La alegría de la misericordia [Hoja parroquial del 15 de septiembre]

Domingo XXIV del Tiempo Ordinario: Ex 32,7-14; Sal 50; 1ª Tim 1, 12-17; Lc 15, 1-32

“El padre le dijo: Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba  muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado “.

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     Misericordii gaudium. Si donde hay misericordia brota inmediatamente la alegría. Las tres parábolas de la misericordia de San Lucas dejan transparentar esta nota dominante de la misericordia que se transforma en alegría: hay más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos. En cinco ocasiones aparece la palabra alegría: se alegra el pastor al encontrar la oveja perdida, se alegra la mujer cuando encuentra la moneda perdida y se alegra el padre cuando acoge al hijo que se había perdido. La alegría es, debe ser la  actitud característica del discípulo de Jesús como nos ha recordado el Papa Francisco: La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría (EG, 1). Más aún,  cada domingo al celebrar en la Eucaristía el Misterio Pascual, el triunfo de Jesús sobre el pecado y la muerte el corazón de cada uno de los bautizados se inunda de la alegría pascual que nos asegura que si hoy nos queremos es porque Cristo resucitó.

      El nombre de Dios es Misericordia. Etimológicamente, misericordia significa abrir el corazón al miserable. La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Y enseguida vamos al Señor: misericordia es la actitud divina que abraza, es la entrega de Dios que acoge, que se presta a perdonar. Jesús ha dicho que no vino para los justos, sino para los pecadores. No vino para los sanos, que no necesitan médico, sino para los enfermos. Por eso se puede decir que la misericordia es el carné de identidad de nuestro Dios. Dios es misericordia, Dios es misericordioso. El primer y único paso para experimentar la misericordia es reconocerse necesitados de misericordia y acercarse al Sacramento del Perdón donde Jesús nos cura con la medicina de la misericordia, Él nos perdona acariciando las heridas de nuestros pecados. Recordemos lo que tantas veces repite el Papa Francisco el Señor jamás se cansa de perdonar: ¡jamás! Somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón. Entonces debemos pedir la gracia de no cansarnos de pedir perdón, pues Él jamás se cansa de perdonar.

                Misericordiae vultus. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios. En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela que jamás se da por vencido hasta que no se haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo lo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón. La misericordia se convierte en el criterio para saber  si somos hijos de Dios.

 EL CAMPANARIO

LA MISERICORDIA ES LA VIGA MAESTRA QUE SOSTIENE LA VIDA DE LA IGLESIA

La misericordia en la Sagrada Escritura es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros. Él no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace visible y tangible. El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos. Es sobre esta misma amplitud de onda que se debe orientar el amor misericordioso de los cristianos. Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros.

La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia « vive un deseo inagotable de brindar misericordia ».  Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia. Por una parte, la tentación de pretender siempre y solamente la justicia ha hecho olvidar que ella es el primer paso, necesario e indispensable; la Iglesia no obstante necesita ir más lejos para alcanzar una meta más alta y más significativa. Por otra parte, es triste constatar cómo la experiencia del perdón en nuestra cultura se desvanece cada vez más. Incluso la palabra misma en algunos momentos parece evaporarse. Sin el testimonio del perdón, sin embargo, queda solo una vida infecunda y estéril, como si se viviese en un desierto desolado. Ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón. Es el tiempo de retornar a lo esencial para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos. El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza” (cf. FRANCISCO, Misericordiae vultus, 9-10).

SEMANA DE PASTORAL

(Del 16 al 21 de Septiembre)

Mesas redondas, ponencias, mesas de experiencias, concierto,…. abiertos a toda la comunidad diocesana

Las actividades del 17 al 21 de septiembre estarán abiertas a la participación de toda la comunidad diocesana, laicos, religiosos y sacerdotes. Los tres primeros días se iniciarán a las 17.00 horas en el Auditorio Calatrava con una oración preparada cada día por un arciprestazgo.

 MESAS REDONDAS

El programa contempla dos mesas redondas. La primera de ellas, moderada por Eva María Bermejo, abordará la Iglesia de Salamanca urgida a ser “Pueblo de Dios en salida”, en la que intervendrán los sacerdotes José Manuel Hernández Carrecedo, doctor en Biblia, y Lauren Sevillano Arroyo, consiliario de Frater Salamanca; Miguel Reyes Elena, delegado diocesano de apostolado laical y Eduardo Martín Ruano, presidente de la JEC. La segunda versará sobre la tarea siempre urgente de la iniciación cristiana. Será moderada por el vicario de Pastoral Policarpo Díaz y contará con las intervenciones del equipo diocesano de catequesis, así como de catequistas de la Unidad Pastoral Centro Histórico, del arciprestazgo Virgen de la Vega y San Juan de Sahagún y de las parroquias de Santa Marta de Tormes y Cristo Rey.

Noticias de nuestra parroquia:

+ Las Comunidades Neocatecumenales comienzan a celebrar la Liturgia de la Palabra y la Eucaristía en sus horarios habituales a partir de la semana del 16 al 22.

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