Bautismo y misterio Pascual | Hoja parroquial del 19 de abril

2º DOMINGO DE PASCUA: Hch 2, 42-47; Sal 117; 1ª Pe 1, 3-9; Jn 20, 19-31

“A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente “.

Jn 20, 26-27
HP-del-19-de-Abril-de-2020

Fuisteis conducidos a la sagrada piscina bautismal, del mismo modo que Cristo fue llevado desde la cruz al sepulcro preparado.
Y se os preguntó a cada uno personalmente si creíais en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y, después de haber hecho esta saludable profesión de fe, fuisteis sumergidos por tres veces en el agua, y otras tantas sacados de ella; y con ello significasteis de un modo simbólico los tres días que estuvo Cristo en el sepulcro.
Porque, así como nuestro Salvador estuvo tres días con sus noches en el vientre de la tierra, así vosotros imitasteis con la primera emersión el primer día que estuvo Cristo en el sepulcro, y con la inmersión imitasteis la primera noche. Pues, del mismo modo que de noche no vemos nada y, en cambio, de día nos hallamos en plena luz, así también cuando estabais sumergidos nada veíais, como si fuera de noche, pero al salir del agua fue como si salierais a la luz del día. Y, así, en un mismo momento moristeis y nacisteis, y aquella agua salvadora fue para vosotros, a la vez, sepulcro y madre.
Y lo que Salomón decía, en otro orden de cosas, a vosotros os cuadra admirablemente; decía, en efecto: Tiene su tiempo el nacer y su tiempo el morir. Mas con vosotros sucedió al revés: tiempo de morir y tiempo de nacer; un mismo instante realizó en vosotros ambas cosas: la muerte y el nacimiento.
¡Oh nuevo e inaudito género de cosas! No hemos muerto ni hemos sido sepultados físicamente ni hemos resucitado después de ser crucificados en el sentido material de estas palabras, sino que hemos llevado a cabo unas acciones que eran imagen e imitación de estas cosas, obteniendo con ello una salvación real y verdadera.
Cristo verdaderamente fue crucificado, fue sepultado y resucitó; y todo esto se nos ha dado a nosotros como un don gratuito, para que, siendo por la imitación partícipes de sus dolores, adquiramos, de un modo real, nuestra salvación.
¡Oh exuberante amor para con los hombres! Cristo recibió los clavos en sus inmaculados pies y manos, y experimentó el dolor; y a mí, sin dolor ni esfuerzo alguno, se me da gratuitamente la salvación por la comunicación de sus dolores.
Nadie piense, pues, que el bautismo consiste únicamente en el perdón de los pecados y en la gracia de la adopción -como era el caso del bautismo de Juan, que confería tan sólo el perdón de los pecados-, sino que, como bien sabemos, el bautismo de Cristo no sólo nos purifica de nuestros pecados y nos otorga el don del Espíritu Santo, sino que también es tipo y signo sensible de su pasión. En este sentido exclamaba el apóstol Pablo: Cuantos en el bautismo fuimos sumergidos en Cristo Jesús fuimos sumergidos en su muerte. Por nuestro bautismo fuimos, pues, sepultados con él, para participar de su muerte.
(cf. De las Catequesis de SAN CIRILO DE JERUSALÉN,
Catequesis, 20).

EL CAMPANARIO

10 reflexiones para una Pascua larga con coronavirus que propone Monseñor Munilla

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha querido felicitar la Pascua con unas reflexiones que invitan a aprovechar estas semanas extrañas y desconcertantes de confinamiento en entorno de enfermedad y empobrecimiento. 

Llegada la Pascua de Resurrección los cristianos acostumbramos a felicitarnos, al igual que en la Nochebuena. Lo hacemos desde la luz que el misterio de Cristo proyecta en nuestras vidas. En este año tan especial, la luz del Resucitado es más necesaria que nunca para iluminar tantas enseñanzas del momento que vivimos.

Os comparto este anuncio pascual a modo de decálogo:

1.- Lo pequeño e invisible puede llegar a ser determinante: Y esto es así, no solo por lo que respecta a un microorganismo que puede resultar mortal para la vida del hombre, sino también por lo que narra el Evangelio sobre el grano de mostaza (Mc 4, 30-32). Con frecuencia, la gracia de Dios se transmite a través de lo pequeño y escondido.

2.- Somos frágiles y vulnerables. No nos salvamos solos: El “seréis como dioses” que resonó en el pecado original de Adán y Eva, es la gran mentira que conduce al hombre al abismo. La aceptación de los propios límites es el principio de la sabiduría.

3.- ¡Somos uno! La emancipación es una quimera: No es verdad eso de que mi libertad termine donde empieza la del prójimo, o que la suya termine donde empieza la mía. Lo cierto es que nuestras libertades están entrelazadas, y que tenemos que aprender a convivir con ello.

4.- El futuro del mundo depende en buena medida de nuestro compromiso. Es posible vivir de otra manera: Estamos en un mundo globalizado, cuyo futuro depende de un cambio de actitud, que incluya la conversión de nuestros hábitos de vida desordenados.

5.- El miedo o pánico puede llegar a ser nuestro mayor enemigo: La irresponsabilidad comunitaria es letal, pero el pánico también lo es. Es importante cultivar el dominio de nosotros mismos, para poder vivir en paz interior sin dejarnos arrastrar por los miedos irracionales.

6.- La soledad puede ser o no ser buena: La soledad de un cristiano está llamada a ser una soledad ‘habitada’. En no pocas ocasiones nuestro sentimiento de soledad es la expresión de una carencia de ‘intimidad’… Sin embargo, Dios ha querido que vivamos en comunión; de modo que la ‘soledad habitada’ del cristiano es mucho más hermosa cuando se tiene con quién compartirla…

7.- Es necesario parar y pensar hacia dónde vamos. La pregunta por el sentido es determinante: Lo más duro no es tener que sufrir en la batalla de la vida, sino hacerlo sin encontrarle un sentido… Es triste cuando a alguien se le pregunta: «¿A dónde te diriges?», y él se limita a responder: «No tengo ni idea. Camino por la inercia de los que van por delante, y empujado por los que vienen por detrás».

8.- Para poder mirar hacia adelante, hay que mirar arriba: La tierra es redonda, de modo que los vigías de los veleros suben a lo alto del mástil para poder ver más allá… Sin la transcendencia no es posible descubrir el sentido de la vida. El sentido de la vida solo puede ser conocido desde la Revelación de Dios.

9.- La compasión es el sentimiento clave que nos permite esperar un mundo mejor: El concepto de ‘compasión’ (‘padecer con’) integra el concepto de ‘solidaridad’ y lo supera, abriéndose al núcleo central del Evangelio que es la ‘misericordia’, revelada en el Corazón abierto de Cristo.

10.- La última palabra no es ‘muerte’, sino ‘resurrección’. Cristo nos enseña que la vida vence a la muerte: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado.» (Lc 24, 5-6). La victoria de Cristo es también la nuestra, puesto que Él es el ‘primogénito’ de entre los muertos: «Por tanto, si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios.» (Colosenses 3, 1-3).

¡Feliz Pascua de Resurrección a todos! ¡Que nuestra Madre nos ayude a transformar las ‘espinas’ de este momento en semillas de resurrección!       

Un comentario en “Bautismo y misterio Pascual | Hoja parroquial del 19 de abril

  1. Juan Pablo Lopez dijo:

    Felicitaciones por la idea de esta pagina web (alberto) ya que es muy util y que nos acerca…desde Venezuela Barquisimeto, Juan Pablo Lopez y familia

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