La sacramentalidad de la Palabra [Hoja parroquial del 6 de enero]

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD:

Eclo 24, 1-16; Sal 147; Ef 1, 3-6, 15-18; Jn 1, 1-18

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“En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida y la vida era la luz de los hombres (…). Y la Palabra se hizo carne“.

En la Exhortación postsinodal Verbum Domini encontramos en el mejor comentario a las lecturas de este domingo. En ella, el Papa Benedicto XVI hace una analogía entre el misterio del Verbo que se hace carne con el  Verbo que se hace Escritura (Verbum abreviado), invitando a una comprensión sacramental real de la presencia de Jesucristo en las Escrituras, del mismo modo que está presente en el sacramento de la Eucaristía. Es decir, estamos a un paso de llegar a una mayor comprensión de la siguiente afirmación conciliar: “La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues sobre todo en la sagrada liturgia nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo” (Dei Verbum, nº 21).

 En relación con la sacramentalidad de la Palabra, he aquí las palabras del Papa: “A este respecto, es útil recordar que el Papa Juan Pablo II ha hablado del «horizonte sacramental de la Revelación y, en particular…, el signo eucarístico donde la unidad inseparable entre la realidad y su significado permite captar la profundidad del misterio». De aquí comprendemos que, en el origen de la sacramentalidad de la Palabra de Dios, está precisamente el misterio de la encarnación: «Y la Palabra se hizo carne» (Jn1,14), la realidad del misterio revelado se nos ofrece en la «carne» del Hijo. La Palabra de Dios se hace perceptible a la fe mediante el «signo», como palabra y gesto humano. La fe, pues, reconoce el Verbo de Dios acogiendo los gestos y las palabras con las que Él mismo se nos presenta. El horizonte sacramental de la revelación indica, por tanto, la modalidad histórico salvífica con la cual el Verbo de Dios entra en el tiempo y en el espacio, convirtiéndose en interlocutor del hombre, que está llamado a acoger su don en la fe.

De este modo, la sacramentalidad de la Palabra se puede entender en analogía con la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino consagrados. Al acercarnos al altar y participar en el banquete eucarístico, realmente comulgamos el cuerpo y la sangre de Cristo. La proclamación de la Palabra de Dios en la celebración comporta reconocer que es Cristo mismo quien está presente y se dirige a nosotros para ser recibido. Sobre la actitud que se ha de tener con respecto a la Eucaristía y la Palabra de Dios, dice san Jerónimo: «Nosotros leemos las Sagradas Escrituras. Yo pienso que el Evangelio es el Cuerpo de Cristo; yo pienso que las Sagradas Escrituras son su enseñanza. Y cuando él dice: “Quién no come mi carne y bebe mi sangre” (Jn6,53), aunque estas palabras puedan entenderse como referidas también al Misterio [eucarístico], sin embargo, el cuerpo de Cristo y su sangre es realmente la palabra de la Escritura, es la enseñanza de Dios.  Cristo, realmente presente en las especies del pan y del vino, está presente de modo análogo también en la Palabra proclamada en la liturgia. Por tanto, profundizar en el sentido de la sacramentalidad de la Palabra de Dios, puede favorecer una comprensión más unitaria del misterio de la revelación en «obras y palabras íntimamente ligadas», favoreciendo la vida espiritual de los fieles y la acción pastoral de la Iglesia.

BENEDICTO XVI

“LA CRISTOLOGÍA DE LA PALABRA”.

La condescendencia de Dios se cumple de manera insuperable con la encarnación del Verbo. La Palabra eterna, que se expresa en la creación y se comunica en la historia de la salvación, en Cristo se ha convertido en un hombre «nacido de una mujer» (Ga 4,4). La Palabra aquí no se expresa principalmente mediante un discurso, con conceptos o normas. Aquí nos encontramos ante la persona misma de Jesús. Su historia única y singular es la palabra definitiva que Dios dice a la humanidad. Así se entiende por qué «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva». La fe apostólica testifica que la Palabra eterna se hizo Uno de nosotros. La Palabra divina se expresa verdaderamente con palabras humanas.

La tradición patrística y medieval, al contemplar esta «Cristología de la Palabra», ha utilizado una expresión sugestiva: el Verbo se ha abreviado: «Los Padres de la Iglesia, en su traducción griega del antiguo Testamento, usaron unas palabras del profeta Isaías que también cita Pablo para mostrar cómo los nuevos caminos de Dios fueron preanunciados ya en el Antiguo Testamento. Allí se leía: “Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado” (Is 10,23; Rm 9,28)… El Hijo mismo es la Palabra, el Logos; la Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance». Ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret. Por tanto, Jesús se manifiesta como el Logos divino que se da a nosotros, pero también como el nuevo Adán, el hombre verdadero, que cumple en cada momento no su propia voluntad sino la del Padre.” (Verbum Domini, n. 12).

12 de Enero: CONFIRMACIONES

El próximo Sábado día 12 a las 12 de la mañana, dieciséis jóvenes de nuestra Parroquia serán confirmados en la Fe por manos de nuestro Obispo Don Carlos. Tras recibir el Sacramento de la Comunión han sido acompañados por sus Catequistas durante estos últimos  tres años y el día 12 recibirán el Don del Espíritu Santo que los hará ser testigos valientes e intrépidos del Evangelio de Jesús. Una vez recibido el Sacramento de la Confirmación, estos jóvenes serán acompañados, en grupos de unos ocho o diez chicos y chicas, por un matrimonio de Padrinos que los guiarán en el camino de la Fe durante los años más decisivos en los que se forja su personalidad (de los 12/13 años a las 18). ¡Damos gracias a Dios por estos jóvenes y le pedimos al Señor que podamos sostenerlos en el combate de la fe con nuestra oración y testimonio! ¡ENHORABUENA A TODOS/AS!

Noticias de nuestra parroquia

* DATOS ESTADÍSTICOS DEL AÑO 2018:

        + Bautismos: 13

        + Comuniones: 15

        + Defunciones: 10

        * Con motivo de la Colecta de Operación Viviendase recaudaron 394 Euros, ¡GRACIAS!

         * Con la celebración solemne de la Epifanía del Señor reanudamos las tareas pastorales ordinarias dentro de la Parroquia: catequesis, taller de mayores, celebraciones de la Palabra, etc.

         * Con la Fiesta del Bautismo del Señor del próximo domingo día 13, concluimos el tiempo litúrgico de la Navidad y entramos en el tiempo ordinario.

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