“Recibid el Espíritu Santo” | Hoja parroquial del 31 de mayo

Solemnidad de Pentecostés : Hch 2, 1-11; Sal 103; 1ª Cor 12,3b-7.12-13;  Jn 20, 19-23

“Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así os envío también yo. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: RECIBID EL ESPÍRITU SANTO… “

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El cuerpo glorioso de Jesús aparece en el Cenáculo con las señales de la Pasión sufrida, sus manos agujereadas y su costado traspasado, pero su condición humana es nueva: ¡está resucitado! ¡Ha estrenado corporalmente la vida escatológica que es ya eterna! ¡Jesús es el Señor, el Juez de la Historia, el Rey del Universo, el único Mediador entre Dios y los hombres! Ahora ya, ascendido y sentado a la derecha del Padre, puede darnos lo que nos había prometido: el Don de lo alto, la Promesa del Padre, el Espíritu Santo. El fruto maduro de la Pascua es el Don del Espíritu de Pentecostés.

            Hoy, el cielo se abre para derramar toda una lluvia de gracias espirituales que el Espíritu Santo quiere derramar en todos los corazones que han sido transformados en verdaderos cenáculos de oración, comunión y vida renovada por el Evangelio acogido, creído y vivido por los discípulos del Crucificado, Resucitado y Exaltado a la derecha del Padre. Hoy, la palabra que ha de brotar en los labios de todo bautizado es ¡VEN! Sí, digámosla todos juntos, primero de forma personal y, después, como una oración comunitaria:

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo Padre amoroso del pobre,
don en tus dones esplendido; luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

“Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.
Aleluya”

EL CAMPANARIO

Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar: “Hacia un renovado Pentecostés”

El domingo 31 de mayo, solemnidad de Pentecostés, se celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, en esta ocasión bajo el lema: “Hacia un renovado Pentecostés”, en continuidad con el Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en Salida”, que se celebró en Madrid el pasado mes de febrero.

La celebración del día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, que coincide cada año con la solemnidad de Pentecostés, se sitúa en continuidad con el Congreso de Laicos, en el que hemos sentido la llamada a vivir como Iglesia un renovado Pentecostés.

Ahora se trata de dar continuidad a este sueño, a este anhelo de trabajar como Pueblo de Dios, valorando la vocación laical y lo que aporta a nuestra Iglesia en el momento actual. Se trata de redescubrir la importancia del sacramento del bautismo, como fuente de donde brotan los diversos carismas para la comunión y la misión. Llamados y enviados, por eso: discípulos misioneros. El papa Francisco resume muy bien esta dinámica en Evangelii gaudium: “En virtud del bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28, 19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados (…). Si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos «discípulos» y «misioneros», sino que somos siempre «discípulos misioneros»” (EG, n. 120).

Soñemos juntos. Recordemos las palabras que el papa Francisco les decía a los jóvenes, y, a través de ellos, a todos los que formamos la familia de la Iglesia, en el número 166 de Christus vivit: “A veces toda la energía, los sueños y el entusiasmo de la juventud se debilitan por la tentación de encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros problemas, sentimientos heridos, lamentos y comodidades. No dejes que eso te ocurra, porque te volverás viejo por dentro, y antes de tiempo. Cada edad tiene su hermosura, y a la juventud no pueden faltarle la utopía comunitaria, la capacidad de soñar unidos, los grandes horizontes que miramos juntos. No perdamos la capacidad de seguir soñando juntos”.

¡VEN, ESPÍRITU CREADOR, VISITA NUESTRA MENTE Y LLENA DE TU AMOR EL CORAZÓN QUE HAS CREADO!

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