Tentación y victoria | Hoja parroquial del 21 de febrero

Iº DOMINGO DE CUARESMA: Gn 9, 8-15; Sal 24;  1ª Pe 3, 18-22; Mc 1, 12-15

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios… ”

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Con la imposición de la ceniza, la Iglesia ha inaugurado el tiempo de gracia y conversión que llamamos La Cuaresma, un período de 40 días que evoca la estancia de Israel y Jesús en el desierto. Como rezamos en el Prefacio V el Señor abre para la Iglesia “el camino de un nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, con el corazón contrito y humillado, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza, convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu Palabra y experimentar con gozo tus maravillas“.

El Evangelio de hoy nos presenta el escenario al que nos empuja “el Espíritu Santo“, el desierto cuaresmal; el combate que nos espera y el enemigo al que nos enfrentamos, Satanás y las “armas” con las que poder salir airosos de la batalla: oración, ayuno y limosna. En efecto, la Cuaresma es un  “tiempo espiritual”, es el Espíritu Santo quien nos invita a la purificación del corazón y al fortalecimiento de nuestro espíritu, de ahí que nos conduzca a un lugar sin interferencias ni distracciones, para que podemos detectar nítidamente a nuestro adversario, el demonio,  que “anda como león rugiente buscando a quien devorar” (1ª Pe 5, 8).

Jesús ha librado en su carne el mismo combate y tentaciones que nosotros experimentamos todos los días y ha  vencido al Demonio, lo ha doblegado en el desierto y lo ha rematado en la cruz. La Cuaresma nos propone a los bautizados, unidos a Cristo, experimentar, también en nuestra carne, que podemos entrar en las tentaciones que nos presenta Satanás todos los días y poder ¡vencerle!

Con San Agustín somos invitados a reconocernos  en Cristo tentados y a la vez vencedores en Cristo:

Pues nuestra vida en esta peregrinación no puede existir sin tentación: porque se hizo provecho nuestro por medio de nuestra tentación, y cada uno no se da a conocer a sí a no ser que haya sido tentado, ni puede ser coronado a no ser que haya vencido, ni puede vencer a no ser que haya combatido, ni puede combatir a no ser que haya dominado al enemigo y las tentaciones. Jesús quiso ser figura de nosotros mismos, ya que es su cuerpo, y en aquel cuerpo suyo, en el cual ya murió y resucitó y subió al cielo, de manera que a donde precedió la cabeza, allí los miembros confíen que la seguirán. Luego nos transfiguró en sí, cuando quiso ser tentado por Satanás (cf. Mt 4,1).  En Cristo en efecto tú eras tentado, porque Cristo de ti para sí tomaba la carne, de sí para ti la salvación; de ti para sí la muerte, de sí para ti la vida, de ti para sí las afrentas, de sí para ti los honores; por tanto de ti para sí la tentación, de sí para ti la victoria. Si en aquel nosotros fuimos tentados, en aquel nosotros superamos al diablo. ¿Atiendes a que Cristo fue tentado, y no atiendes a que venció? Conoce que tú en aquel fuiste tentado, y conoce que tú en aquel vences”.

EL CAMPANARIO

PARA VIVIR LA CUARESMA CRISTIANAMENTE

+ ORACION COMUNITARIA DE LAUDES: Todos los días de Cuaresma, empezando el Lunes 22 a las 6,30h de la mañana. Iniciamos la jornada con la oración de LAUDES en la Iglesia.

+ VÍA CRUCIS: Todos los Viernes de Cuaresma a las 12h de la mañana, tendremos la oración contemplativa del Via crucis. El Viernes es un día de abstinenciade comer carne y, también, un día oportuno para poder ayunar y ayudar a los pobres.

+ ORACIÓN PERSONAL, AYUNO Y LIMOSNA: Son las  “tres vacunas” que la Iglesia nos ofrece en este tiempo de “confinamiento espiritual” para combatir el “virus del  pecado” y dar muerte en nuestro cuerpo a todas sus obras y manifestaciones.

La Cuaresma, es tiempo oportuno para buscar, en silencio, espacios y momentos para leer la Escritura, el Evangelio de cada día y meditarlo. El Papa Francisco, en su Mensaje nos recuerda que “en este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación”.  

Es importante tener presente la identidad penitencial de los viernes y proponerse, de cara a Dios, sin que nadie lo sepa, alguna renuncia que ayude a nuestro espíritu a estar en actitud de combate.

La oración cuando va acompañada del ayuno tiene más fuerza y eficacia. El Papa no ha suprimido la recomendación tradicional de “no comer carne” los viernes de Cuaresma, lo que nos dice en su Mensaje  es que  “el ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo”.

Por último, una “vacuna” necesaria para superar y vencer la ”fiebre de  la codicia”, es la limosna, en secreto, cubre multitud de pecados y ayuda al sostenimiento y mantenimiento de las necesidades de los más pobres. Francisco nos recuerda que “lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez”.

Sabed, también, que estáis invitados a participar, todos los viernes a las 15h, con las Madres Oblatas (en su Capilla) de la ORACIÓN DE NONA ante la Cruz por la Humanidad.

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