La paciencia de Dios [Hoja parroquial del 24 de marzo]

DOMINGO IIIº DE CUARESMA: Ex 3, 1-15; Sal 102; 1ª Cor 10, 1-12; Lc 13, 1-9

“Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás”.

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            El fruto que Dios espera cosechar, en cada uno de nosotros, a lo largo de esta Cuaresma, es la conversión. Así comenzamos este tiempo escuchando: Convertíos y creed en el Evangelio. La Cuaresma es un tiempo propicio para vivir la conversión, es decir, romper con el pecado, combatir contra las tentaciones del Demonio y rechazar las seducciones del mundo, de manera consciente, con actitud diligente y acudiendo a las ayudas-armas que nos ofrece la Iglesia como son el ayuno, la oración y la limosna. Más aún, la conversión se vive y realiza sacramentalmente cuando, reconociendo nuestros pecados los confesamos y abandonamos recibiendo el perdón a través del Sacramento de la Penitencia y Reconciliación.

            Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Pero, ¿qué es convertirse? ¿qué debo hacer para convertirme? La conversión es un regalo de Dios, no es una conquista del hombre, de su esfuerzo, de su voluntad. La conversión es una gestación, es el fruto del encuentro de la miseria del hombre con la misericordia de Dios. Comienza cuando nos reconocemos pecadores de verdad, cuando no nos engañamos a nosotros mismos y reconocemos que vivimos de espaldas a Dios, ¡tantas veces!; más aún, que nos hemos erigido en dioses, nosotros mismos dictaminado lo que está bien y lo que está mal, según nos conviene en cada momento. La conversión, consiste en quitarnos las caretas de buenos con las que  nos disfrazamos, cada día, y reconocer nuestra verdadera condición de pecadores, de egoístas, falsos, ladrones, adúlteros, codiciosos, avariciosos, mentirosos y sinvergüenzas que somos. Sólo reconociendo que hemos pecado, podemos empezar a salir del pecado. Y, este salir, es fruto de la Gracia, de ahí que san Agustín pudiera exclamar: ¡Conviértenos, Padre, y nos convertiremos!

            La paciencia de Dios es infinita, para Dios un día es como mil años y mil años como un día. Él quiere que todos los hombres se salven y, con todos los hombres, actúa con paciencia y misericordia, por eso, accede a la petición del viñador: déjala todavía este año. Sí, esta oración de intercesión en favor de la higuera estéril, se transforma en un indulto para cada uno de nosotros porque si Dios llevase cuenta de nuestros pecados, ¿quién podrá mantenerse en pie? Necesitamos que nos sea echada más basura encima, más estiércol, para que podamos ver nuestros pecados de verdad, nuestra miseria, tal cual es. Sólo desde la hondura de nuestra condición pecadora se empieza a construir la fecundidad de nuestra nueva condición de hijos de Dios. Sólo cuando uno ha experimentado el perdón en toda su gratuidad, brota del corazón el agradecimiento sencillo y humilde ante Aquel que otorga la paz y la vida porque solo al que mucho se le perdona, mucho amor muestra. La paciencia es un fruto del Amor. El amor nos hace pacientes, perseverantes, diligentes, sencillos, sufridos, afables, mansos, humildes, sabiendo que en Dios vivimos, nos movemos y existimos.

EL CAMPANARIO

Jornada por la vida: “El amor cuida la vida”

El amor cuida la vida” es el lema con el que se celebra el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, la Jornada por la Vida. La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida, dentro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, elabora los materiales para celebrar esta Jornada.

Los obispos de esta Subcomisión, firman un mensaje en el que nos recuerdan que “solo es posible ver en verdad la vida humana desde la luz de ese amor primero de Dios, donde encuentra su verdadero origen. Esto es lo que hace proclamar a la Iglesia con fuerza: «la vida es siempre un bien». Ha nacido de ese amor primero y por eso pide ser acogida y reconocida como digna de ser amada. No hay vidas humanas desechables o indignas que puedan ser por eso mismo eliminadas sin más. Dios es el garante de su vida: «Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial» (Mt 18, 10). Reconocer la dignidad de una vida es empeñarse en conducirla a su plenitud que está en vivir una alianza de amor. Hemos de esmerarnos especialmente con «los pequeños», es decir, los más necesitados por tener una vida más vulnerable, débil o marginada. Aquellos que están por nacer y necesitan todo de la madre gestante, aquellos que nacen en situaciones de máxima debilidad, ya sea por enfermedad o por abandono, aquellos que tienen condiciones de vida indignas y miserables, aquellos aquejados de amarga soledad, que es una auténtica enfermedad de nuestra sociedad, los ancianos a los que se les desprecia como inútiles, a los enfermos desahuciados o en estado de demencia o inconsciencia, a los que experimentan un dolor que parece insufrible, a los angustiados y sin futuro aparente. La Iglesia está llamada a acompañarlos en su situación para que llegue hasta ellos el cuidado debido que brota de la llamada a amar de Cristo: «haz tú lo mismo» (Lc 10, 37).

            Convirtámonos todos en transmisores y defensores de la vida, desde el amor que la cuida, protege y defiende siempre.

 LA CUARESMA EN NUESTRA PARROQUIA

+ ORACIÓN COMUNITARIA DE LAUDES: Durante la Cuaresma,  comenzamos cada jornada, rezando juntos, en el CATECUMENIUM (sala azul), la oración litúrgica, oficial de la Iglesia, las LAUDES a las 6, 30h de la mañana.

+ TALLER DE MAYORES: Con Don Nacho González (médico) nos pondremos “al día en la salud”.

+ ENTREGA DEL LIBRO DE LA LITURGIA DE LAS HORAS: Durante estas primeras semanas del tiempo cuaresmal, los hermanos de la 4ª Comunidad Neocatecumenal, han estado  siendo iniciados, por sus Catequistas, a la oración litúrgica y personal, incluso nocturna, que culmina con las catequesis de los Evangelios sobre la oración y con la entrega del libro de la Liturgia de las Horas. En efecto, el Jueves día 28 a las 21h en una solemne celebración de Vísperas el Sr. Obispo, Don Carlos hará entrega a cada uno de los hermanos de la 4ª Comunidad Necoatecumenal del Salterio, libro oficial de la Iglesia para la oración de la Liturgia de las horas. ¡Enhorabuena y felicidades!

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