Jesucristo: Rey y Pastor | Hoja parroquial del 22 de noviembre

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY: Ez 34, 11-12.15-17; Sal 22; 1ª Cor 15, 20-26.28; Mt 25, 31-46

“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis

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Llegamos al final del Año Litúrgico del Ciclo A  en el que a través del Evangelio de San Mateo hemos venido celebrando, domingo tras domingo, la Pascua de nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo,  Pastor y Guardián de nuestras almas. La liturgia de la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo es una confesión de fe en Aquel que es el Señor y Juez de la historia humana, el Primogénito de entre los muertos, el Salvador de los hombres, el Señor ante quien toda rodilla en el cielo y en la tierra se doblará, un día, cuando vuelva victorioso en su Segunda Venida y lo aclamaremos como REY porque sólo a Él “le están sometidos los Ángeles, las Dominaciones y las Potestades” (1ª Pe 3, 22).

            Mientras llega ese día, Jesucristo, nuestro Rey y Señor, espera de cada uno de sus seguidores que vivamos como “reyes de la tierra” sembrando cada día las semillas del amor que se hacen pan para los hambrientos, hogar y casa para los sintecho, abrigo para los desnudos, agua para los sedientos y hombro y compañía para los enfermos. Si Cristo habita por la fe en nuestros corazones, los pobres, inmediatamente comienzan a ocupar un lugar privilegiado en nuestras vidas. El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que Él mismo “se hizo pobre” (2ªCor 8,9). Como nos ha recordado el Papa Francisco, “Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres. Esta salvación vino a nosotros a través del «sí» de una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio. El Salvador nació en un pesebre, entre animales, como lo hacían los hijos de los más pobres; fue presentado en el Templo junto con dos pichones, la ofrenda de quienes no podían permitirse pagar un cordero (cf. Lc 2,24; Lv 5,7); creció en un hogar de sencillos trabajadores y trabajó con sus manos para ganarse el pan. Cuando comenzó a anunciar el Reino, lo seguían multitudes de desposeídos, y así manifestó lo que Él mismo dijo: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres» (Lc 4,18). A los que estaban cargados de dolor, agobiados de pobreza, les aseguró que Dios los tenía en el centro de su corazón: «¡Felices vosotros, los pobres, porque el Reino de Dios os pertenece!» (Lc 6,20); con ellos se identificó: «Tuve hambre y me disteis de comer», y enseñó que la misericordia hacia ellos es la llave del cielo (cf. Mt 25,35s). Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga «su primera misericordia. Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, llamados a tener «los mismos sentimientos de Jesucristo» (Flp 2,5). Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres entendida como una «forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia». Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos” (Cf. EG, nn. 197-198).

EL CAMPANARIO

 JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

TE DEUM

A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre, te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa, extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen. 
Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre.
Creemos que vendrás como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.
Sé su pastor y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos y alabamos tu nombre siempre, por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre.

CON EL ADVIENTO INICIAMOS UN AÑO LITÚRGICO NUEVO

Será el próximo Domingo día 29. ¡Iniciamos un Año Litúrgico nuevo, y lo inauguramos con el tiempo que llamamos Adviento! ¡Felicidades! ¿En qué consiste este tiempo? Las Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario, del año 2020, presentan así el carácter propio del Adviento: “El tiempo del Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres y es, a la vez, el tiempo en el que, por este recuerdo, se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre” (n. 39). “El tiempo de Adviento empieza con las primeras vísperas del Domingo que cae el 29 de Noviembre y acaba antes de las primeras vísperas de Navidad” (. n. 40).

            En este tiempo cabe distinguir con claridad un primer período que se extiende desde el principio del Adviento hasta el 16 de Diciembre inclusive y un segundo período que va del 17 hasta el 24 de diciembre. El sentido primordial del Adviento es el de la celebración de la espera mesiánica y la preparación a revivir en la Navidad la presencia del Dios-con-nosotros, el Emmanuel.

NOTICIAS DE NUESTRA PARROQUIA

       * VOLUNTARIOS DE CÁRITAS:          El Martes  día 24 a las 17h. nos reunimos en la Iglesia.

         * SCRUTATIO SCRIPTURAE: El Miércoles día 25, a las 16, 30h en el Catecumenium.          + VALDELOSA: Misa el Miércoles 25 a las 12h; TOPAS: Catequesis el Jueves a las 16,30h y Eucaristía el Viernes a las 12h

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