Al tercer día… una Fe des-templada | Hoja parroquial del 7 de marzo

IIIº DOMINGO DE CUARESMA: Ex 20,1-17; Sal 18; 1ª Cor 1, 22-25; Jn 2, 13-25

“Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: -Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: – Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: -Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?

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Con el acontecimiento de la Resurrección de Jesús al tercer día se inauguró el nuevo culto en espíritu y verdad que se vive en el corazón de la historia, con nuestra propia vida, de tal forma que cada bautizado vive en su existencia personal una liturgia de santidad donde el templo es su cuerpo, su vida entera, el sacerdote es él mismo y el sacrificio que ofrece diariamente en el altar de su cruz personal es la entrega de su corazón al Padre en fidelidad a la llamada de Jesucristo el Maestro sintiéndose conducido y guiado por el Espíritu Santo que mora en él. Sí, el cristianismo es “revolucionario”, ha superado la etapa “religiosa” del hombre marcada por el culto predominantemente ritual y la separación que en el estadio de religiosidad natural se establece ente el espacio sagrado y profano. Para los cristianos, a la luz del Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, la historia se ha convertido en el escenario donde se actúa y realiza la salvación del hombre en su realidad concreta, “de carne y hueso”. El Misterio de la Redención de los hombres se ha realizado a través de la entrega total, sin reservas, de Jesús el Hijo de Dios, a la muerte, por medio de su cuerpo partido y su sangre derramada, sellando la Nueva Alianza que ha inaugurado el Nuevo Culto (existencial) con un Nuevo Templo (la Iglesia) y una Nueva Liturgia (la propia vida)

Vieja Alianza. En el Sinaí, el Dios que sacó al pueblo de la esclavitud de Egipto, selló una Alianza, un pacto de comunión y amistad eterna con su pueblo escogido. Este pacto se selló con  sangre y se rubricó en dos tablas de piedra donde Dios mostró el camino de dicha y felicidad para su pueblo con las “diez palabras de vida” (= deca-logos) que puso en manos de Moisés. En esta primera Alianza ya aparecía la novedad del “culto espiritual” al que Dios llamaba a su pueblo: servirle sin hacer imágenes de Él, sin adorar a ningún otro dios fuera de Él, sin templo y sin sacrificios, en continua peregrinación “colgados de Él”, siguiéndole como un rebaño a su pastor. El pueblo experimentará constantemente su infidelidad e incapacidad para permanecer fiel a la Alianza del Sinaí con su desobediencia idolátrica y la reducción de la liturgia de santidad a una ritualidad sacrificial.

Nueva Alianza: En el Gólgota, Dios inauguró definitivamente la Nueva y Eterna Alianza con la sangre derramada de su Hijo en el altar de la cruz para la remisión y el perdón de los pecados de todos los hombres de todos los tiempos.  Jesús, el Hijo de Dios, con su Encarnación ha inaugurado el tiempo mesiánico anunciado por los profetas, especialmente Jeremías y Ezequiel, que ya habían preanunciado la “novedad” de este momento: ha aparecido un “nuevo culto” no sacrificial ni ritual sino existencial y espiritual. En este nuevo culto, la fe se “des-templa”, supera la ritualidad del recinto del templo para hacerse carne de salvación en todas las periferias existenciales y geográficas de la vida humana: no puede haber rincón ni espacio donde la santidad de Dios no pueda llegar, Jesucristo mismo ha descendido a los “infiernos” para rescatar a Adán y sigue “bajando” a los rincones más oscuros de la existencia humana para elevarla a su dignidad original, siendo criaturas “imágenes de Dios”, llegar a ser Hijos de Dios. La purificación del Templo de Jerusalén fue un signo profético de la revolución de Jesús: pasarnos de la religión a la FE.

EL CAMPANARIO

CUARESMA: ¡40 DÍAS PARA PREPARAR LA SOLEMNIDAD DE LA PASCUA!

El Documento de la Congregación para el Culto Divino de 1988 nos recuerda que “la celebración anual de la cuaresma es un tiempo favorable, durante el cual se asciende a la santa montaña de la Pascua. El tiempo de cuaresma, con su doble carácter, prepara tanto a los catecúmenos como a los fieles en orden a la celebración del misterio pascual. Los catecúmenos se encaminan hacia los sacramentos de la iniciación cristiana, tanto por la elección y los escrutinios, como por la catequesis; los fieles, por su parte, dedicándose con más asiduidad a escuchar la Palabra de Dios y a la oración, y mediante la penitencia, se preparan a renovar sus promesas bautismales” (nº 6).

En el desierto cuaresmal estamos haciendo un camino de  ascensión hacia la santa montaña de la Pascua para ser sumergidos en la muerte y resurrección de Jesucristo y poder participar con Él de su vida inmortal, celeste, divina, eterna por medio de la acogida y hospitalidad de su Santo Espíritu. El Prefacio V de Cuaresma nos recuerda esta dimensión peregrinos caminantes del tiempo cuaresmal al hacer esta confesión: “Tú abres a la Iglesia el camino de un nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, con el corazón contrito y humillado, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza, convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu Palabra y experimentar con gozo tus maravillas.

La meta a la que nos encaminamos es poder celebrar la FIESTA más grande, importante y central del calendario cristiano: LA SOLEMNE VIGILIA PASCUAL, verdadero corazón de la Iglesia en la que actualizaremos el MISTERIO PASCUAL, es decir, el triunfo definitivo de Jesucristo, sobre el pecado, el dolor y la muerte. El camino por el que vamos a transitar es el desierto cuaresmal. La finalidad es poder hacer la experiencia de la purificación del corazón como canta el Prefacio I de Cuaresma: “Por él (Jesucristo) concedes a tus hijos anhelar, año tras año, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la PASCUA, para que, dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno, por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios“.

Os invito a todos a poner los ojos, fijos en Jesucristo para vivir con Él, en Él y por Él  una santa y feliz Cuaresma que nos ayude a renovar personal y comunitariamente las solemnes promesas bautismales en la Vigilia Pascual.

UNA CUARESMA ORANTE, PENITENCIAL Y SOLIDARIA

¿Cómo hemos de vivir esta Cuaresma? Con un espíritu personal y eclesial de oración, conversión y comunión, especialmente con los que más sufren. La Iglesia nos recuerda que “el tiempo de Cuaresma conserva su carácter penitencial. La virtud de la penitencia y su práctica son siempre elementos necesarios de la preparación pascual: la práctica externa de la penitencia, tanto de los individuos como de toda la comunidad ha de ser el resultado de la conversión del corazón. Esta práctica, si bien debe acomodarse a las circunstancias y exigencias de nuestro tiempo, sin embargo no puede prescindir del espíritu de la penitencia evangélica, y ha de orientarse también al bien de los hermanos” y no recomienda  “a los fieles una participación más intensa y más fructuosa en la liturgia cuaresmal y en las celebraciones penitenciales. Exhórteseles, sobre todo, para que, según la ley y las tradiciones de la Iglesia, se acerquen en este tiempo al sacramento de la Penitencia, y puedan así participar con el alma purificada en los misterios pascuales” (Cf. Preparación y celebración…, nn. 14-15).

NOTICIAS DE NUESTRA PARROQUIA

+ ORACIÓN DE LAUDES: De lunes a viernes a las 6, 30h en la Iglesia. ¡Iniciamos el día orando juntos!

+ ORACIÓN CON LA PALABRA DE DIOS: Todos los miércoles a las 16, 30h en el Catecumenium oramos con la Escritura.

+ ORACIÓN DE VÍSPERAS Y ADORACIÓN: Todos los jueves a las 18h.

+ ORACIÓN CON LA CRUZ: Todos los viernes a las 12h via crucis

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