Tres modos de vivir y celebrar la Semana Santa

Procesión del Amor y de la Paz. Fuente: Wikipedia

“Durante la Semana Santa, la Iglesia celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén. El tiempo de Cuaresma continúa hasta el jueves. A partir de la Misa vespertina, en la Cena del Señor, comienza el Triduo Pascual, que continúa durante el Viernes de la Pasión y el Sábado santo, y tiene su centro en la Vigilia Pascual y acaba con las Vísperas del domingo de Resurrección”. Así presenta el documento de la Congregación para el Culto Divino del año 1988 (cf. Preparación y celebración de las fiestas pascuales) qué es  y qué celebramos los cristianos durante la Semana Santa. A esta esquemática y concentrada presentación hemos de añadir la que nos ofrece el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios y orientaciones del año 2002 que hace una presentación más en clave histórica y sociológica al decir que “es muy intensa la participación del pueblo en los ritos de la Semana Santa. Algunos muestran todavía señales de su origen en el ámbito de la piedad popular. Sin embargo ha sucedido que, a lo largo de los siglos, se ha producido en los ritos de la Semana Santa una especie de paralelismo celebrativo, por lo cual se dan prácticamente dos ciclos con planteamiento diverso: un rigurosamente litúrgico, otro caracterizado por los ejercicios de piedad específicos, sobre todo las procesiones. Esta diferencia se debería reconducir a una correcta armonización entre las celebraciones litúrgicas y los ejercicios de piedad. En relación con la Semana Santa, el amor y el cuidado de las manifestaciones de piedad tradicionalmente estimadas por el pueblo debe llevar necesariamente a valorar las acciones litúrgicas, sostenidas ciertamente por los actos de piedad popular”

Directorio. n. 138
Sigue leyendo

¡Ser ante sus ojos!: adoradores para evangelizar

En la preciosa catequesis del evangelista Juan sobre la oración, cuando la Samaritana se ha visto desenmascarada por Jesús, ella queriendo cambiar de tema le hace la siguiente pregunta: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar” (Jn 4, 19-20), encontrando en labios de Jesús la siguiente respuesta: Sigue leyendo