero como tantas veces vivimos adormilados y embotados, viene, en este tiempo, a “despertarnos” y “des-velarnos” porque quiere vivir en nosotros: Él es el Emmanuel.

EL CAMPANARIO

 <<ADVIENTO>>

El Adviento es tiempo de espera, de conversión, de esperanza:

  • espera-memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal; espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal;
  • conversión, a la cual invita con frecuencia la Liturgia de este tiempo, mediante la voz de los profetas y sobre todo de Juan Bautista: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos” (Mt 3,2);
  • esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo (cfr. Rom 8,24-25) y las realidades de la gracia ya presentes en el mundo lleguen a su madurez y plenitud, por lo que la promesa se convertirá en posesión, la fe en visión y “nosotros seremos semejantes a Él porque le veremos tal cual es” (1 Jn 3,2)

La piedad popular es sensible al tiempo de Adviento, sobre todo en cuanto memoria de la preparación a la venida del Mesías. Está sólidamente enraizada en el pueblo cristiano la conciencia de la larga espera que precedió a la venida del Salvador. Los fieles saben que Dios mantenía, mediante las profecías, la esperanza de Israel en la venida del Mesías.

A la piedad popular no se le escapa, es más, subraya llena de estupor, el acontecimiento extraordinario por el que el Dios de la gloria se ha hecho niño en el seno de una mujer virgen, pobre y humilde. Los fieles son especialmente sensibles a las dificultades que la Virgen María tuvo que afrontar durante su embarazo y se conmueven al pensar que en la posada no hubo un lugar para José ni para María, que estaba a punto de dar a luz al Niño (cfr. Lc 2,7).

Con referencia al Adviento han surgido diversas expresiones de piedad popular, que alientan la fe del pueblo cristiano y transmiten, de una generación a otra, la conciencia de algunos valores de este tiempo litúrgico.

La Corona de Adviento

La colocación de cuatro cirios sobre una corona de ramos verdes, que es costumbre sobre todo en los países germánicos y en América del Norte, se ha convertido en un símbolo del Adviento en los hogares cristianos. La Corona de Adviento, cuyas cuatro luces se encienden progresivamente, domingo tras domingo hasta la solemnidad de Navidad, es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia (cfr. Mal 3,20; Lc 1,78).

Las Procesiones de Adviento

En el tiempo de Adviento se celebran, en algunas regiones, diversas procesiones, que son un anuncio por las calles de la ciudad del próximo nacimiento del Salvador (la “clara estrella” en algunos lugares de Italia), o bien representaciones del camino de José y María hacia Belén, y su búsqueda de un lugar acogedor para el nacimiento de Jesús (las “posadas” de la tradición española y latinoamericana)”. Cf. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios y orientaciones, nn. 96-99(2002).

NOTICIAS DE NUESTRA PARROQUIA

* ORACIÓN DE LAUDES: Durante el Adviento nos reuniremos a rezar Laudes en la Iglesia, de Lunes a Viernes a las 6´30h de la mañana. Comenzamos el Lunes 30.

        * ANUNCIO DE ADVIENTO: Para todas las Comunidades Neocatecumenales el Jueves a las 20h en la Iglesia.

+ VALDELOSA: Eucaristía el Miércoles 2 a las 12h y el Domingo 6 a las 11,45h; TOPAS: Catequesis el Jueves 3 a las 16,30h y Eucaristía el Domingo a las 13h.

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