JORNADAS DIOCESANAS DE LITURGIA                       CASA DE LA IGLESIA                                       8-9-Febrero-2008

 TALLER: EL DIA DE LA COMUNIDAD

(Esquema de la Comunicación de Juan José Calles)

0. PUNTO DE PARTIDA: 

1. EL DOMINGO COMO DÍA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA EN LOS DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO 

1º) CONCILIO VATICANO II (en SC 102. 106, LG 10.11 y  P0 6)

2º) JUAN PABLO II, “Vicesimus quintus annus”. En el XXV Aniversario de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia (4 de Diciembre de 1988).

3º) Instrucción Pastoral de la CEE, Sentido evangelizador del domingo y de las fiestas (22 de Mayo de 1992).

4º) JUAN PABLO II, Carta Apostólica “Dies Domini” (13 de Mayo de 1998).

5º) JUAN PABLO II, Encíclica “Ecclesia de Eucaristía (17 de Abril de 2003).

6º) JUAN PABLO II, Carta Apostólica “Spiritu et Sponsa”. En el XL Aniversario de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia (4 de Diciembre de 2003).

7º) JUAN PABLO II, Carta Apostólica, “Mane Nobiscum Domine” (7 de Octubre de 2004).

8º) CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Año de la Eucaristía. Sugerencias y propuestas (14 de octubre de 2004).

9º) CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Instrucción Redemptionis Sacramentum sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía (23 de abril de 2004).

10º) BENEDICTO XVI, Exhortación apostólica “Sacramentum caritatis” (22 de febrero de 2007). 

2. DÉFICIT DE IDENTIDAD TEOLÓGICA Y PASTORAL EN RELACIÓN CON EL DOMINGO Y LA COMUNIDAD CRISTIANA 

2.1. El oscurecimiento de la identidad cristiana del Domingo:      

a)       Los datos de la realidad

b)       El déficit de la vivencia teológica del Domingo

c)       Cuáles son las causas que nos han llevado a esta situación 

    2.2. El déficit en la identidad de la Comunidad Cristiana 

a)       Los datos de la realidad

b)       El déficit en la comprensión teológica y pastoral de la Comunidad Cristiana

c)       Cuáles son las causas que nos han llevado a esta situación 

3. ¿CÓMO RECUPERAR LA CENTRALIDAD DEL DÍA DEL SEÑOR?

4. ¿CÓMO RECUPERAR EL DOMINGO COMO “DIES ECCLESIAE”, COMO EL DÍA DE LA GRAN FIESTA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA?

5. PROPUESTAS PASTORALES DESDE ESTE TALLER

DOMINGO: EL DÍA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA 

·         PUNTO DE PARTIDA PARA LA REFLEXIÓN DE NUESTRO TALLER 

El trabajo de reflexión, diálogo  discernimiento pastoral que  vamos a realizar, juntos en esta mañana dentro del TALLER <<DOMINGO DÍA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA>>,  tenemos que  situarlo en el ámbito de la reflexión de la teología pastoral práctica. Damos por supuesto la fundamentación bíblica, histórico-litúrgica y teológica sobre la identidad del Domingo y de la Comunidad Cristiana que  nos han ofrecido los Ponentes Don Ramiro (Domingo y Año litúrgico. Aspectos teológicos y litúrgicos) y Don Antonio (El sentido pastoral del domingo). En este Taller, junto a los fundamentos teológicos, ya supuestos, lo que pretendemos es dar algunos “instrumentos prácticos” para la reflexión conjunta que, entre todos vamos a realizar esta mañana. 

Nosotros nos acercamos a estas realidades constitutivas y constituyentes de nuestra identidad cristiana desde una perspectiva práctica, existencial y pastoral. Partimos, pues, de un método inductivo (el cómo, de hecho, estamos viviendo ambas realidades en nuestra existencia y vivencia cristiana). Vamos a mirar y contemplar ambas realidades, desde la experiencia vital que tenemos de ellas, con sus luces y sus sombras y apuntaremos al ideal que nos gustaría alcanzar en la vivencia profunda de ambas realidades, la del Domingo como el día primordial de nuestra existencia cristiana y la Comunidad Cristiana como la familia de hermanos que fraternalmente unida vive, celebra y anuncia a Jesucristo como el Señor de la Historia y el Salvador del mundo. 

Tomamos como punto de partida la petición conciliar de “revalorizar el domingo” como  la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles de modo que sea también el día de la alegría y de la liberación del trabajo” (SC nº 106) y reseñamos la insistencia que la Iglesia ha venido resaltando en los siguientes documentos de naturaleza dogmática, pastoral-sacramental y normativa disciplinar. 

1.     EL DOMINGO COMO DÍA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA EN LOS DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO 

1º) CONCILIO VATICANO II (en SC, LG y P0)

2º) JUAN PABLO II, “Vicesimus quintus annus”. En el XXV Aniversario de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia (4 de Diciembre de 1988).

3º) Instrucción Pastoral de la CEE, Sentido evangelizador del domingo y de las fiestas (22 de Mayo de 1992).

4º) JUAN PABLO II, Carta Apostólica “Dies Domini” (13 de Mayo de 1998).

5º) JUAN PABLO II, Encíclica “Ecclesia de Eucaristía (17 de Abril de 2003).

6º) JUAN PABLO II, Carta Apostólica “Spiritu et Sponsa”. En el XL Aniversario de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia (4 de Diciembre de 2003).

7º) JUAN PABLO II, Carta Apostólica, “Mane Nobiscum Domine” (7 de Octubre de 2004).

8º) CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Año de la Eucaristía. Sugerencias y propuestas (14 de octubre de 2004).

9º) CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Instrucción Redemptionis Sacramentum sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía (23 de abril de 2004).

10º) BENEDICTO XVI, Exhortación apostólica “Sacramentum caritatis” (22 de febrero de 2007). 

2.      DÉFICIT DE IDENTIDAD TEOLÓGICA Y PASTORAL EN RELACIÓN CON EL DOMINGO Y  LA COMUNIDAD CRISTIANA 

+ En los documentos del Magisterio que hemos analizado encontramos una orientación en la que  insistentemente se repite, tanto en relación con el Domingo como fiesta primordial de los cristianos, como en relación con el sentido comunitario que la parroquia debe ir adquiriendo, la necesidad de una formación  litúrgica en el Pueblo de Dios: 

·         El cometido más urgente es el de la formación bíblica y litúrgica del pueblo de Dios: pastores y fieles (JUAN PABLO II, “Vicesimus quintus annus”. En el XXV Aniversario de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia (4 de diciembre de 1988), nº 15).

·         Los fieles que participan en la eucaristía dominical deben ser preparados, por medio de la formación catequética, para vivir este acontecimiento salvífico de manera consciente, activa y fructuosa” (CEE, El sentido evangelizador del Domingo y de las fiestas – 22 de mayo de 1992) [nº  2].

·         Reavivar en todas las comunidades la celebración de la Eucaristía dominical debería ser la primera tarea (CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Año de la Eucaristía. Sugerencias y propuestas (14 octubre de 2004) [nº 8].

·         Hay que trabajar para que florezca el sentido comunitario parroquial, sobre todo en la celebración común de la Misa dominical (SC, nº 41).

·         La dimensión comunitaria de la celebración dominical debe ser particularmente destacada a nivel pastoral (JUAN PABLO II, Dies Domini, nº 35).

·         El Papa Benedicto XVI afirma que la renovación litúrgica tiene aún riquezas no descubiertas del todo (cf. Sacramentum caritatis, nº 3). 

+ Junto a la valoración positiva que la reforma litúrgica del Concilio ha aportado a la vida eucarística y comunitaria de nuestras comunidades parroquiales, también encontramos en estos documentos, las “lagunas y sombras” que se ciernen sobre ambas realidades: 

·         Se puede suponer también que el pasar de una mera asistencia –a veces más bien pasiva y muda- a una participación más plena y activa haya sido para algunos una exigencia demasiado fuerte (Vicesimus quintus annus, nº 11).

·         Nuestros obispos levantan “acta” de los desafíos  culturales que afectan a la identidad el domingo: “en nuestra sociedad han cambiado muchas cosas que repercuten en la convocatoria eclesial de los días festivos. Las nuevas condiciones del trabajo y del descanso, la cultura del ocio, la civilización del bienestar, las comunidades y el turismo, las formas nuevas de organización de la vida familiar y de la convivencia social, el deporte, el éxodo de las ciudades, etc., inciden de manera directa en la existencia de los creyentes. En esta situación se modifican no solamente los hábitos de comportamiento religioso sino también la fisonomía misma del día festivo, que ya no se distingue apenas de los demás días de la semana” (nº 7 y 9) y hablarán del “vacío espiritual del domingo” (Instrucción..., nº 8).

·         El Papa Juan Pablo II parte, en Dies Domini,  de la constatación de los cambios culturales que afectan a la identidad misma del Domingo: “Por desgracia, cuando el Domingo pierde el significado originario y se reduce a un puro ´fin de semana`, puede suceder que el hombre quede cerrado en un horizonte tan restringido que no le permite ya ver el ´cielo`. Entonces, aunque vestido de fiesta, interiormente es incapaz de ´hacer fiesta`(nº 4).

·         Y señala algunas dificultades a las que debemos responder: 

·         Que  el Domingo no quede asfixiado por las ofertas del “fin de semana” (nº 4).

·         En la conciencia de muchos fieles parece disminuir no sólo el sentido de la centralidad de la Eucaristía, sino incluso el deber de dar gracias al Señor, rezándole con otros dentro de la comunidad eclesial (nº 5).

·         Por escasez de sacerdotes a veces no se puede garantizar la celebración eucarística dominical en cada comunidad (nº 5).

·         En Ecclesia de Eucaristía (17 de abril de 2003) señala las siguientes “sombras”: abandono de la adoración eucarística, abusos celebrativos, comprensión limitada del Misterio eucarístico, oscurecimiento de la necesidad del sacerdocio ministerial...La Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones” (nº 10b) afirma el Papa, su deseo es contribuir,con esta Carta, a “disipar las sombras doctrinales y prácticas no aceptables, para que la Eucaristía siga resplandeciendo con todo el esplendor de su misterio” (ibidem). 

A. EL OSCURECIMIENTO DE LA IDENTIDAD CRISTIANA DEL DOMINGO:  

1.     Los datos de la realidad: 

a)       El Domingo ha dejado de ser el día del gran encuentro de la Comunidad Cristiana para ser el día de otros “encuentros” (día para hacer footing, jugar al fútbol, ir de caza, hacer turismo, etc).

b)       La deserción de la asamblea eucarística de una buena parte de los bautizados. Según los obispos vascos “un considerable porcentaje de bautizados (aproximadamente un tercio según los sondeos realizados se desentienden del Encuentro semanal de la Eucaristía[1].

c)       La falta de sacerdotes priva (y lo hará de una forma más creciente en los próximos decenios) a no pocas comunidades de la Eucaristía dominical sobre todo en el mundo rural. En la Instrucción de la CEE se pide “establecer en las diócesis las celebraciones dominicales en ausencia del presbítero porque la disminución del número de los sacerdotes hace que en algunas regiones no sea posible asegurar la celebración de la eucaristía todos los domingos y fiestas de precepto para algunas comunidades, especialmente rurales[2]. El Papa Benedicto XVI en su Exhortación Apostólica “Sacramentum caritatis”,  afirma que el Sínodo “ha recomendado a los fieles acercarse a una de las iglesias de la diócesis en que esté garantizada la presencia del sacerdote, aún cuando eso requiera un cierto sacrificio” (nº 75).

d)       El desarraigo parroquial de los nuevos habitantes de las poblaciones periféricas de las ciudades. Por lo general no se identifican con la Parroquia a la que jurídicamente pertenecen y están ausentes del ritmo pastoral de la Comunidad Parroquial. 

2.     El déficit de la vivencia teológica del domingo en la conciencia de los bautizados.  

a) En este punto, si hacemos una “radiografía elemental” de nuestras comunidades parroquiales, descubrimos en ellas, niveles de fe y de vida cristiana muy diferentes. Siguiendo la “tipología” que emplean los obispos vascos, podemos detectar cuatro formas de vivir la Iglesia: 1º) Los creyentes motivados y comprometidos[3], 2º) Los cristianos practicantes[4], 3º) Los practicantes ocasionales[5] y 4º) Los alejados de la vida de la comunidad[6]. Evidentemente, la experiencia eclesial y sacramental de cada de uno de estos grupos no es comparable y en sus niveles de fe se da una gradualidad bastante perceptible.

b) No se percibe con claridad que la Comunidad Cristiana es convocada por el Señor para edificarla como Cuerpo de Cristo.

c) No se siente la necesidad de reunirse con los hermanos para celebrar las Pascua de nuestra Salvación.

d) Se ha oscurecido la dimensión escatológica del Domingo

e)       No se ha descubierto existencialmente en toda su plenitud que “sin el domingo no podemos vivir”

f)         Pesa todavía más la obligación del cumplimiento del precepto dominical que la necesidad de celebrar la Eucaristía para ser lo que comemos: Cuerpo de Cristo. 

3.     Cuáles son las causas que nos han llevado a esta situación: 

a)La insistencia en el cumplimiento del precepto del pasado ha primado  una comprensión individualista y legalista del domingo.

b)La secularización como fenómeno cultural y religioso ha introducido un “cambio climático espiritual” que se deja notar en las conductas de los bautizados. Los obispos vascos sostienen que “estamos pasando en Europa un riguroso invierno religioso y eclesial debido a la crisis de creencias, de normas morales, de práctica religiosa, ¿de Dios?. Las crisis antedichas manifiestan y reflejan una crisis de mayor calado que afecta en alguna medida a creyentes y pastores: la comunidad cristiana se está secularizando (mundanizando). Así lo declaró en su día nuestra Conferencia Episcopal: «La cuestión principal a la que la Iglesia ha de hacer frente hoy en España no se encuentra tanto en la sociedad o en la cultura ambiental cuanto en su propio interior; es un problema de casa y no sólo de fuera».[7] La Iglesia está llamada a ser secular, pero no a ser mundana”[8].

c) Para los obispos vascos “este es el aspecto más visible de la crisis. El abandono de la Eucaristía dominical por parte de muchos es palpable y cuantificable. No es sólo un fenómeno nuestro. En los sondeos sociológicos conocidos, una mitad de los católicos se declaran «no practicantes». La práctica dominical ha descendido en diez puntos a lo largo de los diez últimos años. Algo análogo sucede, según afirmación unánime de los analistas, en todos los países del occidente cristiano europeo”[9].

d) La débil y escasa formación cristiana de los bautizados ha paralizado la transmisión de la fe y la debilidad de la fe ha afectado a la identidad del domingo.

e) Los reclamos, los atractivos del tiempo libre y las seducciones del tiempo del ocio (discotecas, deportes, etc) son más fuertes que la convocatoria eclesial en el Día del Señor. “En nuestra sociedad, afirman nuestros obispos, han cambiado muchas cosas que repercuten en la convocatoria eclesial de los días festivos. Las nuevas condiciones del trabajo y del descanso, la cultura del ocio, la civilización del bienestar, las comunidades y el turismo, las formas nuevas de organización de la vida familiar y de la convivencia social, el deporte, el éxodo de las ciudades, etc., inciden de manera directa en la existencia de los creyentes. En esta situación se modifican no solamente los hábitos de comportamiento religioso sino también la fisonomía misma del día festivo, que ya no se distingue apenas de los demás días de la semana”[10].  

 

B. EL DÉFICIT EN LA IDENTIDAD DE LA COMUNIDAD CRISTIANA 

1. Los datos de la realidad: 

Aunque es cierto que el sentido comunitario de la parroquia va en aumento[11], sin embargo seguimos percibiendo, en general, con palabras de Casiano Floristán, que “la parroquia heredada no es comunidad viva de fe, sino conglomerado de feligreses o amalgama de grupos cristianos. Es suma más o menos multitudinaria de individuos que viven generalmente en un territorio, sin suficientes relaciones interpersonales y escasamente provistos de un proyecto pastoral operativo en común. A lo sumo, el régimen comunitario cristiano es vivido por una pequeña parte de la comunidad, la más nuclear, ya que la comunidad exige un número no excesivamente grande de personas. No obstante puede ser transformada, con no pocos esfuerzos, en comunidad o en comunión de comunidades”[12]. Según este experto pastoralísta, en la parroquia cabe distinguir tres niveles comunitarios, según un triple nivel de pertenencia cristiana: 1º) la comunidad nuclear[13], 2º) la comunidad sacramental[14], 3º) la comunidad popular[15].

a)       La Iglesia sigue siendo, todavía, percibida más como una institución que como una comunión.

b)    Nuestras asambleas eucarística son vividas más desde una conciencia individual, como el cumplimiento de un precepto, que como una fraternidad de hermanos que celebra la Pascua de la Resurrección de su Señor. 

2. El déficit en la comprensión teológica y pastoral de la Comunidad Cristiana 

a)       Aunque el espíritu comunitario debe ser constitutivo fundamental de la Parroquia, pesa todavía más el individualismo cultual que la comunitariedad de la existencia cristiana.

b)       Muchos bautizados viven con una deficiente formación cristiana

c)       La celebración eucarística, aún sigue siendo percibida, como una acción que realiza el sacerdote para los asistentes a la celebración, de ahí, expresiones como: “cuándo va a dar usted la Misa”, “voy a oír Misa”.

d)       La Comunidad Cristiana como el “gran sujeto celebrante de la Eucaristía” no termina de aparecer con claridad.

e)       La forma celebrativa, la estética de la celebración, tampoco ayuda mucho a expresar la Comunidad Cristiana como un Cuerpo donde todos los miembros participan de modo orgánico y ministerialmente corresponsable.

f)         El divorcio existencial entre lo que se celebra y lo que se vive es patente en la conducta   moral de no pocos bautizados.

g)       El anonimato entre los asistentes de nuestras asambleas eucarísticas es más frecuente que la relación entrañable como fraternidad de hermanos. 

3. Cuáles son las causas que nos han llevado a esta situación 

c)       La conciencia de ser el pueblo elegido por Dios está muy oscurecida. En la conciencia de los bautizados es más fuerte, todavía, el ser cristiano por tradición que sentirse llamado al seguimiento de Jesús por seducción. 

b) No sabemos muy bien qué es la Comunidad Cristiana. La utilización de la palabra “hermanos” para calificar las relaciones de los miembros de la Comunidad Cristiana no se utiliza entre los bautizados. Casiano Floristán afirma que “la parroquia no es comunidad porque entre los feligreses están casi ausentes las relaciones interpersonales (sobre todo en la urbe) y porque no se da en ella suficientemente lo que los Hechos de los Apóstoles llaman koinonia, hoy entendida como unanimidad en la fe personal, solidaridad con pobres y marginados, bienes en común y comunicación de bienes, reunión en asamblea eucarística, compromiso social común y proyecto evangelizador”[16] . 

d)       Todavía se identifica la Iglesia con el Templo y el Cura. Estamos ante una transición en gran medida pendiente: pasar de una forma de Iglesia como organización de servicios religiosos ( por ello puede ser identificada la Iglesia con el Papa, los obispos, los sacerdotes, los religiosos y las monjas) a otra forma de Iglesia comunidad, donde todos seamos miembros activos, conscientes de la dignidad cristiana, dispuestos a dar personalmente razón de la esperanza, responsables en los trabajos del evangelio. Para que la vida cristiana sea vivida verdaderamente en cristiano, ha  de ser vivida en comunidad[17]. 

3. ¿CÓMO RECUPERAR LA CENTRALIDAD DEL DÍA DEL SEÑOR? 

4. ¿CÓMO RECUPERAR EL DOMINGO COMO EL GRAN DÍES-ECCLESIAE, COMO EL DÍA DE LA GRAN FIESTA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA? 

§          Hace falta, pues, que la educación en la oración se convierta de alguna manera en un punto determinante de toda programación pastoral. Yo mismo me he propuesto dedicar las próximas catequesis de los miércoles a la reflexión sobre los Salmos, comenzando por los de la oración de Laudes, con la cual la Iglesia nos invita a « consagrar » y orientar nuestra jornada. Cuánto ayudaría que no sólo en las comunidades religiosas, sino también en las parroquiales, nos esforzáramos más para que todo el ambiente espiritual estuviera marcado por la oración. Convendría valorizar, con el oportuno discernimiento, las formas populares y sobre todo educar en las litúrgicas. Está quizá más cercano de lo que ordinariamente se cree, el día en que en la comunidad cristiana se conjuguen los múltiples compromisos pastorales y de testimonio en el mundo con la celebración eucarística y quizás con el rezo de Laudes y Vísperas. Lo demuestra la experiencia de tantos grupos comprometidos cristianamente, incluso con una buena representación de seglares (Cf. JUAN PABLO II, Novo millennio ineunte, nº 34).

§          La celebración eucarística halla una preparación magnífica en la Liturgia de las Horas, ya que esta suscita y acrecienta muy bien las disposiciones que son necesarias para celebrar la Eucaristía, como la fe, la esperanza, la caridad, la devoción y el espíritu de abnegación» (IGLH, 12). En la celebración comunitaria, cuando las circunstancias lo aconsejen, se puede hacer una unión más estrecha entre la Misa y una de las Horas del Oficio —laudes matutinas, hora media, vísperas—, según las indicaciones de la normativa vigente (cf. IGLH, 93-97) [CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Año de la Eucaristía. Sugerencias y propuestas – 2004, nº  12].

§          No cabe duda de que esta primacía de la santidad y de la oración sólo se puede concebir a partir de una renovada escucha de la palabra de Dios. Desde que el Concilio Vaticano II ha subrayado el papel preeminente de la palabra de Dios en la vida de la Iglesia, ciertamente se ha avanzado mucho en la asidua escucha y en la lectura atenta de la Sagrada Escritura. Ella ha recibido el honor que le corresponde en la oración pública de la Iglesia. Tanto las personas individualmente como las comunidades recurren ya en gran número a la Escritura, y entre los laicos mismos son muchos quienes se dedican ella con la valiosa ayuda de estudios teológicos y bíblicos. Precisamente con esta atención a la palabra de Dios se está revitalizando principalmente la tarea de la evangelización y la catequesis. Hace falta, queridos hermanos y hermanas, consolidar y profundizar esta orientación, incluso a través de la difusión de la Biblia en las familias. Es necesario, en particular, que la escucha de la Palabra se convierta en un encuentro vital, en la antigua y siempre válida tradición de la lectio divina, que permite encontrar en el texto bíblico la palabra viva que interpela, orienta y modela la existencia (Cf. JUAN PABLO II, Novo millennio ineunte, nº 39).

§          El Papa Benedicto XVI sostiene que cuando no es posible la celebración de la Eucaristía dominical se tenga una Celebración de la Palabra: “La atención pastoral de la Iglesia es expresa en este caso vigilando que la liturgia de la Palabra, organizada bajo la dirección de un diácono o de un responsable de la comunidad, al que se le haya confiado debidamente este ministerio por la autoridad competente, se cumpla según el ritual específico elaborado por las Conferencias Episcopales y aprobado por ellas mismas  para este fin” (cf. Sacramentum caritatis, nº 75).

§          El quedarse en oración junto al Señor Jesús, vivo y verdadero en el Santo Sacramento, madura la unión con Él: nos predispone a la fructuosa celebración de la Eucaristía y aumenta en nosotros las actitudes cultuales y existenciales que ella misma suscita. Se expresa, según la tradición de la Iglesia, de diversos modos:

— la simple visita al santísimo Sacramento reservado en el sagrario: breve encuentro con Cristo, motivado por la fe en su presencia y caracterizado por la oración silenciosa;

— la adoración ante el santísimo Sacramento expuesto, según las normas litúrgicas, en la custodia o en la píxide, de forma prolongada o breve;

— la denominada Adoración perpetua, las Cuarenta Horas, u otras formas que comprometen a toda una comunidad religiosa, a una asociación eucarística o a una comunidad parroquial, y dan ocasión a numerosas expresiones de piedad eucarística (cf. Directorio piedad popular, 165) [CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Año de la Eucaristía, nº 14].

§          El Papa Benedicto XVI subraya también la importancia de la adoración eucarística: “Unido a la asamblea sinodal, recomiendo ardientemente a los Pastores de la Iglesia y al Pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística, tanto personal como comunitaria (...) Además, cuando sea posible, sobre todo en los lugares poblados, será conveniente indicar las iglesias u oratorios que se pueden dedicar a la adoración eucarística perpetua” . Cf. Sacramentum caritatis, nº 67ª.

5º) PROPUESTAS PASTORALES DEL TALLER: DÍA DE LA COMUNIDAD

Las más votadas y en las que hubo un mayor consenso. Rezan así: 

    1ª) Que la Delegación Diocesana de Liturgia ofrezca un programa de formación bíblica y litúrgica al Pueblo de Dios: pastores y fieles en orden a que las celebraciones eucarísticas sean vividas de manera consciente, activa y fructuosa. 

    2ª) La identidad cristiana del domingo y de la Eucaristía dominical depende de la Iniciación Cristiana. Proponemos abrir itinerarios de Iniciación Cristiana para Adultos en todas las parroquias, para que a través de una catequesis mistagógicas, nos ayuden a descubrir cómo la pertenencia a la Iglesia se expresa en la forma eucarística de vivir la vida cristiana en comunidad. La Iglesia que celebra la Eucaristía, es la comunidad del Domingo. 

    En el transcurso del diálogo se apuntaron, como siempre, otros   muchos "matices", entre otros: 

        + La  necesidad de que aparezca la corresponsabilidad ministerial dentro de las celebraciones

        + La urgencia de renovar la "estética celebrativa" (espacios, signos, etc.)         

        + Recuperar espacios y tiempos para la Adoración Eucarística (los domingos por la tarde en alguna       de las parroquias del   Arciprestazgo).

        + Que los párrocos se abran a las realidades eclesiales que están llevando adelante una renovación litúrgico-catequética    en profundidad (se cita explícitamente El Camino Neocatecumenal)

        + Que hay excesivas Misas pero faltan Eucaristías mejor preparadas, celebradas y participadas. Habría que hacer  una "revisión en profundidad" de las Misas que ofrecemos.

        + Que en el mundo rural, hay que implantar las CEDAP (Celebraciones dominicales en "espera" del Presbítero) para que ninguna comunidad esté sin reunirse como Asamblea del Pueblo de Dios en el Domingo. 

 

JORNADAS DIOCESANAS DE LITURGIA                       CASA DE LA IGLESIA                                       8-9-Febrero-2008

 

METODOLOGÍA PARA EL TRABAJO EN EL TALLER

(Tiempo de trabajo: unos 45 minutos) 

        1º) Elegir, de entre los miembros del grupo, un “moderador” 

         2º) Uno del grupo lee el “marco de reflexión general” (Documento1º) 

         3º) Respuesta personal del CUESTIONARIO y diálogo en el grupo 

         4º) Señalar –consensuadamente- 2 o 3 PROPUESTAS PASTORALES 

         5º) Leer, al final, las propuestas adjuntas (Documentos 2º y 3º) 

CUESTIONARIO

 

1ª) Como bautizado y discípulo de Jesucristo: ¿Cómo es tu vivencia y experiencia eclesial del Domingo? ¿Es el Domingo el “centro” de tu  vida  cristiana?

 

+ PROPUESTAS PASTORALES PARA RECUPERAR LA CENTRALIDAD DEL DOMINGO:

 

1ª)

 

 

 

 

 

2ª)

 

 

 

 

 

     3ª)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2ª) Como miembro de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que celebras cada Domingo la Eucaristía en tu Comunidad Parroquial: ¿Cómo se expresa y vive el espíritu comunitario en la celebración eucarística? ¿De qué forma toda la Comunidad Parroquial participa activa, ministerial y corresponsablemente en la celebración de la Eucaristía?

 

+ PROPUESTAS PASTORALES PARA RECUPERAR EL “ESPÍRITU COMUNITARIO”:

 

 

1ª)

 

 

 

 

 

 

2ª)

 

 

 

 

 

 

 

     3ª)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JORNADAS DIOCESANAS DE LITURGIA                       CASA DE LA IGLESIA                                       8-9-Febrero-2008

 

EL DOMINGO Y LAS FIESTAS RELIGIOSAS HOY

(“Marco de reflexión general”)

(Documento 1º)

La situación de los días festivos en nuestras comunidades

7. La celebración del domingo y de las fiestas ha sido siempre para la Iglesia una señal de fidelidad al Señor. Por eso nunca dejó de reunir a los fieles para proclamar cuanto se refiere a Cristo en toda la Sagrada Escritura, y celebrar la eucaristía que hace presente de nuevo su victoria pascual sobre el pecado y sobre la muerte. Al mismo tiempo procuró que los cristianos fuesen educados en la participación en la Misa dominical y en la santificación de las fiestas. Fruto de esta acción es un elevado porcentaje de asistencia a la eucaristía dominical, que se hace aún mayor en algunas fiestas de precepto.

Por otra parte, en muchas comunidades el domingo y aún el fin de semana son el momento en que se desarrollan numerosas actividades propias de la vida parroquial o apostólica: la catequesis de los niños y de los adolescentes en varias modalidades, los encuentros juveniles, las reuniones o las convivencias de los movimientos o de los grupos eclesiales, la visita a los enfermos, algunos ejercicios piadosos y la celebración no sólo de la Misa sino también de otros sacramentos.

Sin embargo, en nuestra sociedad han cambiado muchas cosas que repercuten en la convocatoria eclesial de los días festivos. Las nuevas condiciones del trabajo y del descanso, la cultura del ocio, la civilización del bienestar, las comunidades y el turismo, las formas nuevas de organización de la vida familiar y de la convivencia social, el deporte, el éxodo de las ciudades, etc., inciden de manera directa en la existencia de los creyentes. En esta situación se modifican no solamente los hábitos de comportamiento religioso sino también la fisonomía misma del día festivo, que ya no se distingue apenas de los demás días de la semana.

El vacío espiritual del domingo

8. Los cristianos no son, por otra parte, impermeables a los fenómenos que afectan especialmente al domingo en nuestra sociedad. Y son, sobre todo, los jóvenes a quienes más puede afectar el vaciamiento de valores de los días festivos. Para gran parte de los hombres y mujeres el domingo es un día carente de sentido, justificado tan sólo por la necesidad de recuperar energías para el resto de la semana, de descansar. de los excesos del sábado, de cambiar de tarea, de estar con la familia o de dedicarse a la ocupación favorita. Son muchos los que se aburren el domingo y no saben qué hacer o cómo llenar un espacio de tiempo que se alarga con el fin de semana y los puentes.

Esta sensación de vacío espiritual y de tedio se puede dar también en los creyentes, incluso entre los que procuran asistir a la celebración eucarística el domingo o el sábado por la tarde. Muchos no aciertan a hacer de toda la jornada un día de alegría y de fiesta, aunque son muchos también los que han descubierto que los días festivos son un regalo de Dios no para evadirse ni para encerrarse en un horizonte estrecho, sino para disfrutar de cuanto tienen de hermoso el mundo y la naturaleza. Nuevas condiciones sociolaborales

9. La sociedad industrial y urbana, sobre todo, lejos de liberar a los hombres y mujeres al llegar el día festivo, está creando nuevas necesidades y obligaciones. La oferta excesiva de ocupaciones y de distracciones en los fines de semana, además de incidir sobre todos los consumidores con una presión constante, da lugar a nuevos problemas de sobrecarga laboral para muchas personas: madres que trabajan fuera del hogar, miembros de la seguridad de Estado y de Protección Civil y otros servicios públicos, personal médico y sanitario de los hospitales, trabajadores de la hostelería, trabajadores de industrias cuyo proceso de producción no puede interrumpirse, etc. Nuevas necesidades y obligaciones. Por otra parte hoy se asiste a una liberalización de las legislaciones que afectan a los horarios y a las limitaciones sobre el tiempo de trabajo en la industria y en el comercio, por motivos económicos y de la competencia a escala mundial. Estos y otros factores, no hay que ocultarlo, entrañan serios peligros para el hombre y para el cristiano, al someter los valores humanos y espirituales a las exigencias de la producción y del consumo. El deterioro de los valores morales y religiosos que padece nuestra sociedad no es ajeno al proceso de secularización y de deshumanización del domingo y de las fiestas.

Por todos estos motivos los Obispos españoles pedimos a los responsables de la política laboral, a los empresarios y a los representantes de los trabajadores que no cedan a la fácil tentación de eliminar poco a poco el descanso dominical basándose en la posibilidad de una mayor producción y ampliación del tiempo libre durante la semana, con detrimento de la libertad personal, de la convivencia familiar y de otros aspectos de la vida ciudadana. No cedan a la fácil tentación de eliminar poco a poco el descanso dominical.

La actitud de la Iglesia

10. La Iglesia no puede ver con indiferencia todos estos fenómenos y, aunque valora todo cuanto encierran de positivo para el hombre, no puede ocultar su preocupación por las dificultades que entrañan para la fe y la vida cristiana de los creyentes. Si en otros tiempos éstos se sentían impulsados a la práctica religiosa por el mismo ambiente social, hoy sucede todo lo contrario. Por otra parte, la antigua insistencia en el precepto dominical y festivo, como motivo casi exclusivo de la santificación M domingo y de las fiestas, no ha sido suficientemente reemplazada por la instrucción sobre sus valores.

La nueva situación cultural y eclesial nos impulsa a la búsqueda de formas nuevas o renovadas de evangelización, capaces de adaptarse a los desafíos de esta etapa histórica. Una de estas formas es promover el sentido cristiano del domingo y de las fiestas religiosas especialmente en el interior de las comunidades, pero sin olvidar la incidencia que han de tener los días festivos en la sociedad. Están en juego la identidad cristiana de muchos fieles y la edificación de las comunidades como signos de comunión, de reconciliación, esperanza y de paz. Esto no será posible si los creyentes no perseveran en la fe y no anuncian, con palabras y con obras, la salvación Ofrecida en Jesucristo.

Ejemplos de ayer y de hoy  (Los primeros cristianos)

11. El día del Señor nació y se organizó en un medio nada fácil para los primeros cristianos, tanto para los que vivían en el mundo judío como para los que llegaron a la fe procedentes del paganismo. El día de la asamblea cristiana no coincidía con los días festivos del resto de la sociedad, de manera que su celebración venía a ser de hecho un signo de identidad ante los demás ciudadanos. De igual manera en las Iglesias jóvenes de hoy, después de la primera evangelización, los cristianos han sido muy fieles en reunirse, a veces convocados por catequistas laicos, para escuchar la Palabra de Dios y orar en común, superando de este modo la dispersión y las tentaciones de volver al pasado no cristiano. Como en los primeros siglos, en los que se conoce el testimonio de los mártires del domingo, numerosos cristianos, privados hoy de libertad religiosa, hacen lo imposible por asistir a la eucaristía dominical, para encontrar la fuerza que les alienta en medio de las dificultades.

 

(Cfr. CEE, Instrucción pastoral “Sentido evangelizador del Domingo y de las Fiestas” (Madrid 22-V-1992).

 

 

 

 

 

JORNADAS DIOCESANAS DE LITURGIA                       CASA DE LA IGLESIA                                       8-9-Febrero-2008

 

 

JUAN PABLO II, Carta Apostólica “Dies Domini” (13 de Mayo de 1998)

 

(Documento 2º)

 

+ El Papa Juan Pablo II ante la proximidad del tercer milenio, quiso apremiar a los creyentes invitándonos a “descubrir con nueva fuerza el sentido del Domingo: su “misterio”, el valor de  su celebración y su significado para la existencia cristiana y humana” (nº 3). Este es el objetivo de esta Carta Apostólica.

 

+ El Papa parte de la constatación de los cambios culturales que afectan a la identidad misma del Domingo: “Por desgracia, cuando el Domingo pierde el significado originario y se reduce a un puro ´fin de semana`, puede suceder que el hombre quede cerrado en un horizonte tan restringido que no le permite ya ver el ´cielo`. Entonces, aunque vestido de fiesta, interiormente es incapaz de ´hacer fiesta`(nº 4).

 

+ DD señala algunas dificultades a las que debemos responder:

 

·         Que  el Domingo no quede asfixiado por las ofertas del “fin de semana” (nº 4).

·         En la conciencia de muchos fieles parece disminuir no sólo el sentido de la centralidad de la Eucaristía, sino incluso el deber de dar gracias al Señor, rezándole con otros dentro de la comunidad eclesial (nº 5).

·         Por escasez de sacerdotes a veces no se puede garantizar la celebración eucarística dominical en cada comunidad (nº 5).

 

+ Ante este panorama, parece necesario más que nunca recuperar las motivaciones doctrinales profundas que son la base del precepto dominical, para que todos los fieles vean muy claro el valor irrenunciable del domingo en la vida cristiana (nº 6).

 

+ La Carta Apostólica Dies Domini, está  articulada en cinco capítulos en los que se esboza la verdad e identidad teológica, cristológica, eclesiológica, humana y escatológica del Domingo como Dies Domini (cap. 1º), Dies Christi (cap. 2º), Dies Ecclesiae (cap. 3º), Dies Hominis (cap. 4º) y Dies Dierum (cap. 5º).

 

+ Es el cap 3º donde el Papa desarrolla la comprensión de la asamblea eucarística como el centro del Domingo:

 

·         La asamblea dominical es la asamblea convocada por el Señor resucitado, “el cual ofreció su vida ´para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos`(Jn 11, 52). Todos ellos se han hecho uno en Cristo (Gál 3,28) mediante el don del Espíritu. Esta unidad se manifiesta externamente cuando los cristianos se reúnen (...) En la asamblea de los discípulos de Cristo se perpetúa en el tiempo la imagen de la primera comunidad cristiana, descrita como modelo por Lucas en los Hechos de los apóstoles (2,42) [nº 31].

·         La Eucaristía nutre y modela a la Iglesia. La dimensión intrínsecamente eclesial de la Eucaristía se realiza cada vez que se celebra. Pero se expresa de manera particular el día en que toda la comunidad es convocada para conmemorar la resurrección del Señor (nº 32).

·         La Eucaristía dominical es el paradigma para las otras celebraciones eucarísticas (nº 34).

·         La dimensión comunitaria de la celebración dominical debe ser particularmente destacada a nivel pastoral: “Trabajar para que florezca el sentido de comunidad parroquial, sobre todo en la celebración común de la misa dominical” (SC 42) [nº 35].

·         La asamblea dominical es un lugar privilegiado de unidad. Importancia de la educación de los padres en relación con los hijos y de las “Misas para niños” (nº 36).

·         En las Misas dominicales de la parroquia, como “comunidad eucaristíca”, es normal que se encuentren los grupos, movimientos, asociaciones y las pequeñas comunidades religiosas presentes en ella (...) Por esto el domingo, día de la asamblea, no se han de fomentar las Misas de los grupos pequeños. Corresponde al prudente discernimiento de los Pastores de las Iglesias particulares autorizar una eventual muy concreta derogación de esta norma, en consideración de particulares exigencias formativas y pastorales y de los grupos, y especialmente los frutos que pueden beneficiar a toda la comunidad cristiana (nº 36).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JORNADAS DIOCESANAS DE LITURGIA                       CASA DE LA IGLESIA                                       8-9-Febrero-2008

 

 

CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Año de la Eucaristía. Sugerencias y propuestas (14 de octubre de 2004)

 

(Documento 3º)

Qué hacer en las parroquias

·         Acoger la invitación del Santo Padre es hacer lo posible, durante este Año, para dar a la Eucaristía dominical el puesto central que le compete en la vida parroquial, con razón llamada «comunidad eucarística» (cf. SC, 42; Mane nobiscum Domine, 23; Dies Domini, 35-36; Eucharisticum mysterium, 26).

·         A esta luz se sugieren algunas ideas:

— Donde sea necesario, reordenar o dar una disposición estable a los lugares de la celebración (altar, ambón, presbiterio) y a la reserva de la Eucaristía (sagrario, capilla de la adoración); dotarse de los libros litúrgicos; cuidar la autenticidad y la belleza de los signos (ornamentos, vasos sagrados, decoración).

— Incrementar, o si no lo hay, instituir el grupo litúrgico parroquial. Cuidado de los ministros instituidos y de los ministros extraordinarios de la Comunión, de los ministros, de la schola cantorum, etc.

— Dar una atención especial al canto litúrgico, teniendo en cuenta las indicaciones ofrecidas en el reciente Quirógrafo de Juan Pablo II sobre la música sacra.

- Programar durante algunos periodos del año - tiempo pascual, Cuaresma - encuentros formativos específicos sobre la Eucaristía en la vida de la Iglesia y del cristiano; ocasión particularmente propicia para adultos y niños es el tiempo de preparación para la Primera Comunión.

— Tomar en mano y dar a conocer la Institutio generalis Missalis Romani (cf. Mane nobiscum Domine, 17) y los Praenotanda del Ordo Lectionum Missae; el documento De sacra communione et cultu mysterii eucarsitici extra Missam; la reciente encíclica Ecclesia de Eucharistia y la instrucción que le siguió Redemptionis Sacramentum.

— Enseñar a «estar en la iglesia»: qué se debe hacer al entrar en la iglesia, genuflexión o reverencia profunda ante el Santísimo Sacramento; clima de recogimiento; indicaciones para ayudar a una participación más interiorizada de la Misa, especialmente en algunos momentos (tiempos de silencio, oración personal después de la comunión) y para educar a la participación exterior (modo de aclamar o de pronunciar coralmente las partes comunes). Para la comunión bajo las dos especies aténganse a la normativa vigente (cf. SC, 55; IGMR, 281-287; Redemptionis Sacramentum, 100-107).

— Celebrar convenientemente el aniversario de la dedicación de la propia iglesia.

— Redescubrir la propia iglesia parroquial, conociendo el sentido de cuanto en ella habitualmente se ve: lectura guiada del altar, del ambón, del tabernáculo, iconografía, vidrieras, portales, etc. El aspecto visible de la iglesia favorece la contemplación del Invisible.

— Promover - indicando también la modalidad práctica - el culto eucarístico y la oración personal o comunitaria delante del Santísimo (cf. Mane nobiscum Domine, 18): visita, adoración del Santísimo y bendición eucarística, Cuarenta horas, procesiones eucarísticas. Valorar de forma conveniente, al concluir la Misa de la Cena del Señor el Jueves Santo, el prolongarse de la adoración eucarística (cf. Directorio piedad popular, 141).

— Proponer en circunstancias especiales iniciativas específicas (adoraciones nocturnas).

— Verificar la regularidad y la dignidad de la distribución de la comunión a los enfermos.

— Dar a conocer la enseñanza de la Iglesia sobre el Viático.

- Acompañar la vida espiritual de quienes, participando en la santa Misa, no pueden recibir la comunión por vivir en situación irregular (nº 35).

 

 

 

 

Juan José Calles Garzón

(Párroco de Cristo Rey)

 

 

 

 

 

 



[1] Cf. Carta Pastoral de la Cuaresma-Pascua 2005: “Renovar nuestras comunidades cristianas”, nº 8.

[2] Cf. Instrucción Pastoral de la CEE, Sentido evangelizador del domingo y de las fiestas (22 de Mayo de 1992), nº 38. Aunque el criterio de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, no sea muy favorable: “Esta clase de celebraciones dominicales especiales, deben ser consideradas siempre como absolutamente extraordinarias”. Cf. Instrucción Redemptionis Sacramentum, nº 164.

[3]Son el núcleo central y más vivo de nuestras comunidades. Sienten preocupación dolorida ante la creciente debilidad de la Iglesia, a la que aman mucho. Es su casa. Experimentan esta debilidad en miembros de su misma familia y sufren por ello. Se preguntan si en un futuro próximo el declive de la fe no va a reducir a la Iglesia a un residuo sin relieve. Quisieran que esta Iglesia fuese más evangélica, menos clerical, más participativa. A pesar de ello siguen en la brecha con tenacidad y fidelidad. Encuentran en la fe y en la oración consuelo y fortaleza” (Renovar nuestras comunidades cristianas, nº 6).

[4]Se mantienen fieles a la práctica semanal de la Eucaristía. Un buen número responden también a otras convocatorias: catequesis cuaresmal, celebraciones de la Penitencia, marchas a Santuarios, Vía Crucis, Asambleas parroquiales... Colaboran económicamente con la comunidad cuando se trata de necesidades eclesiales y sociales. Se muestran bastante sensibles afectiva y activamente a la miseria del Tercer Mundo. Con todo, se sienten más bien destinatarios de unos servicios religiosos que miembros habitualmente activos de la comunidad eclesial. Es un grupo todavía muy numeroso, pero en neto y continuo descenso. Los porcentajes en nuestras diócesis son desiguales, pero progresivamente bajos. Resulta patente y preocupante la débil presencia de jóvenes y de la generación entre los 30 y los 50 años. Al ser, con mucho, el más numeroso, este grupo contribuye decisivamente a la creación de la imagen social de la comunidad cristiana” (Ibid, nº 7).

 

[5]Un considerable porcentaje de bautizados (aproximadamente un tercio según los sondeos realizados) se desentienden del Encuentro semanal de la Eucaristía. Su práctica religiosa pública queda reducida a la celebración litúrgica de momentos especiales de su existencia por medio del bautismo, la primera comunión, el matrimonio o los funerales” (Ib., nº 8).

[6]Hay todavía un grupo de bautizados cuyos vínculos con la fe y la Iglesia son más tenues, casi inexistentes. Muchos de ellos afirman creer en Dios. Pero su rostro no tiene trazos vigorosos. Es una especie de sol mortecino. El nombre de Dios no les es ni familiar ni movilizador. Más que creer en Dios, creen que Dios existe. Esta creencia no tiene influencia ninguna en su diario vivir. Algunos tienen de Él una imagen nebulosa y desdibujada, de rasgos apenas personales. «Tiene que haber Algo» es su expresión socorrida. Otros están incluso cercanos al agnosticismo: «creo que existe, pero no estoy muy seguro»” (Ib., nº 9).

[7] Conferencia Episcopal Española, «Plan Pastoral 2002-2005», en Ecclesia, n. 3087, p. 195.

[8] Ibid, nº 20.

[9] Ibid, nº 18.

[10] Cf. Sentido evangelizador del Domingo..., nº 7.

[11] Así se puso de manifiesto al estudiar los datos estadísticos sobre las parroquias de la Iglesia en España, con motivo del CONGRESO sobre <<Parroquia evangelizadora>> celebrado en Madrid en noviembre de 1988: “un 53% afirman que la estructura general de su parroquia es comunitaria, es decir, que se da una cohesión interna y una intercomunicación efectiva entre los miembros más activos de la misma, que comparten la fe en un clima de auténtica fraternidad”. Cf. CONGRESO <<PARROQUIA EVANGELIZADORA>>, Ed, Edice, Madrid 1989, p. 65.

[12] Cf. Para comprender la Parroquia, Ed, EVD, Estella (Navarra) 1994, p. 55.

[13] “El primer nivel de una parroquia es el nuclear o ministerial, formado por laicos comprometidos o militantes que constituyen la comunidad básica o comunión de grupos, en los que están las personas que aceptan y llevan a cabo un ministerio o servicio concreto pastoral” . Ibid., p. 58.

[14] “En un segundo nivel están las personas que participan semanalmente en la asamblea eucarística, asiduamente en las celebraciones comunitarias penitenciales y esporádicamente en algunos actos extraordinarios parroquiales. Son en general personas de edad madura que por itinerario personal no formarán parte de la reducida comunidad servicial” (Ibidem).

[15] “Son los católicos ocasionales que participan en la parroquia unas cuantas veces al año (en los tiempos fuertes y festivos) o unas pocas veces en la vida de acuerdo a los sacramentos de las cuatro estaciones (bautismo, primera comunión, matrimonio y funeral) [ibidem].

 

 

 

[16] Ibid, p. 61. Es convincente la siguiente afirmación de Floristán: “Pretender que todos los feligreses pasen a formar parte de la comunidad es una utopía. Por edad, temperamento, herencia, costumbres, etc., no es posible que todos los cristianos actuales se comunitaricen” (Ib., p. 64).

[17] Cf. RICARDO BLÁZQUEZ, “Dimensión eclesial de la identidad cristiana”, en Jesús sí, la Iglesia también,  Sígueme, Salamanca 1983, pp. 291-313. Mons. Blázquez afirma que “necesitamos recuperar la verdad de la Iglesia como congregación, como comunidad. Sin comunitariedad la Iglesia pierde su misma identidad; se difuminan sus contornos, se generaliza su concreción, se dilapida su fuerza, se afloja su densidad” (p. 311).

[18] El Papa Benedicto XVI afirma que la Eucaristía es la plenitud de la iniciación cristiana y por ello “hemos de preguntarnos si en nuestras comunidades cristianas se percibe de manera suficiente el estrecho vínculo que hay entre el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía” . Cf Exhortación Apostólica “Sacramentum caritatis”, nº 17. De ahí que sea necesario “verificar qué praxis puede efectivamente ayudar mejor a los fieles a poner de relieve el sacramento de la Eucaristía como aquello a lo que tiende toda la iniciación, hemos de verificar la eficacia de los actuales procesos de iniciación” (nº 18).

[19] Benedicto XVI nos recuerda que “sigue siendo totalmente válida la recomendación de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, que exhorta a los fieles a no asistir a la liturgia eucarística “como espectadores mudos o extraños”, sino a participar “consciente, piadosa y activamente en la acción sagrada” ( nº 52).

[20] Para una comprensión de las tareas y servicios del Equipo litúrgico, ver C. FLORISTÁN, “El equipo litúrgico y sus servicios”, en Para comprender la Parroquia, pp. 111-113.

[21] Como sostiene Benedicto XVI  “los fieles cristianos necesitan una comprensión más profunda de las relaciones entre la Eucaristía y la vida cotidiana. La espiritualidad eucarística no es solamente participación en la Misa y devoción al Santísimo Sacramento. Abarca la vida entera” . Sacramentum caritatis, nº 77.

[22]  Ibid., nº 72.

[23]  Ibid., nº 37.

[24] “La atención y el cuidado pastoral de los enfermos redunda sin duda en beneficio espiritual de toda la comunidad, sabiendo que lo que hayamos hecho al más pequeño se lo hemos hecho a Jesús mismo”. Cf. Sacramentum caritatis, nº 22.

JORNADAS DIOCESANAS DE LITURGIA       <<EL DOMINGO Y EL AÑO LITÚRGICO>>              9- Febrero- 2008

 

EL DOMINGO COMO DÍA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA EN LOS DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO

 

 

0.        EN LOS DOCUMENTOS DEL CONCILIO

 

a.      Sacrosanctum Concilium

 

* Jesucristo está presente en la liturgia (SC, nº 7)

 

Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, "ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz", sea sobre todo bajo las especies eucarísticas.

 

·         Jesucristo está presente en la asamblea (SC, nº 7)

 

Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: "Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos" (Mt., 18,20).

 

·         El principio de la participación activa (SC, nº 30)

Para promover la participación activa se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales. Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado.

 Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos (nº 48)

·         Importancia de la vida litúrgica parroquial (SC, nnº 41-42)

Hay que trabajar para que florezca el sentido comunitario parroquial, sobre todo en la celebración común de la Misa dominical (nº 41).

·         Revalorización del domingo (SC, nº 106)

 La Iglesia, por una tradición apostólica, que trae su origen del mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón "día del Señor" o domingo. En este día los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recuerden la Pasión, la Resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los «hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (I Pe., 1,3). Por esto el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo. No se le antepongan otras solemnidades, a no ser que sean de veras de suma importancia, puesto que el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico.

b.      Lumen gentium

 

·         La Iglesia es el Cuerpo de Cristo (LG, nº 10)

La vida de Cristo en este cuerpo se comunica a los creyentes, que se unen misteriosa y realmente a Cristo, paciente y glorificado, por medio de los sacramentos. En la fracción del pan eucarístico, participando realmente del cuerpo del Señor, nos elevamos a una comunión con El y entre nosotros mismos. "Porque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan" (1Cor., 10,17). Así todos nosotros quedamos hechos miembros de su cuerpo (cf. 1Cor., 12,27), "pero cada uno es miembro del otro" (Rom., 12,5).

·          El ejercicio del sacerdocio común de los fieles en la Eucaristía (LG, nº 11)

 

Participando del sacrificio eucarístico, fuente y cima de toda vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y a sí mismos juntamente con ella; y así, tanto por la oblación como por la sagrada comunión, todos toman parte activa en la acción litúrgica, no confusamente, sino cada uno según su condición. Pero una vez saciados con el cuerpo de Cristo en la asamblea sagrada, manifiestan concretamente la unidad del pueblo de Dios aptamente significada y maravillosamente producida por este augustísimo sacramento.

 

·         La Eclesiología de comunión y la Eclesiología eucaristíca: La Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia (LG, nº 26)

 

En estas comunidades, por más que sean con frecuencia pequeñas y pobres o vivan en la dispersión, Cristo está presente, el cual con su poder da unidad a la Iglesia, una, católica y apostólica. Porque "la participación del cuerpo y sangre de Cristo no hace otra cosa sino que pasemos a ser aquello que recibimos".

 

c.       Presbiterorum ordinis

 

·         La Eucaristía edifica la Iglesia (PO, nº 6)

No se edifica ninguna comunidad cristiana si no tiene como raíz y quicio la celebración de la Sagrada Eucaristía: por ella, pues, hay que empezar toda la formación para el espíritu de comunidad. Esta celebración, para que sea sincera y cabal, debe conducir lo mismo a las obras da caridad y de mutua ayuda de unos para con otros, que a la acción misional y a las varias formas del testimonio cristiano.

 

1.        SAGRADA CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instrucción Eucharisticum Mysterium (27 de Mayo de 1967).

 

·         La instrucción Eucharisticum mysterium  suponía un avance en la reforma litúrgica; además de posibilitar, tímidamente, la celebración de la Eucaristía en grupos particulares, permitía  también la comunión bajo las dos especies (nº 32)

 

·         Sin embargo, la misma Instrucción recomienda –sin llegar a imponerlo- que las pequeñas comunidades los domingos se integren a la asamblea dominical y que las misas en pequeña asamblea se celebren en los días feriales.

d) El mismo documento, con todo, recomienda también que determinadas convivencias y asambleas de fieles en vistas a promover la vida cristiana, los estudios religiosos, el apostolado o las prácticas de espiritualidad –sin especificar si éstas tienen lugar en domingo o en días feriales- culminen con la celebración eucarística (30). Dos disposiciones, por tanto, a ensamblar con discreción.

 

2.        LA INSTRUCCIÓN ACTIO PASTORALIS (15-V-69)

 

·         Las misas en grupos particulares

 

Trata concretamente de las misas en grupos particulares. En esta Instrucción se insiste por una parte en la necesidad de velar para que en la celebración dominical aparezca realmente la comunión con toda la Iglesia (este matiz aparece mucho más subrayado en la misa presidida por el Obispo y en la misa parroquial); pero por otra parte, reconoce que para lograr una visión más profunda de la vida cristiana…y atender a la formación de las personas que se solidarizan con determinados grupos…se sabe por experiencia lo eficaces que pueden resultar las celebraciones en pequeños grupos…que logran el acercamiento de algunos fieles y la más completa formación de otros. Estos grupos, por otra parte, acostumbran a reunirse precisamente en los fines de semana; por ello nuestro documento, al recomendar estas misas en pequeño grupo, no parece excluir la misa dominical.

 

·         La praxis neocatecumenal


+
En el ámbito más restringido de un caso concreto –que da pie a una cierta jurisprudencia- la misma Congregación para el Culto Divino ha publicado una notificación (19-XII-1988) clarificando su mens con referencia a las misas en pequeña asamblea. Se trata de las misas que las llamadas comunidades neocatecumenales acostumbran a celebrar habitualmente los sábados al anochecer para inaugurar la celebración del domingo.

 

+ La Eucaristía es esencial al Neocatecumenado, en cuanto catecumenado postbautismal, vivido en pequeña comunidad. La Eucaristía, en efecto, completa la iniciación cristiana. Los neocatecúmenos celebran la Eucaristía en pequeña comunidad para ser iniciados gradualmente a la plena, consciente y activa participación en los divinos misterios. En consideración también “a específicas exigencias formativas y pastorales, teniendo en cuenta el bien de personas o de grupos, y especialmente los frutos que de ello se puede derivar para toda la comunidad cristiana (DD, nº 36), la pequeña comunidad neocatecumenal, con la autorización del Obispo diocesano, celebra la Eucaristía dominical, abierta también a otros fieles, después de las primeras vísperas (cf. Statuta iter neocatechumenale, art. 13).

 

3.        Carta Apostólica “Vicesimus quintus annus” En el XXV Aniversario de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia (4 de diciembre de 1988)

a)  Dificultades

11. Conviene reconocer que la aplicación de la reforma litúrgica ha encontrado algunas dificultades debidas sobre todo a un contexto poco favorable, caracterizado por una tendencia a privatizar el ámbito religioso, por un cierto rechazo de toda institución, por una menor presencia visible de la Iglesia en la sociedad, por un cuestionar la fe personal. Se puede suponer también que el pasar de una mera asistencia —a veces más bien pasiva y muda— a una participación mas plena y activa haya sido para algunos una exigencia demasiado fuerte; por lo cual han surgido actitudes diversas e incluso opuestas ante la reforma. En efecto, algunos han acogido los nuevos libros con una cierta indiferencia o sin tratar de comprender ni de hacer comprender los motivos de los cambios; otros, por desgracia, se han encerrado de manera unilateral y exclusiva en las formas litúrgicas anteriores, consideradas por algunos de estos como única garantía de seguridad en la fe. Otros, finalmente, han promovido innovaciones fantasiosas, alejándose de las normas dadas por la autoridad de la Sede Apostólica o por los Obispos, perturbando así la unidad de la Iglesia y la piedad de los fieles, en contraste, a veces, con los datos de la fe.

b) Resultados positivos

12. Esto no debe hacer olvidar que los pastores y el pueblo cristiano, en su gran mayoría, han acogido la reforma litúrgica con espíritu de obediencia y, más aún, de gozoso fervor.

Por ello conviene dar gracias a Dios por el paso de su Espíritu en la Iglesia, como ha sido la renovación litúrgica [58]; por la mesa de la Palabra de Dios, dispuesta con abundancia para todos [59]; por el inmenso esfuerzo realizado en todo el mundo para ofrecer al pueblo cristiano las traducciones de la Biblia, del Misal y de los otros libros litúrgicos; por la mayor participación de los fieles, a través de las plegarias y los cantos, de los gestos y del silencio en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos; por los ministerios desempeñados por los laicos y las responsabilidades que han asumido en virtud del sacerdocio común, del que participan por el Bautismo y la Confirmación; por la irradiante vitalidad que tantas comunidades cristianas reciben de la Liturgia.

Estos son otros tantos motivos para permanecer fieles a la enseñanza de la Constitución Sacrosanctum Concilium y a las reformas que ésta ha permitido llevar a cabo: «La renovación litúrgica es el fruto más visible de la obra conciliar» [60].Para muchos el mensaje del Concilio Vaticano II ha sido percibido ante todo mediante la reforma litúrgica.

c) Aplicaciones erróneas

13. Junto a estos beneficios de la reforma litúrgica, hay que reconocer y deplorar algunas desviaciones, de mayor o menor gravedad, en la aplicación de la misma.

Se constatan, a veces, omisiones o añadiduras ilícitas, ritos inventados fuera de las normas establecidas, gestos o cantos que no favorecen la fe o el sentido de lo sagrado, abusos en la práctica de la absolución colectiva, confusionismos entre sacerdocio ministerial, ligado a la ordenación, y el sacerdocio común de los fieles, que tiene su propio fundamento en el bautismo.

No se puede tolerar que algunos sacerdotes se arroguen el derecho de componer plegarias eucarísticas o sustituir textos de la Sagrada Escritura con textos profanos. Iniciativas de este tipo, lejos de estar vinculadas a la reforma litúrgica en sí misma, o a los libros que se han publicado después, la contradicen directamente, la desfiguran y privan al pueblo cristiano de las riquezas auténticas de la Liturgia de la Iglesia.

Compete a los Obispos corregirlas, ya que la reglamentación de la Liturgia depende del Obispo según el derecho [61], y de él «deriva y depende en cierto modo la vida en Cristo de sus fieles» [62].

·         El futuro de la renovación

a) Formación bíblica y litúrgica

15. El cometido más urgente es el de la formación bíblica y litúrgica del pueblo de Dios: pastores y fieles. La Constitución ya lo había subrayado: «No se puede esperar que esto ocurra (la participación plena, consciente y activa de todos los fieles), si antes los mismos pastores de almas no se impregnan totalmente del espíritu y de la fuerza de la Liturgia y llegan a ser maestros de la misma» [64]. Esta es una obra a largo plazo, la cual debe empezar en los Seminarios y Casas de formación [65] y continuar durante toda la vida sacerdotal [66]. Esta misma formación, adaptada a su estado, es también indispensable para los laicos [67], tanto más que éstos, en muchas regiones, están llamados a asumir responsabilidades cada vez mayores en la comunidad.

 

4.        Instrucción Pastoral de la CEE, Sentido evangelizador del domingo y de las fiestas (22 de Mayo de 1992)

 

+ Es el primer documento de nuestros obispos en el que intentan revalorizar la importancia del Domingo con la intención de “fortalecer la vida cristiana” (nº 1). “Los discípulos de Jesús debemos vivir los días festivos de una  manera testimonial, como espacios privilegiados para expresar nuestra identidad cristiana y, a la vez, nuestra solidaridad en Cristo con los demás hombres” (nº 3).

 

+ Los obispos levantan “acta” de los desafíos  culturales que afectan a la identidad el domingo: “en nuestra sociedad han cambiado muchas cosas que repercuten en la convocatoria eclesial de los días festivos. Las nuevas condiciones del trabajo y del descanso, la cultura del ocio, la civilización del bienestar, las comunidades y el turismo, las formas nuevas de organización de la vida familiar y de la convivencia social, el deporte, el éxodo de las ciudades, etc., inciden de manera directa en la existencia de los creyentes. En esta situación se modifican no solamente los hábitos de comportamiento religioso sino también la fisonomía misma del día festivo, que ya no se distingue apenas de los demás días de la semana” (nº 7 y 9) y hablarán del “vacío espiritual del domingo” (nº 8).

 

+ La Iglesia no puede ver con indiferencia todos estos fenómenosla nueva situación cultural y eclesial nos impulsa a la búsqueda de formas nuevas o renovadas de evangelización, capaces de adaptarse a los desafíos de esta etapa histórica. Una de estas formas es promover el sentido cristiano del domingo y de las fiestas religiosas especialmente en el interior de las comunidades, pero sin olvidar la incidencia que han de tener los días festivos en la sociedad. Están en juego la identidad cristiana de muchos fieles y la edificación de las comunidades como signos de comunión, de reconciliación, esperanza y de paz. Esto no será posible si los creyentes no perseveran en la fe y no anuncian, con palabras y con obras, la salvación Ofrecida en Jesucristo. Búsqueda de formas nuevas o renovadas de evangelización” (nº 10).

 

+ Desde el principio se descubren unidas al Domingo y a la Eucaristía las notas que caracterizan a la Comunidad Cristiana: la reunión de la asamblea (nº 14), la centralidad de la Palabra de Dios (nº 15), la comunión eucarística (nº 17), la comunión fraternal (n º18), la urgencia de la  misión (nº 19), la alegría pascual (nº 20), la pascua semanal (nº 21), la fiesta primordial de los cristianos (nº 22).

 

+ Y, nuestros obispos, nos ofrecen algunas orientaciones y sugerencias pastorales de cara a la revalorización del Domingo y la  Comunidad Cristiana en orden a expresar y alimentar la identidad cristiana. Nos invitan a un discernimiento realista (nº 29). ¿Qué es lo que nos proponen?:

·         Afrontar con decisión no sólo las dificultades sino también las oportunidades nuevas que se descubren (nº 29).

·         Ofrecer una respuesta pastoral adecuada para aquellas personas que se vean obligadas a trabajar los días festivos (nº 30).

·         Hacer una catequesis oportuna para que los creyentes sean conscientes de que no es posible la vida de la fe al margen dela comunidad cristiana y de la celebración de la Eucaristía (nº 30).

·         Orientar bien los procesos de Iniciación Cristiana para que confluyan en la Eucaristía dominical (nº 31).

·         Evitar la dispersión de la comunidad. Cuando en una misma zona hay numerosas iglesias a las que acude un número muy reducido de fieles, como ocurre en algunas ciudades, es conveniente, si esto es posible, que los fieles se reúnan en la iglesia más importante para la Misa del Domingo y de las fiestas (nº 33).

·         Cuidar los elementos participativos de la celebración. (acogida, elección de cantos, moniciones, lecturas, respeto de los silencios, etc) (nº 34).

·         Importancia del Equipo litúrgico: convendría que en todas las comunidades se formaran estos equipos para preparar bien las celebraciones bajo la responsabilidad del sacerdote que de presidirlas (nº 35).

·         Alentar y propiciar en la celebración los ministerios laicales instituidos (lector, acólito), nombrados (ministro extraordinario de la comunión) o necesarios (cantor, hostiario, monaguillos, etc).

·         Que los ministros de la homilía se preparen bien, con el estudio y la oración, para realizar este ministerio y no ser predicadores vacíos y superfluos que no escuchan en su interior la Palabra divina (nº 37).

·         Establecer en la diócesis las celebraciones dominicales en ausencia del presbítero: La disminución del número de los sacerdotes hace que en algunas regiones no sea posible asegurar la celebración de la eucaristía todos los domingos y fiestas de precepto para algunas comunidades, especialmente rurales (nº 38).

 

5.        JUAN PABLO II, Carta Apostólica “Dies Domini” (13 de Mayo de 1998)

 

+ El Papa Juan Pablo II ante la proximidad del tercer milenio, quiso apremiar a los creyentes invitándonos a “descubrir con nueva fuerza el sentido del Domingo: su “misterio”, el valor de  su celebración y su significado para la existencia cristiana y humana” (nº 3), este es el objetivo de esta Carta Apostólica.

 

+ El Papa parte de la constatación de los cambios culturales que afectan a la identidad misma del Domingo: “Por desgracia, cuando el Domingo pierde el significado originario y se reduce a un puro ´fin de semana`, puede suceder que el hombre quede cerrado en un horizonte tan restringido que no le permite ya ver el ´cielo`. Entonces, aunque vestido de fiesta, interiormente es incapaz de ´hacer fiesta`(nº 4).

 

+ DD señala algunas dificultades a las que debemos responder:

 

·         Que  el Domingo no quede asfixiado por las ofertas del “fin de semana” (nº 4).

·         En la conciencia de muchos fieles parece disminuir no sólo el sentido de la centralidad de la Eucaristía, sino incluso el deber de dar gracias al Señor, rezándole con otros dentro de la comunidad eclesial (nº 5).

·         Por escasez de sacerdotes a veces no se puede garantizar la celebración eucarística dominical en cada comunidad (nº 5).

 

+ Ante este panorama, parece necesario más que nunca recuperar las motivaciones doctrinales profundas que son la base del precepto dominical, para que todos los fieles vean muy claro el valor irrenunciable del domingo en la vida cristiana (nº 6).

 

+ La Carta Apostólica Dies Domini, está  articulada en cinco capítulos en los que se esboza la verdad e identidad teológica, cristológica, eclesiológica, humana y escatológica del Domingo como Dies Domini (cap. 1º), Dies Christi (cap. 2º), Dies Ecclesiae (cap. 3º), Dies Hominis (cap. 4º) y Dies Dierum (cap. 5º).

 

+ Es el cap 3º donde el Papa desarrolla la comprensión de la asamblea eucarística como el centro del Domingo:

 

·         La asamblea dominical es la asamblea convocada por el Señor resucitado, “el cual ofreció su vida ´para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos`(Jn 11, 52). Todos ellos se han hecho uno en Cristo (Gál 3,28) mediante el don del Espíritu. Esta unidad se manifiesta externamente cuando los cristianos se reúnen (...) En la asamblea de los discípulos de Cristo se perpetúa en el tiempo la imagen de la primera comunidad cristiana, descrita como modelo por Lucas en los Hechos de los apóstoles (2,42) [nº 31].

·         La Eucaristía nutre y modela a la Iglesia. La dimensión intrínsecamente eclesial de la Eucaristía se realiza cada vez que se celebra. Pero se expresa de manera particular el día en que toda la comunidad es convocada para conmemorar la resurrección del Señor (nº 32).

·         La Eucaristía dominical es el paradigma para las otras celebraciones eucarísticas (nº 34).

·         La dimensión comunitaria de la celebración dominical debe ser particularmente destacada a nivel pastoral: “Trabajar para que florezca el sentido de comunidad parroquial, sobre todo en la celebración común de la misa dominical” (SC 42) [nº 35].

·         La asamblea dominical es un lugar privilegiado de unidad. Importancia de la educación de los padres en relación con los hijos y de las “Misas para niños” (nº 36).

·         En las Misas dominicales de la parroquia, como “comunidad eucaristíca”, es normal que se encuentren los grupos, movimientos, asociaciones y las pequeñas comunidades religiosas presentes en ella (...) Por esto el domingo, día de la asamblea, no se han de fomentar las Misas de los grupos pequeños. Corresponde al prudente discernimiento de los Pastores de las Iglesias particulares autorizar una eventual muy concreta derogación de esta norma, en consideración de particulares exigencias formativas y pastorales y de los grupos, y especialmente los frutos que pueden beneficiar a toda la comunidad cristiana (nº 36)[1].

·         Dimensión escatológica del Domingo: “en la perspectiva del camino de la Iglesia en el tiempo, la referencia a la resurrección de Cristo y el ritmo semanal de esta solemne conmemoración ayudan a recordar el carácter peregrino y la dimensión escatológica del Pueblo de Dios” (nº 37).

·         Las Asambleas dominicales sin sacerdote: “La Iglesia, considerando el caso de la imposibilidad de la celebración eucarística, recomienda convocar asambleas dominicales en ausencia del sacerdote” (nº 53).

           

6.        JUAN PABLO II, Encíclica “Ecclesia de Eucaristía (17 de Abril de 2003)

 

+ Con la presente Carta encíclica, deseo suscitar este “asombro” eucarístico”, en continuidad con la herencia jubilar que he querido dejar a la Iglesia con la Carta apostólica Novo millennio ineunte y con su coronamiento mariano Rosarium Virginis Mariae (nº 6).

 

+ El Papa quiere seguir  invitándonos al “asombro eucarístico” y comienza esta Carta encíclica resaltando los logros de la reforma litúrgica conciliar (nº 10), pero también señalando las “sombras”: abandono de la adoración eucarística, abusos celebrativos, comprensión limitada del Misterio eucarístico, oscurecimiento de la necesidad del sacerdocio ministerial... “La Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones” (nº 10b) afirma el Papa, su deseo es contribuir,con esta Carta, a “disipar las sombras doctrinales y prácticas no aceptables, para que la Eucaristía siga resplandeciendo con todo el esplendor de su misterio” (ibide).

 

+ Ecclesia de Eucaristía está articulada en seis capítulos, el primero lleva por título “Misterio de la fe”, el segundo describe cómo la Eucaristía edifica la Iglesia, el tercero muestra la relación entre Apostolicidad de la Eucaristía y de la Iglesia, el cuarto analiza la relación entre Eucaristía y comunión eclesial, el quinto señala el Decoro de la celebración eucarística y el sexto nos introduce En la escuela de María, mujer eucarística.

 

7.        JUAN PABLO II, Carta Apostólica “Spiritu et Sponsa”. En el XL aniversario de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia (4 de Diciembre de 2003)

 

* Una mira  a la Constitución conciliar SC:

 

·         Con el paso del tiempo, a la luz de los frutos que ha producido, se ve cada vez con mayor claridad la importancia de la constitución Sacrosanctum Concilium. En ella se delinean luminosamente los principios que fundan la praxis litúrgica de la Iglesia e inspiran su correcta renovación a lo largo del tiempo (cf. n. 3). Los padres conciliares sitúan la liturgia en el horizonte de la historia de la salvación, cuyo fin es la redención humana y la perfecta glorificación de Dios. La redención tiene su preludio en las maravillas que hizo Dios en el Antiguo Testamento, y fue realizada en plenitud por Cristo nuestro Señor, especialmente por medio del misterio pascual de su bienaventurada pasión, de su resurrección de entre los muertos y de su gloriosa ascensión (cf. n. 5).
Con todo, no sólo es necesario anunciar esa redención, sino también actuarla, y es lo que lleva a cabo "mediante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica" (n. 6). Cristo se hace presente, de modo especial, en las acciones litúrgicas, asociando a sí a la Iglesia.
Tod
a celebración litúrgica es, por consiguiente, obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo místico, "culto público íntegro" (n. 7), en el que se participa, pregustándola, en la liturgia de la Jerusalén celestial (cf. n. 8). Por esto, "la liturgia es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza" (n. 10)  [nº 2 ].

                                     ]

+ De la renovación a la profundización:

·         A distancia de cuarenta años, conviene verificar el camino realizado. Ya en otras ocasiones he sugerido una especie de examen de conciencia a propósito de la recepción del concilio Vaticano II (cf. Tertio millennio adveniente, 36). Ese examen no puede por menos de incluir también la vida litúrgico-sacramental. "¿Se vive la liturgia como "fuente y cumbre" de la vida eclesial, según las enseñanzas de la Sacrosanctum Concilium?" (ib.). El redescubrimiento del valor de la palabra de Dios, que la reforma litúrgica ha realizado, ¿ha encontrado un eco positivo en nuestras celebraciones? ¿Hasta qué punto la liturgia ha entrado en la vida concreta de los fieles y marca el ritmo de cada comunidad? ¿Se entiende como camino de santidad, fuerza interior del dinamismo apostólico y del espíritu misionero eclesial? (nº 6).

 

+ Importancia del Domingo:

 

·         El domingo, día del Señor, en el que se hace memoria particular de la resurrección de Cristo, está en el centro de la vida litúrgica, como "fundamento y núcleo de todo el Año litúrgico" (Sacrosanctum Concilium, 106; cf. Vicesimus quintus, 22). No cabe duda de que se han realizado notables esfuerzos en la pastoral, para lograr que se redescubra el valor del domingo. Pero es necesario insistir en este punto, ya que "ciertamente es grande la riqueza espiritual y pastoral del domingo, tal como la tradición nos la ha transmitido. El domingo, considerando globalmente sus significados y sus implicaciones, es como una síntesis de la vida cristiana y una condición para vivirla bien" (Dies Domini, 81) [nº 9][2].

 

+ El arte de la pedagogía mistagógica:

 

·         12. Ante este anhelo de encuentro con Dios, la liturgia ofrece la respuesta más profunda y eficaz. Lo hace especialmente en la Eucaristía, en la que se nos permite unirnos al sacrificio de Cristo y alimentarnos de su cuerpo y su sangre. Sin embargo, los pastores deben procurar que el sentido del misterio penetre en las conciencias, redescubriendo y practicando el arte "mistagógico", tan apreciado por los Padres de la Iglesia (cf. Vicesimus quintus, 21). En particular, deben promover celebraciones dignas, prestando la debida atención a las diversas clases de personas:  niños, jóvenes, adultos, ancianos, discapacitados. Todos han de sentirse acogidos en nuestras asambleas, de forma que puedan respirar el clima de la primera comunidad creyente:  "Eran asiduos a la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones" (Hch 2, 42) (nº 12).

 

 

8.        JUAN PABLO II, Carta Apostólica, “Mane Nobiscum Domine” (7 de Octubre de 2004)

 

+ Con el deseo de seguir acentuando la dimensión eucarística en la vida de la Iglesia y en contexto del Año de la Eucaristía (octubre 2004-octubre 2005), el Papa escribe una nueva Carta Apostólica bajo el título “Mane nobiscum Domine” (2004) con la finalidad de ofrecer “algunas orientaciones básicas en relación con celebración de la Eucaristía” (nº 5).

 

+ La Carta MND está vertebrada en cuatro capítulos: 1º) En la estela del Concilio y del Jubileo; 2º) La Eucaristía, misterio de luz; 3º) La Eucaristía, fuente y epifanía de comunión y 4º) La Eucaristía, principio y proyecto de misión.

 

+ Celebrar, adorar, contemplar. El Papa afirma que “es necesario que la Santa Misa se ponga en el centro de la vida cristiana, y que en cada comunidad se haga todo lo posible para celebrar decorosamente” (nº 17).

 

+ En MND encontramos una propuesta pastoral concreta:

 

·         Un compromiso concreto de este Año de la Eucaristía podría consistir en estudiar a fondo, en cada comunidad parroquial, los Principios y normas para el uso del Misal Romano” (nº 17).

 

+ En el capítulo 3º se aborda la dimensión de la Eucaristía como fuente y epifanía de la comunión:

 

·         En el misterio eucarístico, Jesús edifica la Iglesia como comunión, según el modelo supremo evocado por la oración sacerdotal (Jn 17,21) [nº 19].

·         Si la Eucaristía es fuente de la unidad eclesial, es también su máxima manifestación. La Eucaristía es epifanía de comunión (...)[3].

 

+ Insistencia en la necesidad de “redescubrir y vivir plenamente el Domingo como el día del Señor y día de la Iglesia (nº 23).

 

9.        CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Año de la Eucaristía. Sugerencias y propuestas (14 de octubre de 2004)

+ El Año de la Eucaristía, por tanto, se propone ante todo como un período de una catequesis más intensa acerca de la Eucaristía creída por la Iglesia. Tal catequesis tendrá presente:

+  A modo de una simple indicación «temática» para los agentes pastorales, se señalan a continuación algunos aspectos sobre los que se ha invitado en este Año a «examinarse» de modo especial, con miras a una digna celebración y una adoración más ferviente del Misterio eucarístico. Además de los documentos fundamentales arriba mencionados, no dejará de servir de ayuda la reciente Instrucción Redemptionis Sacramentum. Hay que tener presentes:

 Un examen de estos puntos sería especialmente aconsejable en el Año de la Eucaristía (nº 3).

+ La espiritualidad eucarística. En la Carta Apostólica Spiritus et Sponsa con motivo del XL aniversario de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, el Papa ha expresado el deseo de que se desarrolle en la Iglesia una «espiritualidad litúrgica». Es la perspectiva de una liturgia que nutre y orienta la existencia, plasmando el actuar del creyente como auténtico «culto espiritual» (cf. Rom 12, 1). Sin el cultivo de una «espiritualidad litúrgica», la práctica litúrgica fácilmente se reduce a «ritualismo» y vuelve vana la gracia que brota de la celebración.

Esto vale de modo especial para la Eucaristía: «La Iglesia vive de la Eucaristía». En verdad, la celebración eucarística está en función del vivir en Cristo, en la Iglesia, por la potencia del Espíritu Santo. Es necesario, por tanto, cuidar el movimiento que va de la Eucaristía celebrada a la Eucaristía vivida: del misterio creído a la vida renovada. Por esto el presente subsidio ofrece también un capítulo de líneas de espiritualidad eucarística. En este marco inicial de referencia será útil añadir algunos puntos particularmente significativos:

+  Importancia del Domingo:

·         El carácter propio de la Misa dominical y la importancia que ésta reviste para la vida cristiana exigen que se prepare con especial cuidado, de modo que se experimente como una epifanía de la Iglesia (cf. Dies Domini, 34-36; Ecclesia de Eucharistia, 41, Novo Millennio Ineunte, 36) y se distinga como celebración alegre y melodiosa, activa y participada (cf. Dies Domini, 50-51).

·         Reavivar en todas las comunidades la celebración de la Eucaristía dominical debería ser la primera tarea de este Año especial. Si al menos se logra esto, junto con el incremento de la adoración eucarística fuera de la Misa, el Año de la Eucaristía habrá conseguido ya un importante fruto (cf. Mane nobiscum Domine, 23 y 29) [nº  8].

+  Qué hacer en las parroquias:

·         Acoger la invitación del Santo Padre es hacer lo posible, durante este Año, para dar a la Eucaristía dominical el puesto central que le compete en la vida parroquial, con razón llamada «comunidad eucarística» (cf. SC, 42; Mane nobiscum Domine, 23; Dies Domini, 35-36; Eucharisticum mysterium, 26).

·         A esta luz se sugieren algunas ideas:

— Donde sea necesario, reordenar o dar una disposición estable a los lugares de la celebración (altar, ambón, presbiterio) y a la reserva de la Eucaristía (sagrario, capilla de la adoración); dotarse de los libros litúrgicos; cuidar la autenticidad y la belleza de los signos (ornamentos, vasos sagrados, decoración).

— Incrementar, o si no lo hay, instituir el grupo litúrgico parroquial. Cuidado de los ministros instituidos y de los ministros extraordinarios de la Comunión, de los ministros, de la schola cantorum, etc.

— Dar una atención especial al canto litúrgico, teniendo en cuenta las indicaciones ofrecidas en el reciente Quirógrafo de Juan Pablo II sobre la música sacra.

- Programar durante algunos periodos del año - tiempo pascual, Cuaresma - encuentros formativos específicos sobre la Eucaristía en la vida de la Iglesia y del cristiano; ocasión particularmente propicia para adultos y niños es el tiempo de preparación para la Primera Comunión.

— Tomar en mano y dar a conocer la Institutio generalis Missalis Romani (cf. Mane nobiscum Domine, 17) y los Praenotanda del Ordo Lectionum Missae; el documento De sacra communione et cultu mysterii eucarsitici extra Missam; la reciente encíclica Ecclesia de Eucharistia y la instrucción que le siguió Redemptionis Sacramentum.

Enseñar a «estar en la iglesia»: qué se debe hacer al entrar en la iglesia, genuflexión o reverencia profunda ante el Santísimo Sacramento; clima de recogimiento; indicaciones para ayudar a una participación más interiorizada de la Misa, especialmente en algunos momentos (tiempos de silencio, oración personal después de la comunión) y para educar a la participación exterior (modo de aclamar o de pronunciar coralmente las partes comunes). Para la comunión bajo las dos especies aténganse a la normativa vigente (cf. SC, 55; IGMR, 281-287; Redemptionis Sacramentum, 100-107).

— Celebrar convenientemente el aniversario de la dedicación de la propia iglesia.

— Redescubrir la propia iglesia parroquial, conociendo el sentido de cuanto en ella habitualmente se ve: lectura guiada del altar, del ambón, del tabernáculo, iconografía, vidrieras, portales, etc. El aspecto visible de la iglesia favorece la contemplación del Invisible.

Promover - indicando también la modalidad práctica - el culto eucarístico y la oración personal o comunitaria delante del Santísimo (cf. Mane nobiscum Domine, 18): visita, adoración del Santísimo y bendición eucarística, Cuarenta horas, procesiones eucarísticas. Valorar de forma conveniente, al concluir la Misa de la Cena del Señor el Jueves Santo, el prolongarse de la adoración eucarística (cf. Directorio piedad popular, 141).

— Proponer en circunstancias especiales iniciativas específicas (adoraciones nocturnas).

— Verificar la regularidad y la dignidad de la distribución de la comunión a los enfermos.

— Dar a conocer la enseñanza de la Iglesia sobre el Viático.

- Acompañar la vida espiritual de quienes, participando en la santa Misa, no pueden recibir la comunión por vivir en situación irregular (nº 35).

 

10.  CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Instrucción Redemptionis Sacramentum sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía (23 de abril de 2004).
 

+ Es una Instrucción de naturaleza “normativa” que debe ser leída en continuidad con la Carta encíclica Ecclesia de Eucaristía (nº 2) y tiene una intencionalidad clara de salir al paso de las “sombras” que se ciernen sobre la praxis litúrgico-eucarística:

·         «No hay duda de que la reforma litúrgica del Concilio ha tenido grandes ventajas para una participación más consciente, activa y fructuosa de los fieles en el santo Sacrificio del altar».[10] Sin embargo, «no faltan sombras».[11] Así, no se puede callar ante los abusos, incluso gravísimos, contra la naturaleza de la Liturgia y de los sacramentos, también contra la tradición y autoridad de la Iglesia, que en nuestros tiempos, no raramente, dañan las celebraciones litúrgicas en diversos ámbitos eclesiales. En algunos lugares, los abusos litúrgicos se han convertido en una costumbre, lo cual no se puede admitir y debe terminarse (nº 4).

   + La Instrucción se compone de ocho capítulos: La ordenación de la sagrada Liturgia (1º), La participación de los fieles laicos en la celebración de la Eucaristía (2º), La celebración correcta de la santa Misa (3º), La Sagrada Comunión (4º), Otros aspectos que se refieren a la Eucaristía (5º), La reserva de la santísima Eucaristía y su culto fuera de la Misa (6º), Ministerios extraordinarios de los fieles (7º), Los remedios (8º).

+ La Instrucción no es muy favorable a las celebraciones en ausencia del presbítero: “Esta clase de celebraciones dominicales especiales, deben ser  consideradas siempre como absolutamente extraordinarias” (nº 165). 

11.Plan Pastoral de la Conferencia  Episcopal Española 2006-2010: “Yo soy el pan de vida” (Jn 6,35) Vivir de la Eucaristía (27-31 de marzo de 2006)

 +  El desarrollo del Plan Pastoral se hace atendiendo a aquellos aspectos que son comunes a los fieles cristianos de todas nuestras diócesis, a saber, la transmisión de la fe, la vida sacramental y la misión evangelizadora en caridad. Estas tres dimensiones de la vida cristiana son las que nos permiten disponerlo en torno al misterio eucarístico. La comunión eucarística, que recorre y dinamiza la vida de la Iglesia, es también principio y norma de actuación: lex credendi, lex orandi y lex vivendi. Desde la Eucaristía, en efecto, brota la transmisión de la fe, la celebración del misterio cristiano, y el servicio al mundo en caridad (nº 6).

 

+  La Iglesia, que vive de la Eucaristía, es la comunidad del Domingo. El domingo, en efecto, es el día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana. Hay que «redescubrir la alegría del domingo cristiano [...] redescubrir con orgullo el privilegio de participar en la Eucaristía, que es el sacramento del mundo renovado». Finalmente, la participación de los fieles en la Eucaristía les capacita para anunciar por el mundo el designio salvífico de Dios. «Al término de cada Misa, cuando el celebrante despide la asamblea con las palabras Ite, misa est, todos deben sentirse enviados como misioneros de la Eucaristía a difundir en todos los ambientes el gran don recibido». La Eucaristía proporciona la fuerza interior para dicha misión y es también, en cierto sentido, su proyecto: «es un modo de ser que pasa de Jesús al cristiano y, por su testimonio, tiende a irradiarse en la sociedad y en la cultura. Para lograrlo, es necesario que cada fiel asimile, en la meditación personal y comunitaria, los valores que la Eucaristía expresa, las actitudes que inspira, los propósitos de vida que suscita.» ¿Por qué no ver en esta propuesta del Papa una consigna especial para nuestro trabajo pastoral? (nº 21).

+ «Gracias a la Eucaristía la Iglesia renace siempre de nuevo». Las indicaciones anteriores que conforman el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española para el periodo 2006-2010, convergen todas en la Eucaristía. La vitalidad de nuestras iglesias brota de este Sacramento Santísimo. Nuestro empeño en los próximos años ha de orientarse a vivir de la Eucaristía con una mayor interioridad. El amor al culto eucarístico pasa a través de un redescubrimiento de la belleza de la celebración en la adoración y acción de gracias. La participación activa y espiritual en el misterio de la fe nos abre a la esperanza de las realidades prometidas, más allá de los horizontes limitados de un mundo atrapado por el relativismo y por una cultura que apostata silenciosamente de Dios. De la Eucaristía, brota la fuerza capaz de transformar el mundo y la cultura, porque ella es epifanía de comunión, lugar de encuentro del Pueblo de Dios con Jesucristo, muerto y resucitado, fuente de vida y esperanza (nº 42).

 

12. BENEDICTO XVI, Exhortación apostólica “Sacramentum caritatis” sobre la Eucaristía (22 de Febrero de 2007)

 

+ Tras la celebración de la IX Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 2 al 23 de Octubre de 2005 en el Vaticano en relación con la Eucaristía, el Papa Benedicto XVI, recogiendo el fruto de todas las reflexiones de los padres sinodales, ha escrito esta Exhortación apostólica “con la intención de explicitar algunas líneas fundamentales de acción orientadas a suscitar en la Iglesia un nuevo impulso y fervor por la Eucaristía” (nº 5).

 

+ La Exhortación esté vertebrada en tres partes: 1ª) Eucaristía, Misterio que se ha de creer; 2ª) Eucaristía, Misterio que se ha de celebrar; y 3ª) Eucaristía, Misterio que se ha de vivir.

 

+ Es muy interesante la reflexión que el Papa hace de la pertenencia eclesial como una forma eucarística de la vida cristiana (nº 76ay 76b):

 

·         La importancia del domingo como Dies Ecclesiae nos lleva a la relación intrínseca entre la victoria de Jesús sobre el mal y sobre la muerte y nuestra pertenencia a su Cuerpo eclesial.

·         En el Día del Señor todo cristiano descubre también la dimensión comunitaria de la propia existencia redimida.

·         La forma eucarística de la vida cristiana es sin duda una forma eclesial y comunitaria. El cristianismo, desde sus comienzos, supone siempre una compañía, una red de relaciones vivificadas continuamente por la escucha de la Palabra, la Celebración eucarística y animadas por el Espíritu Santo.

 

 

 

 

Juan José Calles Garzón

(Párroco de Cristo Rey)



[1] “En consideración también “a específicas exigencias formativas y pastorales, teniendo en cuenta el bien de las personas o de grupos, y especialmente los frutos que de ello pueden derivar para toda la comunidad cristiana” (DD, nº 36), la pequeña comunidad neocatecumenal, con la autorización del Obispo diocesano, celebra la Eucaristía dominical, abierta también a otros fieles, después de las primeras vísperas” (cf. STATUTA ITER NEOCHATECUMENALE, art 13&3). “De este modo son atendidas las exigencias del hombre contemporáneo: se valoriza el domingo, evitando la dispersión propia del web end, se arranca a los jóvenes de las discotecas del sábado por la noche y de la droga, se da a la familia la posibilidad de estar unida el domingo en una liturgia doméstica –momento privilegiado en la transmisión de la fe a los hijos- y se permite a los hermanos más formados ayudar a animar las misas dominicales parroquiales;  pero sobre todo la intensidad de la participación de la pequeña comunidad en la sagrada Eucaristía estimula y sostiene el cambio moral y el surgir de numerosas vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa y misionera”. Nota 49. El Papa Benedicto XVI, en su Exhortación Apostólica “Sacramentum caritatis” (2007) hace una valoración positiva de las “celebraciones eucarísticas en pequeños grupos”: “Una situación muy distinta es la que se da en algunas circunstancias pastorales en las que, precisamente para lograr una participación más consciente, activa y fructuosa, se favorecen las celebraciones en pequeños grupos. A este respecto, el Sínodo ha subrayado algunos criterios a los que atenerse: los grupos pequeños han de servir para unificar la comunidad parroquial, no para fragmentarla; esto debe ser evaluado en la praxis concreta; estos grupos tienen que favorecer la participación fructuosa de toda la asamblea y preservar en lo posible la unidad de cada familia en la vida litúrgica” (nº 63).

[2] El Papa Juan Pablo II ya había insistido en su Carta Apostólica <<Novo millennio ineunte>> (2001) en la importancia de la Eucaristía dominical: “El mayor empeño se ha de poner, pues, en la liturgia, « cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza ».19 Es preciso insistir en este sentido, dando un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, sentido como día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana.20 Desde hace dos mil años, el tiempo cristiano está marcado por la memoria de aquel « primer día después del sábado » (Mc 16,2.9; Lc 24,1; Jn 20,1¿, en el que Cristo resucitado llevó a los Apóstoles el don de la paz y del Espíritu (cf. Jn 20,19-23). La verdad de la resurrección de Cristo es el dato originario sobre el que se apoya la fe cristiana (cf. 1 Co 15,14), acontecimiento que es el centro del misterio del tiempo y que prefigura el último día, cuando Cristo vuelva glorioso. No sabemos qué acontecimientos nos reservará el milenio que está comenzando, pero tenemos la certeza de que éste permanecerá firmemente en las manos de Cristo, el « Rey de Reyes y Señor de los Señores » (Ap 19,16) y precisamente celebrando su Pascua, no sólo una vez al año sino cada domingo, la Iglesia seguirá indicando a cada generación « lo que constituye el eje central de la historia, con el cual se relacionan el misterio del principio y del destino final del mundo ».21

36. Por tanto, quisiera insistir, en la línea de la Exhortación « Dies Domini », para que la participación en la Eucaristía sea, para cada bautizado, el centro del domingo. Es un deber irrenunciable, que se ha de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como necesidad de una vida cristiana verdaderamente consciente y coherente. El deber de la participación eucarística cada domingo es una de éstos. La Eucaristía dominical, congregando semanalmente a los cristianos como familia de Dios entorno a la mesa de la Palabra y del Pan de vida, es también el antídoto más natural contra la dispersión. Es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente. Precisamente a través de la participación eucarística, el día del Señor se convierte también en el día de la Iglesia,22 que puede desempeñar así de manera eficaz su papel de sacramento de unidad” (nnº 35-36).

 

[3] Ya el Papa Juan Pablo II había hablado en NMI de promover una espiritualidad de la comunión que haga de la Iglesia “la casa y la escuela de la comunión” (nº 43).