Perseverancia en la persecución | Hoja parroquial del 17 de noviembre

DOMINGO XXXIIIº TIEMPO ORDINARIO: Mal 3,19-20a; Sal 97; 2ª Tes 3, 7-12; Lc 21, 5-19

“Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos odiarán por causas de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.”

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Cuentan que en el lecho de muerte de San Ignacio de Loyola, sus compañeros le hicieron esta pregunta: “Padre, ¿qué pides al Señor para la Compañía de Jesús? Y que él respondió: Persecuciones“. Contemplando la historia de los jesuitas constatamos que el Señor escuchó la petición del fundador. La persecución contra los cristianos es una bienaventuranza tal y como Jesús mismo la enuncia: Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros” (Mt 5, 11-12). Sí, el Evangelio de hoy nos habla de lo que nos espera a los cristianos: la persecución, no solo de los de fuera sino también de los de dentro: “Seréis odiados de todos por causa de mi nombre” (Lc 21, 17). Pero, ¿cómo es posible que el Señor nos profetice que seremos perseguidos? Él mismo nos da la respuesta: “Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros. Todo esto lo harán por causa de mi nombre” (Jn 15, 20). En efecto, los cristianos hemos sido perseguidos en todos los tiempos y lugares, también hoy en día, en numerosas partes del mundo los cristianos siguen derramando su sangre por mantener el testimonio vivo de la fe en Jesús. Las últimas estadísticas hablan de que son más de 100 millones de cristianos los que sufren persecución por su fe. Una de las naciones más peligrosas es Corea del Norte, donde entre 50.000 y 70.000 cristianos están detenidos en campos de detención. La violencia y la hostilidad sufrida por los cristianos en todo el Oriente Medio y África, a manos del Estado Islámico y otros grupos terroristas, está también bien documentada. Durante el año pasado, especialmente, los cristianos en Irak y Siria han sido asesinados por negarse a abandonar su fe y unirse a la “ideología radical”, del EI.

                La persecución forma parte de nuestra identidad de cristianos, no podemos olvidar que el cristianismo durante los tres primeros siglos de su existencia se expandió rápidamente gracias al testimonio martirial de los cristianos hasta el punto de que Tertuliano pudo afirmar que “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos“. Así, pues, no debemos inquietarnos y menos asustarnos ante las pruebas diversas que por el hecho de ser cristianos debamos afrontar. La Palabra de Dios nos invita hoy a afrontar la hostilidad ambiental arraigados en tres actitudes existenciales: paciencia en el sufrimiento, fidelidad en medio de la incredulidad y perseverancia en situaciones de persecución manifiesta.

                Paciencia en el sufrimiento. Sí porque todavía no hemos llegado a la sangre en nuestra lucha contra el pecado y San Pablo mismo nos advierte que “la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5, 3-5). Fidelidad en medio de la incredulidad porque como dice San Ignacio de Antioquia “cuando una cultura se vuelve hostil al Evangelio, sobra la grandilocuencia en las palabras y hace falta grandeza de alma”. Perseverancia en la persecución porque como nos recuerda Jesús “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas” (Lc 21, 19). Señor… ¡Ayúdanos!

EL CAMPANARIO

LA ÚLTIMA PRUEBA DE LA IGLESIA

Tanto el Catecismo de la Iglesia Católica como un texto del Vaticano II hablan abiertamente del final del tiempo y de la historia de la humanidad. El Catecismo describe y explica cómo el advenimiento definitivo del Reino de Dios no sobrevendrá por un triunfo histórico de la Iglesia sino más bien por una “gran persecución” que denomina “la última prueba de la Iglesia:Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el “misterio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Ts 2, 4-12; 1Ts 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).

Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado, “intrínsecamente perverso” (cf. Pío XI, carta enc. Divini Redemptoris, condenando “los errores presentados bajo un falso sentido místico” “de esta especie de falseada redención de los más humildes”; GS 20-21).

La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap20, 7-10) que hará descender desde el cielo a su Esposa (cf. Ap 21, 2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final (cf. Ap 20, 12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P 3, 12-13) [nn. 675-677).

            El Vaticano II, en el n. 39 de la Constitución Pastoral Gaudium et spes, nos invita a trabajar por la construcción de la “tierra nueva y el cielo nuevo” que esperamos y cuyos cimientos comenzamos a poner con nuestra vida cristiana: “Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad y sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas, que Dios creó pensando en el hombre.

Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios. Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: “reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz”. El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección”.

NOTICIAS DE NUESTRA PARROQUIA

  • CATEQUESIS PARA ADULTOS: Todos los Lunes y Jueves en el Catecumenium a las 20, 30h.
  • TALLER DE MAYORES: El Martes día 19 tendremos Taller de memoria con Araceli.
  • VISITA A LAS RESIDENCIAS: Todos los Miércoles de 17´30 a 19h visitamos a nuestros mayores que están viviendo en doce residencias.
  • SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO: El Domingo día 24 celebraremos con gozo la fiesta de nuestra Parroquia dedicada a Cristo Rey. Con esta Solemnidad concluimos el tiempo litúrgico ordinario (Ciclo C) en el que hemos celebrado el misterio de nuestra salvación siguiendo el Evangelio de San Lucas; con el Adviento iniciaremos el Ciclo A de la mano del evangelista San Mateo. ¡Felicidades! ¡Viva Cristo Rey!

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