CRÓNICAS DE UN PELUQUERO

 BELLEZA Y PROPORCIONES

            La competitividad, es vicio (si cabe la expresión) que nos viene acompañando a lo largo de la Historia. Desde que los  Griegos  inventaran los primeros juegos olímpicos, (hacia el año 776 a C.), no hemos cesado  en nuestro empeño,  buscando siempre,  lejos de cualquier diferencia política o racial  quien puede ser más capaz o competitivo en determinada actividad o disciplina, hasta tal punto, que llevamos esa competitividad más allá de lo puramente deportivo que fue el inicio de todo el entramado. Y es, que  actualmente competimos hasta para descubrir la persona perfecta,  en cuanto a las formas del cuerpo y su armonía.

         Refiriéndome a lo último, desconozco el origen que da lugar a los distintos certámenes  y acontecimientos para valorar y premiar la belleza humana. No me atrevo a decir que la  elección de las personas agraciadas, en dichos  elencos, sea una elección a la ligera. Ni siquiera me atrevo a pensarlo. Hecha esta aclaración, si  me gustaría saber qué criterios se siguen,  qué concepto de la belleza tienen las personas encargadas de tan difícil tarea  para que la persona electa, en los citados  certámenes, sea de verdad y en justa medida,   la que merece ser coronada con  tan deseado distintivo.

En infinitas ocasiones,  he sido testigo,   he escuchado que la belleza es difícil de determinar debido a su gran carga de subjetividad. Cada cual, en este mundo, tiene muy claras sus preferencias y, para gustos, los colores.

 Pienso, que estas afirmaciones gratuitas distan mucho de la realidad.  No sería prudente  que quienes hacen estas declaraciones tuvieran la responsabilidad  de  selección en los casting de belleza.

           Pero, siendo cierto que las preferencias son siempre personales, no debemos dejar que nos afecte, ni que prevalezca  la influencia de un simple atractivo  ante  la exquisita pureza de lo bello.  Mientras la belleza es  inamovible y concisa regida por cánones establecidos, el atractivo si es variable y subjetivo, sujeto siempre a los distintos gustos y preferencias de cada individuo que, también, suelen ser subjetivos.  Por mi parte, trataré de exponer en pocas líneas mi modesta opinión, mi humilde parecer tal vez equivocado, acerca de tan comprometida empresa.

         Atractivo puede ser, ante los ojos de mucha gente, el rictus de una sonrisa ligeramente inclinada. Un atractivo aparente, a veces pueden mostrar unas pecas bien dispuestas sobre un rostro pelirrojo con cabello ensortijado.  Pueden mostrar atractivo, sendos labios carnosos  rebosando  carmín rojo y tal carga sensual que te invitan a pecar. Sin embargo, la belleza, la belleza se rige por leyes que es preciso estudiar y conocer. Se dice  que la belleza es la armonía, el conjunto de cualidades que determinan la excelencia de las cosas,  la prodigiosa silueta para una dama donde las medidas  90- 60- 90-, fueran referencia indiscutible en otros tiempos. La belleza, ha de ser la equidistancia entre las partes,  la percepción ecuánime de las cosas, equilibrio y emoción percibidos en igual dosis.

          Porque  (y sírvannos como ejemplos de belleza por su majestuosidad y perfección) ¿quién no experimenta una sensación de quietud y de sosiego mientras contempla la velada sonrisa de La Gioconda de Da Vinci y la discreta belleza que su gesto entraña? ¿Quién es capaz de mostrarse indolente ante la  vigorosa (aunque penetrada de una calma aparente) escultura que Miguel Ángel plasmara en el David?. O ¿Para quién puede pasar inadvertida,  se pueden ocultar los gestos de sorpresa y admiración viendo la grandiosa y armónica obra de arquitectura que Fidias levantara con el edificio del templo dórico  del Partenón?.

 ¿Quien no siente en sus carnes deleite espiritual ? ¿ A quien no le  reconforta y enriquece observar cualquiera de estas maravillas, aún desconociendo su origen e importancia?. ¿Acaso se pueden contemplar sin que ello te afecte interiormente. Cualquier ciudadano, incluso mediocremente sensible,  quedará  necesariamente afectado por la huella emocional derivada del impacto visual que proyecta cualquiera de estas maravillas sobradamente contrastadas. Y es, que la sensibilidad del individuo tiende a conmoverse ante lo bello.

               Sinceramente, considero  que ninguna de estas obras puede catalogarse como fruto de una casualidad subjetiva. Muy por el contrario, son el resultado de largos años de estudios cuya belleza y armonía radica en la relación de proporción.

              El escultor y arquitecto Policleto  -siglo V a C-. fue el primer genio, del que se tenga  constancia,  que en sus esculturas puso en práctica esa relación de proporción definiendo el prototipo del ideal de belleza masculina. Según este artista, lo bello es una ordenación, una armonía de partes claramente definidas. Así, el cuerpo de un individuo para ser perfecto, tenía que medir la longitud de su cabeza multiplicado por siete. El pie debía  ser tres veces la anchura de la palma de la mano; mientras,   la pierna, desde el pie a la rodilla, tendría que  medir seis palmos ( medida dactilar de aquella época), y así sucesivamente con el resto del cuerpo; dentro siempre de una relación de proporción entre las partes. Luego está claro que estamos ante una concepción matemática de la belleza humana. Quizás estas medidas en la época actual,  debido a los cambios físicos y al sometimiento social ante la moda,   no tengan el mismo rigor ni validez que en  el siglo V a C. Pero estoy seguro que buscando siempre la relación de proporción el resultado final nos llevará,   a la mismísima perfección.

              Luego,  pensar que la belleza es subjetiva es ignorar por completo las leyes que rigen la armonía. Romper con los cánones establecidos y  con ese concepto matemático de la belleza humana que tanto esfuerzo le costó desarrollar a personas con mentes tan abiertas cuando todavía se pensaba que la tierra era el centro del universo y la tecnología apenas si superaba la edad de piedra.

BENEDICTO HERNANDEZ