“¡Me ha sido dado todo poder!” | Hoja parroquial del 24 de mayo

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR: Hch 1, 1-11; Sal 46; Ef 1, 17-23; Mt 28, 16-20.

Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo

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La Resurrección de Jesucristo ha inaugurado el tiempo escatológico: Jesucristo es el Rey del Universo, el Señor de la Historia, el Juez todopoderoso, el Primogénito de entre los muertos, el Cordero de Dios que encabeza la peregrinación de los santos hacia la Ciudad nueva y eterna de la Jerusalén celeste hacia donde se encamina la Iglesia en su peregrinación en la tierra hacia la Morada Santa. Con la Ascensión del Señor al Cielo celebramos hoy que “Jesús, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, ha ascendido hoy ante el asombro de los ángeles a lo más alto del cielo, como mediador entre Dios y los hombres, como juez de vivos y muertos. No se ha ido para desentenderse de este  mundo, sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino” (Prefacio I de la Ascensión del Señor).

            El misterio de la Ascensión del Señor  nos introduce más hondamente en una nueva dimensión del Misterio Pascual porque si en la pasión salvadora de Jesús, el universo ha aprendido a proclamar su grandeza y por la fuerza de la cruz, el mundo ha sido juzgado como reo, por su Ascensión, el Crucificado ha sido, definitivamente, exaltado como juez poderoso y por eso, ante “el nombre de Jesús toda rodilla ha de doblarse en los cielos, en la tierra y en los abismos y toda lengua ha de confesar que Jesús es Señor para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 10-11). En efecto, el Cristo glorioso ejerce, tanto en la tierra como en el cielo, el poder sin límites que ha recibido de su Padre. Sus discípulos ejercerán, pues, este poder en su Nombre por la predicación, el bautismo y la formación de los cristianos. De ahí que cuando apresan a Pedro y a Juan por haber curado a un tullido en el Templo de Jerusalén y les pregunten: “¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho vosotros eso? (Hch 4, 8), Pedro les conteste abiertamente: “Sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que ha sido por el nombre de Jesucristo, el Nazoreo, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre y no por ningún otro se presenta éste aquí sano delante de vosotros. Él es la piedra que vosotros, los constructores, habéis despreciado y que se ha convertido en piedra angular. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (8-12).

            El Señorío y el Poder de Nuestro Señor Jesucristo está en estrecha relación con la misión que tiene confiada su Iglesia en cada generación: llevar el anuncio del Evangelio a través del cual llega a cada hombre la vida inmortal, a todos los pueblos de la tierra: “ Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos… Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. La Ascensión es Cielo, Envío misionero, Presencia y Comunión. No hay tiempo que perder: ID, YO ESTOY CON VOSOTROS.

EL CAMPANARIO

¡GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS!

(Mt 7, 15):

¡GEORGE SOROS!

Es el caso del magnate húngaro, George Soros, impulsor de la fundación Open Society. En su artículo publicado el pasado 24 de marzo dijo que el coronavirus era una oportunidad para abolir la familia

Os resumo lo que dice el artículo: Los hogares son hoy en día una olla a presión del capitalismo (…) se incrementa el trabajo doméstico: la cocina, la limpieza, el cuidado. Pero también se incrementan los abusos de menores, las violaciones y las torturas psicológicas.

Pero aunque no pase nada de eso, la familia y su modelo reproductivo apesta. Nos norma hacia un trabajo productivo, nos hace creer que somos individuos, minimiza el coste de capital y maximiza el coste de la mano de obra creando pequeñas estructuras de trabajo doméstico. Nos chantajea con que es la única fuente de amor y cuidado posible.

Pero nos merecemos algo mejor. Por eso la dialéctica de las familias vs familias se debe intensificar en esta crisis del coronavirus”

¡Es alucinante que alguien se atreva a publicar algo así! No. No es una parodia. Es George Soros en estado puro. Y, ¿Quién este personaje? Nacido en Budapest en 1930 bajo el nombre de György Schwartz, el futuro magnate y su familia lograron escapar a la persecución nazi cambiando su identidad. En 1947, bajo la ocupación soviética, Soros abandonó Hungría y se trasladó a Londres, estudiando en la London School of Economics, donde tuvo como profesor e inspirador al filósofo Karl Popper (de quien tomaría la idea de la open society, la sociedad abierta, para dar nombre a su fundación). Soros, es uno de los más conocidos magnates financieros y uno de los principales millonarios del mundo de acuerdo a la revista Forbes. Se caracteriza por ser uno de los mayores especuladores del mundo, enemigo declarado del euro, y conocido por haber apoyado en el pasado determinadas controvertidas campañas como la de legalización de la marihuana en California en el año 2010. Actualmente, es conocido por ser uno de los activistas más anticatólicos en Estados Unidos convirtiéndose en el principal financiador de la organización Faith in Public Life, conformado por llamados católicos disidentes –críticos con la jerarquía católica–  y promotor de iniciativas destructivas en contra de la vida, la familia y la Iglesia.

Este millonario influyente en todos los líderes políticos (¡fue el primera personaje  público al que recibió nuestros Presidente del Gobierno nada más ser reelegido el 28 de Junio de 2018!) es un “falso profeta” que no sólo quiere destruir la familia. Quiere aprovechar la crisis del coronavirus para impulsar su agenda. Y su agenda no es otra que promover el aborto, el estilo de vida LGTB. Una sociedad de individuos desestructurados, sin raíces, sin fe, sin familia, sin nada…, ¡sin Dios! ¡No le perdamos de vista!!!

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