Recibid el Espíritu Santo | Hoja parroquial del 23 de mayo

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS: Hch 2, 1-11; Sal 103; Gál 5, 16-25;  Jn 20, 19-23

“Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos

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 El gran regalo de la Pascua de Jesús es la donación del Espíritu Santo. La Solemnidad de Pentecostés actualiza el momento fundacional de la Iglesia con la acogida, o mejor dicho, “sacudida” del Espíritu Santo en el cenáculo poniendo a los apóstoles en “salida misionera”. El fuego del Espíritu ha purificado el corazón de los discípulos y el viento recio de su Presencia los ha transformado en misioneros. El Papa Francisco nos ha recordado en Evangelii gaudium que la Iglesia hoy necesita “evangelizadores con espíritu” que quiere decir cristianos “que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo. En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los Apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios, que cada uno comienza entender en su propia lengua. El Espíritu Santo, además, infunde la fuerza de anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso contracorriente” (n. 259). Una evangelización con espíritu es una evangelización con Espíritu Santo, ya que Él es el alma de la Iglesia evangelizadora. Pero podemos preguntarnos como lo hacía San Pablo: ¿Cómo vamos a ser evangelizadores con Espíritu Santo si muchos bautizados apenas lo conocen? ¿Cómo vamos a conocerlo si en la mayor parte de las parroquias no se celebra la Vigilia de Pentecostés en la que en un ambiente de oración y espera pedimos  y aguardamos su venida a nuestros corazones? ¿Cómo dejarnos transformar por Él si nos cerramos a su acción santificadora en nuestra vida?

               Sí, reconozcámoslo con sinceridad, nuestra Iglesia, nuestras comunidades y nuestra vida, adolece de una “falta de Espíritu” y esta falta de espiritualidad profunda, afirma el Papa Francisco, “se  traduce en el pesimismo, el fatalismo, la desconfianza. Algunas personas no se entregan a la misión, pues creen que nada puede cambiar y entonces para ellos es inútil esforzarse. Piensan así: «¿Para qué me voy a privar de mis comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?». Con esa actitud se vuelve imposible ser misioneros. Tal actitud es precisamente una excusa maligna para quedarse encerrados en la comodidad, la flojera, la tristeza insatisfecha, el vacío egoísta.El Evangelio nos relata que cuando los primeros discípulos salieron a predicar, «el Señor colaboraba con ellos y confirmaba la Palabra» (Mc 16,20). Eso también sucede hoy. Se nos invita a descubrirlo, a vivirlo. Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda. Para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el Espíritu Santo, porque Él «viene en ayuda de nuestra debilidad» (Rm 8,26). Pero esa confianza generosa tiene que alimentarse y para eso necesitamos invocarlo constantemente. Él puede sanar todo lo que nos debilita en el empeño misionero. Es verdad que esta confianza en lo invisible puede producirnos cierto vértigo: es como sumergirse en un mar donde no sabemos qué vamos a encontrar. Yo mismo lo experimenté tantas veces. Pero no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien lo que hace falta en cada época y en cada momento. ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos!” (cf. EG. nn. 275.280).

EL CAMPANARIO

Oración al Espíritu Santo –

Secuencia de Pentecostés

Ven Espíritu Divino, 

manda tu luz desde el cielo. 

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas,

fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo, 

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas 

y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, 

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre 

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado 

cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, 

sana el corazón enfermo,

lava las manchas,

infunde calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito, 

guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones 

según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia 

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse 

y danos tu gozo eterno. Amén.

            ORACIÓN

Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones  de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo.

«CREO EN EL ESPÍRITU SANTO»

¿Qué quiere decir la Iglesia cuando confiesa: «Creo en el Espíritu Santo»?

Creer en el Espíritu Santo es profesar la fe en la tercera Persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo y «que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria». El Espíritu Santo «ha sido enviado a nuestros corazones» (Ga 4, 6), a fin de que recibamos la nueva vida de hijos de Dios.

 ¿Por qué la misión del Hijo y la del Espíritu son inseparables?

La misión del Hijo y la del Espíritu son inseparables porque en la Trinidad indivisible, el Hijo y el Espíritu son distintos, pero inseparables. En efecto, desde el principio hasta el fin de los tiempos, cuando Dios envía a su Hijo, envía también su Espíritu, que nos une a Cristo en la fe, a fin de que podamos, como hijos adoptivos, llamar a Dios «Padre» (Rm 8, 15). El Espíritu es invisible, pero lo conocemos por medio de su acción, cuando nos revela el Verbo y cuando obra en la Iglesia.

¿Cuáles son los apelativos del Espíritu Santo?

«Espíritu Santo» es el nombre propio de la tercera Persona de la Santísima Trinidad. Jesús lo llama también Espíritu Paráclito (Consolador, Abogado) y Espíritu de Verdad. El Nuevo Testamento lo llama Espíritu de Cristo, del Señor, de Dios, Espíritu de la gloria y de la promesa.

 ¿Con qué símbolos se representa al Espíritu Santo? 

Son numerosos los símbolos con los que se representa al Espíritu Santo: el agua viva, que brota del corazón traspasado de Cristo y sacia la sed de los bautizados; la unción con el óleo, que es signo sacramental de la Confirmación; el fuego, que transforma cuanto toca; la nubeoscura y luminosa, en la que se revela la gloria divina; la imposición de manos, por la cual se nos da el Espíritu; y la paloma, que baja sobre Cristo en su bautismo y permanece en Él (cf. Del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nnn. 136-139)

NOTICIAS DE NUESTRA PARROQUIA

+ PRIMERAS COMUNIONES: Hoy en la Misa de las 13h recibirán el Sacramento de la Comunión VICTOR y CARLA. ¡Enhorabuena!

¡¡¡A PARTIR DEL LUNES 24, LA EUCARISTÍA DE LA TARDE LA CELEBRAMOS CON EL HORARIO DE VERANO: A LAS 20H¡¡¡

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