¿POR QUÉ RUGEN LOS POLÍTICOS?

 A raíz de la publicación de la “Nota ante las elecciones generales de 2008 (30 de Enero de 2008) de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, hemos asistido y, seguimos asistiendo, a una “campaña intencionada políticamente, manipulada tendenciosamente y aderezada de mentiras, insultos, y descalificaciones vergonzosas” que han retratado a quienes las han proferido, auspiciado y alentado, es decir, a los políticos de la tolerancia y de la pluralidad.

Porque, ¿cuál ha sido  el detonante que ha provocado los exabruptos de los políticos de la tolerancia? El simple hecho de que los obispos, como cualquier ciudadano libre, sin complejos y con responsabilidad, en cualquier democracia que se precie de serlo, hayan ejercido su derecho, como Pastores de la Iglesia Católica, a iluminar y señalar las orientaciones morales a tener en cuenta, desde el punto de vista cristiano, de cara a las próximas elecciones.

Lo más sorprendente, de este asunto, es que lo que nuestros obispos dicen en la <<Nota>> ya lo habían afirmado en la Instrucción pastoral que bajo el título <<Orientaciones morales ante la situación actual de España>> publicaron el 23 de noviembre de 2006. Entonces nadie dijo nada, ningún político se rasgó las vestiduras. ¿Qué ha pasado ahora, para escenificar semejante drama nacional? Que los políticos que se autodenominan “progresistas” “tolerantes” y “pluralistas” se han quitado las “máscaras” y nos han dejado ver sus vergüenzas: su ignorancia culpable, su intolerancia manifiesta, su anticlericalismo trasnochado y su sectarismo ideológico.

Por cierto, esto es lo que los obispos afirman en la Instrucción en relación con el terrorismo: “Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político. Los eventuales contactos de la autoridad pública con los terroristas han de excluir todos los asuntos referentes a la organización política de la sociedad y ceñirse a establecer las condiciones conducentes a la desaparición de la organización terrorista, en nuestros caso, de ETA. La exigencia primordial para la normalización de la sociedad y la reconciliación entre los ciudadanos es el cese absoluto de toda violencia y la renuncia neta de los terroristas a imponer sus proyectos mediante la violencia. La justicia, que es el fundamento indispensable de la convivencia, quedaría herida si los terroristas lograran total o parcialmente sus objetivos por medio de concesiones políticas que legitimaran falsamente el ejercicio del terror. Una sociedad madura y más si está animada por el espíritu cristiano, podría adoptar, en algunos casos, alguna medida de indulgencia que facilitara el fin de la violencia. Pero nada de este se puede ni se debe hacer sin que los terroristas renuncien definitivamente a utilizar la violencia y el terror como instrumento de  presión” (nº 68). ¿Quién no suscribe estas afirmaciones tan ponderadas, concisas y clarividentes de nuestros obispos? ¿Por qué se cabrean tanto los políticos de la tolerancia? Es difícil encontrar una explicación, más allá de oportunismo político del momento.        

Diogneto  (7833653-T)