El secreto detrás del Código Da Vinci

¿Es verdad lo que muestra el Código da Vinci?... ¿Hasta dónde son engañados sus lectores?

¿ Qué tanto es ficción y qué tanto es realidad en el Código da Vinci?....¿Dónde radica el engaño? .. Te invitamos a leer e interactuar con una serie de herramientas digitales dedicadas a desmitificar el contenido de la novela de Dan Brown. El Código da Vinci es una obra de ficción, pero muchos lectores piensan que han encontrado la «verdad» ya que su autor presenta muchas afirmaciones sobre la historia, la religión y el arte como si fueran verdades y no como parte de su mundo de ficción.

El escritor Carl Olson, autor del libro El engaño da Vinci comenta que, desgraciadamente, también algunos cristianos han sido engañados al grado que muchos piensan que es un libro inofensivo que enriquece su fe. La novela, actualmente, ha vendido más de 40 millones de ejemplares (se estima que su proyección cinematográfica podría ser vista por más de 800 millones de personas) y ha generado mucha controversia y confusión. Si bien se trata de una obra de ficción, es considerada por muchos como una representación históricamente exacta y efectiva de los primeros cristianos y de la Iglesia católica. Más grave aún es que muchas de las personas que han tenido contacto con el libro han visto cómo su fe en Cristo y en la Iglesia católica queda sacudida.

¿A qué se debe su éxito?, ¿por qué atrae a tanta gente?

Carl Olson, autor del libro El engaño da Vinci considera que: "La novela mezcla juntos elementos que son absolutamente atractivos dentro de una cultura posmoderna: una actitud relativista hacia la verdad y la religión, referencias basadas en conspiraciones, feminismo radical, aversión por la autoridad religiosa y la creencia implícita de que la realidad es maleable y puede ser adaptada, así lo dice, a los deseos de cada persona. Sin embargo, el libro se basa en una fórmula standard utilizada por las novelas de romance, y pesar de toda su charla de extraños rituales de sexo y androginia tiene en su base una historia de amor tradicional. Otro factor es que la novela se lee como un guión hecho para televisión, con capítulos cortos, conversaciones concisas, desarrollo de personajes breve y contextos escasamente construidos. Se hace un abrumador énfasis en las emociones de los personajes. Así, aunque la novela contiene referencias que podrían resultar extrañas a los lectores, mantiene también un cierto nivel de agrado".

Por su parte el escritor Mark Shea, autor del libro La decepción del Código da Vinci considera que "el libro se ha convertido en un enorme fenómeno cultural, en gran parte porque ataca a la verdadera persona y misión de Jesucristo. La respuesta a largo plazo es que «El Código da Vinci» se ha convertido en la fuente de lo que yo llamo el «pseudoconocimiento» sobre la fe cristiana. El pseudoconocimiento es eso que todos conocen, pero que en realidad nunca ocurrió. El pseudoconocimiento importa realmente cuando afecta negativamente a las creencias más sagradas de mil millones de personas, y cuando acusa a la Iglesia católica de ser una gran «asociación de delincuentes», fundada sobre la mentira de la divinidad de Jesús y de su resurrección. Cuando esto sucede, genios muy desagradables salen de sus botellas, como cuando las mentiras registradas por la policía zarista del siglo XIX, en los «Protocolos de los Sabios de Sión», se convirtieron en la base de lo que «todos saben» sobre los judíos, justificación de las terribles persecuciones antisemitas del siglo XX".

El mismo Shea nos dice: "El Código da Vinci» no es más que una manifestación de lo que yo llamo el último «auténtico» Jesús, cada generación tiende a descubrir el último auténtico Jesús. Hace cien años, Albert Schweitzer descubrió que el «auténtico» Jesús era un Evangelio Social Protestante. En los explosivos años veinte, la gente descubrió que Jesús era un muchacho de un póster publicitario. En los treinta, los nazis descubrieron un «auténtico» Jesús que era ario, no judío, mientras que los comunistas descubrieron un Jesús que fue el primer «marxista». En los sesenta, se descubrió que el «auténtico» Jesús era un hijo de las flores, amante de los hongos alucinógenos, lo cual explicaba estupendamente todas las visiones y milagros. En los setenta, el «auténtico» Jesús resultó ser un «superstar» al modo de los dictados de la cultura rockera. En los ochenta, apareció en escena para prometer salud y prosperidad y curar a tu niño interior, al modo de cuando sufría crisis existenciales --luchando con su libido y comido por la duda sobre sí mismo--, como si fuera un ensimismado niño de la generación del «boom», en «La última tentación de Cristo». En los noventa, de repente se descubrió que era un entusiasta homosexual en la obra blasfema «Corpus Christi». Hoy, vivimos en una cultura obsesionada con la vida sexual de los ricos y famosos, que cree con facilidad en amplias teorías de conspiración, repleta de nociones sobre paganismo y feminismo, y hostil a las nociones tradicionales tanto de razón como de autoridad. Por una incomprensible coincidencia, Dan Brown ha descubierto un «auténtico» Jesús que refleja perfectamente esta amplia cultura veleidosa. Y cuando la gente cree cosas basadas en esta cultura mudable, especialmente cosas malignas, esto es dañino para su fe".

El director del Centro de Estudios sobre las Nuevas Religiones (CESNUR) de Génova, Massimo Introvigne explica que parte de los motivos del éxito de la novela se deben a: "une dos tipos de modas muy difundidas: la de los complots y sociedades secretas que dominarían el mundo, y la de un anticatolicismo cada vez más claro y virulento"

José Antonio Ullate Fabo, Licenciado en Derecho, escritor y periodista especializado en información y opinión religiosa, ha profundizado en las razones del éxito de la novela de Dan Brown en su libro “La verdad sobre El Código da Vinci” (LibrosLibres, Madrid, 2004) y comenta: "Una indudable habilidad técnica del autor, un tema morboso: mezclar el ataque a la religión católica con la exaltación de la sexualidad instintiva y una ingenuidad trágica por parte de los lectores y, sobre todo, el ingrediente necesario para cualquier éxito: mucha suerte".

En voz de Rafael Navarro-Valls, Catedrático de la Universidad Complutense, El fenómeno editorial del Código da Vinci ha saltado las fronteras del ámbito de la literatura de evasión –por denominarlo de algún modo- para instalarse en el ámbito de la sociología de masas. Está generando corrientes de opinión superiores a la de cualquier best-seller habitual, y ofrece algunos temas de reflexión, sobre todo cuando su autor anuncia una nueva novela. Aparentemente, se trata de un super-ventas más, que ha gozado de la estrategia publicitaria característica de los grandes productos americanos, fruto de una notabilísima inversión económica y de una promoción mundial (la frase no es exagerada) con ediciones millonarias en numerosos países, aparte de las webs, los foros de apoyo, las promociones en librerías, etc. Sin embargo, el Código es más que un superventas al uso, porque ha puesto en marcha unos resortes inusuales en los productos de su género. Precisamente en ese punto –el género- se encuentra parte de la clave de su éxito. Brown ha construido un producto híbrido, con elementos de muy diversos géneros: novela de acción y misterio, novela negra, trama de investigación, literatura fantástica, manifiesto ideológico, etc. Es lógico que el Código haya tenido éxito".

¿Por qué se pone en duda la veracidad de los Evangelios y la enseñanza de la Iglesia?

Tristemente, -nos responde Carl Olson- "para algunas personas, la cultura pop es la realidad – o al menos el único medio por el que interactuará y hará frente a la realidad. No es que la cultura pop sea mala o que la cultura pop no tenga nada que ofrecer. Pero la cultura pop se basa mucho en proporcionar a la gente lo que quieren escuchar o ver o sentir, sin importar su grado de verdad. También simplifica y convierte en sensaciones asuntos que son complejos y requieren un cuidadoso estudio. Y puesto que mucha de la cultura pop es una cultura joven y de rock ‘n’ roll, prospera desafiando a la autoridad y a las ideas aceptadas, a menudo sin razón alguna sino es la emoción de la rebelión. Sin embargo, se debe observar que muchas de las ideas clave en «El Código da Vinci» salieron a la luz en un ambiente de educación más elevada, incluyendo los desafíos al contenido y datación de los Evangelios, así como los desafíos a la enseñanza de la Iglesia sobre algunos temas. Éste es el caso también de los mensajes feministas radicales en la novela. Han sido populares en universidades e institutos durante décadas, pero la novela lo presenta en una forma de ficción que absorberán millones, no sólo unos cuantos cientos".

El catedrático de la Universidad Complutense, Rafel Navarro-Valls agrega: "El Cristo de Brown es falso, pero tiene la ventaja práctica de no ofrecer ninguna exigencia: su cristianismo es también falso –no tiene cruz y está trufado con feminismos radicales y prejuicios anticatólicos rancios- pero es infinitamente más cómodo que el real. La historia y la religión de Brown son muy pret-a-porter, completamente casual: pueden usarse según convenga -la mentira es bella- y colgarse en el perchero cuando resulten incómodos.

Algunos de sus problemas teológicos

En breve la trama del Código da Vinci es la siguiente:

* Jesús se casó con María Magdalena y tuvo varios hijos. Su descendencia es el verdadero Santo Grial (sangre de rey = sang real = Santo Grial).

* Cristo confió la Iglesia a María Magdalena, pero los apóstoles se confabularon contra ella, y tuvo que escapar a Francia. Desde entonces el clandestino «Priorato de Sión» protege a la descendencia de Cristo de los ataques de la Iglesia Católica, y transmite sus secretos en códigos ocultos. Por ejemplo, en la «Última Cena» de Leonardo Da Vinci, la figura junto a Cristo no es el apóstol Juan sino María Magdalena.

* La novela comienza cuando una comisión de cardenales presiona al prelado del Opus Dei para que uno de sus miembros, asesino de profesión, mate a los últimos descendientes vivos de Cristo.

* Jesús no pensaba ser Dios, ni sus discípulos lo consideraron divino. La creencia en la divinidad de Jesucristo fue impuesta por el emperador Constantino en el Concilio de Nicea del 325.

* Jesús y María Magdalena representaban la dualidad masculina- femenina (como Marte y Atenea, Isis y Osiris); los primeros seguidores de Jesús adoraban «el sagrado femenino», pero luego fue eliminado, y la Iglesia se hizo misógina.

* La Iglesia se basa sobre una gran mentira: Cristo era un hombre normal y corriente. Para ocultar la verdad, la Iglesia ha destruido documentos, ha asesinado a millones de brujas y herejes, ha manipulado las Escrituras...

En palabras del investigador y escritor, Carl Olson: "la novela se basa en una serie de creencias esotéricas, neo-gnósticas y feministas que están en oposición directa con el cristianismo. Mucho se ha hablado de la mención de la novela de que Jesús y María Magdalena estaban casados, pero eso sólo es la punta de iceberg. Tras la superficie se encuentran sistemas de creencias que enseñan que el cristianismo es una mentira violenta y sangrienta, que la Iglesia católica es una institución siniestra y misógina, y que la verdad es, en última instancia, creación y producto de cada persona. Dan Brown, el autor de la novela, ha admitido prontamente en entrevistas que la mayoría de las ideas en «El Código da Vinci» no son originales suyas. La herencia intelectual, ideológica y espiritual de «El Código da Vinci» se puede rastrear en pasadas décadas, incluso siglos. La novela es apenas innovadora ni marca ningún antes y después como algunos lectores piensas.Brown ha tomado la mayoría de sus ideas de unos cuantos libros recientes, libros populares que están llenos de teorías de conspiración, de imágenes sesgadas de la teología católica y de extrañas e insustanciales referencias a acontecimientos y personajes históricos. Al final, lo que Brown ha logrado es la creación de un mito popular que destila y presenta creencias de forma que no exijan sino que entretengan y atraigan. Este mito funciona en más de un nivel, al ser una novela de misterio, un romance, un thriller, una teoría conspiratoria y manifiesto espiritual, todo a la vez. Un rasgo de su atracción es que promete una forma de gnosis – o conocimiento secreto- sobre algunos temas y sugiere que es en el individualismo subjetivo, no en la religión tradicional, donde radican las verdaderas respuestas a las grandes cuestiones de la vida. La triste ironía es que algunos católicos piensan que la novela es un maravilloso trabajo de literatura que puede, de alguna manera, ayudarles a explorar y a entender mejor su fe. Pero la novela se basa en la creencia de que Jesús era un mero hombre, que el cristianismo es un despreciable impostor y que se debe evitar toda referencia a la verdad religiosa objetiva".

La escritora, columnista del semanario Our sunday visitory autora del libro Decodificando a da Vinci, Amy Welborn agrega:"Brown hace varias afirmaciones, ninguna de las cuales puede asumirse seriamente como verdadera, en boca de eruditos ficticios. El libro se basa en un Jesús, profesor mortal de sabiduría, que intentaba reintroducir la noción del «sagrado femenino» en la conciencia y experiencia humanas. Tuvo seguidores, y se casó con María Magdalena, que es considerada la líder de este movimiento. A esto se opuso otro partido --el «partido de Pedro»-- que trabajó para suprimir la verdad, que se logró en última instancia con las acciones del emperador Constantino que «divinizó» a Jesús en el concilio de Nicea en el 325. Es esta sugerencia de que la Iglesia cristiana se ha empeñado en una ocultación destructiva de la verdad lo que ha intranquilizado a los lectores, así como la idea --propuesta por afirmaciones de Brown como «los historiadores creen»-- de que Jesús no fue considerado divino por sus primeros seguidores. Por ejemplo, Brown dice que el «partido de Pedro», es decir, el cristianismo ortodoxo, se opuso a María Magdalena y la demonizó. Pues bien, en los primeros siglos en que esto estaba supuestamente ocurriendo --los primeros tres siglos del cristianismo-- tenemos muchos ejemplos de Padres de la Iglesia que sostenían que María Magdalena recibiera una alabanza particular. María Magdalena es honrada como santa en el catolicismo y en la ortodoxia. ¿Cómo es que se la demonizó? Además, y algo más fundamental, Brown afirma que Constantino básicamente inventó la noción de la divinidad de Cristo para apoyar su poder y unificar el imperio. Si este fuera el caso, ¿qué era, en realidad, ese «partido de Pedro» de la ortodoxia que Brown afirma que ha estado luchando contra los devotos de María Magdalena por todo el poder durante estos siglos? No se sostiene. Los lectores necesitan entender que las fuentes de las que depende Brown son sobre todo escritos gnósticos que datan de finales del primer siglo como muy pronto, y con toda probabilidad de mucho más tarde. Ignora completamente los escritos del Nuevo Testamento, que incluso los eruditos más escépticos datan del primer siglo, al igual que el testimonio de los Padres Griegos y Latinos, así como la evidencia litúrgica de estos tres primeros siglos".

Según comenta el Catedrático español, Rafael Navarro Valls, "Los resortes inusuales que ha utilizado se suelen denominar en el lenguaje cotidiano los “grandes temas”. La guapa francesa y el listo americano no intentan descifrar en este caso el asesinato de turno, sino la verdad histórica de Cristo; y al final no encuentran un cadáver en una casa abandonada, como en el resto de las novelas negras, sino la mismísima tumba de María Magdalena bajo la Pirámide de Cristal del Louvre parisino.Uno de los récords del libro ha sido lograr una crítica unánime. Ningún crítico literario de prestigio de Estados Unidos, de Inglaterra, Francia o España lo ha valorado positivamente. La crítica culta ha sido universalmente demoledora. Los especialistas de los diversos ámbitos a los que alude (religión, cultura, arte, historia) han sido unánimes también en considerarlo un producto culturalmente basura. No hay terreno cultural por el que se adentre el autor que resista un análisis serio. Por ejemplo, en lo que se refiere a la historia: no se basa en la historia real, ni en los documentos conocidos: su autor va recogiendo lo que le resulta útil, verdadero o falso, para apoyar su teoría –Cristo fue el primer feminista; la Iglesia es asesina, mentirosa, etc.-, y no duda en manipular y desfigurar los datos que necesita para avalar sus afirmaciones, cuando no se los inventa sencillamente; eso sí, mezclando sus invenciones con sucesos parcialmente reales. Lo mismo se puede decir del terreno artístico. En este caso, no han sido los especialistas, sino los simples conocedores de Leonardo los que han manifestado su repulsa, también generalizada. Y algo parecido ha sucedido en el ámbito religioso. Ningún estudioso de las religiones lo ha tomado en cuenta: entre otras razones, porque es patente que el autor desconoce los estudios elementales sobre la materia. Brown sostiene, con tono anticatólico nada disimulado, que la humanidad ha sido engañada por la Iglesia acerca de Cristo durante veinte siglos, apoyándose en lecturas parciales de escritos fantasiosos de la literatura New Age; del libro “El enigma sagrado”; de las teorías gnósticas, etc".

Los peligros de los errores

"La amplia aceptación de la mayoría de las referencias de Brown es algo asombroso", -nos dice Carl Olson- "sobre todo porque muchas de ellas no lograrían pasar lo que llamaríamos «la prueba de la enciclopedia escolar. Por ejemplo, la novela indica que la «Virgen de las Rocas» de Leonardo da Vinci, que se encuentra en el Louvre, es «un lienzo de cinco pies de alto», aunque una rápida búsqueda en Internet o en una enciclopedia nos muestra que tiene seis pies y medio de altura. Normalmente, esta clase de detalles se podrían considerar licencias artísticas. Pero la insistencia de Brown en que las representaciones de obras de arte son exactas – y su esposa es historiadora de arte – indican que no es cuidadosa con la verdad. Esto se convierte en un problema mucho más serio cuando hace referencia a que antes del Concilio de Nicea nadie creía que Jesús fuera divino, que la Iglesia católica quemó a 5 millones de mujeres en la hoguera en el medioevo y que todas las más importantes creencias del cristianismo se han robado de las religiones paganas. Esta clase de asertos parecen basarse en una sincera aversión a la Iglesia católica – la novela nunca menciona al protestantismo ni a la ortodoxia oriental – y a un deseo de desafiar los conocimientos aceptados de acontecimientos, personajes y creencias. El peligro está en que muchos lectores al parecer están tomando las referencias de la novela como hechos verificados y creen que han descubierto el talón de Aquiles de la Iglesia. Esto llega a ser aún más difícil cuando dichas personas no quieren ni siquiera considerar las refutaciones o respuestas a «El Código da Vinci». Aquí está otra vez la llamada a un supuesto conocimiento secreto: una vez que la persona lo tiene, no cree que necesite considerar los argumentos o hechos contrarios".

Por su parte Mark Shea puntualiza: "No sólo hay errores garrafales sobre los hechos sino también mentiras descaradas, grandes y pequeñas, sobre prácticamente cada una de las materias que Brown toca en cuestiones de arte, historia y teología. Da a entender que documentos falsos, que equipara a sus cuestionables fuentes rechazadas, corresponden con los hechos. Afirma que Leonardo Da Vinci no da a Jesús un cáliz en su cuadro de «La Última Cena» para decir indirectamente que María Magdalena es el verdadero cáliz que lleva la «sangre de Jesús» --es decir, su hijo--, a pesar del hecho de que hay trece copas en la pintura. Habla acerca del significado de una palabra aramea en el evangelio gnóstico de Felipe, olvidando el hecho que ese texto está escrito en copto. Presenta a María Magdalena como la víctima de una campaña de difamación católica, sin detenerse a preguntarse por qué es una santa católica. Culpa al «Vaticano» de varios complots y conspiraciones que supuestamente tuvieron lugar siglos antes de que existiera el Vaticano para poder conspirar. Y, por supuesto, en la mayor mentira de todas, declara que todo el mundo antes del año 325 pensaba que Jesús no era más que un «profeta mortal» hasta que Constantino obligó al Concilio de Nicea a declararle Dios «por una diferencia escasa de votos». Por supuesto, no se para a preguntarse por qué, si Jesús fue sólo un «profeta mortal», se molestó en fundar una Iglesia, ni qué fue de la Iglesia durante los 300 primeros años del cristianismo si nadie daba culto a Jesús como Dios. Brown está intentando establecer un mito inventado, feminista y neopagano. El mito básico es: Jesús era feminista, partidario acérrimo del neopaganismo. Supuestamente la Iglesia cubrió todo esto con mentiras sobre su divinidad. El punto de vista de Brown es: regresemos al culto a la diosa como pretendió Jesús. Esta afirmación ridícula y sin ningún fundamento es, por supuesto, completamente contraria a los hechos de Jesús".

Para Rafael Navarro-Valls: "El libro en sí no ofrece demasiados elementos de interés: es un producto sin calidad, muy similar, en gran medida, a los que ofrece la llamada televisión basura, destinado al consumo de masas nada exigentes desde el punto de vista cultural. Su modo de trabajar el morbo es similar. Lo que me resulta especialmente sugestivo, más que el libro, es el “fenómeno da Vinci”, que pone de relieve –en contra de lo que pudiera pensarse- el interés generalizado acerca de los grandes temas, como la búsqueda de la Verdad, la figura y el mensaje de Cristo, la fe o el sentido de la vida. Desgraciadamente, la respuesta del autor ante esas grandes preguntas es decepcionante y tramposa. Es como ofrecer un culebrón a los interesados en las auténticas pasiones humanas. En los culebrones hay pasiones; pero no es eso, no es eso. El fenómeno Da Vinci muestra los frutos de la cultura de la sospecha, del “pensiero debole” y del estado mental de duda característico de la sociedad actual. Estos elementos han acabado generando en los sectores más indigentes desde el punto de vista cultural de la sociedad esa actitud de credulidad acrítica que está en la base del “fenómeno da Vinci”. Parece como si un sector de la población pareciera dispuesto a tener fe en lo que les diga el primer iluminado de turno, con tal de que le cuente de forma amena aquello en lo que desea creer y le diga que es falso todo lo que les suponga exigencia moral. Si la realidad va por otro lado, siguiendo el viejo dicho periodístico, peor para la realidad. El género humano, como advertía Eliot, no soporta demasiada realidad".


¿Es el Código da Vinci anticatólico?

Amy Welborncolumnista del semanario Our sunday visitor y autora del libro Decodificando a da Vinci responde: "Lo es, en este sentido: Dan Brown considera culpable al catolicismo por supuestos crímenes que, si fuera consecuente, harían culpable a todo el cristianismo. Después de todo no es únicamente el catolicismo el que cree que Jesús es divino, recita el Credo de Nicea, y acepta el canon del Nuevo Testamento. No es sólo la Iglesia católica la que desempeña un papel --y ni mucho menos tan grande como Brown proclama-- en la ejecución de brujas durante el último periodo medieval y los inicios de la época moderna. De modo que, en este sentido, se puede decir que «El Código Da Vinci» es anticatólico".

¿Qué opinión le merece el Código a la jerarquía Católica?

En realidad, la Santa Sede no ha dado ninguna indicación ni tomado ninguna iniciativa excepcional. El arzobispo Tarsicio Bertone, que en el pasado fue secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe comenta: "La tesis de fondo del libro de Brown, no son nuevas. Algunas se remontan a los Evangelios gnósticos. Uno de los errores más evidentes del libro es la llamada ‘obliteración’ del aspecto femenino en la narración evangélica, y en la vida de la Iglesia. No hay nada más falso. En los Evangelios, como sabemos, tiene un lugar predominante Nuestra Señora, la figura femenina por excelencia, la Madre de Jesús. Además, el grupo de las mujeres, en la historia del Nuevo Testamento, y por tanto en los Evangelios, tiene una visibilidad casi igual a la del grupo de los Apóstoles. Se habla incluso de la presencia de "diaconisas" en la Iglesia primitiva. Por tanto --afirma--, ¡no hay nada más falso que la necesidad de inventar una María Magdalena “amazona”, o algo así, en la historia de la Iglesia primitiva, como si las mujeres no estuvieran ya presentes! Otro elemento, y el más mixtificado, es la negación de la muerte y Resurrección de Jesús --añade el cardenal Bertone--. Las narraciones evangélicas sobre la Pasión de Cristo son las más precisas y determinadas, con un verismo que algún periodista ha calificado de “horror fundamentalista”, en el caso del relato cinematográfico sobre "La Pasión" de Mel Gibson. No es así, indica el purpurado, es una «descripción verista que se corresponde con los Evangelios. Por tanto, la muerte de Jesús está probada de manera incontestable, y lo mismo la Resurrección. ¡Este libro está lleno de mentiras fabricadas! La Iglesia, con nuestro Papa Juan Pablo II, ha impactado de manera excepcional a la actual humanidad, y esto ha molestado a muchos. La estrategia de distribución responde a un "marketing" absolutamente excepcional, incluso en las librerías católicas".

El cardenal Bertone cita al sociólogo estadounidense Philip Jenkins, según el cual, éxito del libro es sólo otra prueba de que el anticatolicismo es el último prejuicio aceptable. "Hay un gran prejuicio anticatólico --constata--. Me pregunto qué hubiera pasado si se hubiera escrito un libro así, lleno de mentiras, sobre Buda o Mahoma, o incluso, por ejemplo, si se hubiera publicado una novela que hubiera manipulado la historia del Holocausto o de la Shoá. No se puede hacer una novela mixtificando los datos históricos, o maldiciendo o difamando a una persona histórica que tiene su prestigio y su fama justamente en la historia de la Iglesia, en la historia de la humanidad".

Marc Carroggio, responsable de la relación del Opus Dei con los medios internacionales comenta: "Ya sé que la ficción tiene sus propias reglas y no hay que tomarla demasiado en serio. Pero, como a cualquier cristiano, me disgusta la frivolidad con que el libro juega con la vida de Jesucristo. Además, el problema de un guión de este tipo es que «criminaliza» a un grupo de personas. Presenta a la Iglesia como una banda de delincuentes que durante dos mil años ha estado dispuesta a todo con tal de mantener escondida una gran mentira. Aunque resulte grotesco, y a veces algo cómico, se acaba ofreciendo un retrato odioso de una institución, y está comprobado que los retratos odiosos generan sentimientos de odio en personas que carecen de recursos críticos. Me parece que no necesitamos más caricaturas de ninguna religión. Tendríamos que estar todos de la parte de la concordia, de la tolerancia, de la comprensión. No se puede pedir la paz con la mano izquierda y golpear con la mano derecha. Hay quien está esperando una especie de declaración de guerra, por parte de la Iglesia católica y, dentro de ella, del Opus Dei. Quizá sería interesante para el márketing de la película: ya sabe, un conflicto entre poderes y todo eso. Pero puedo asegurarle que la única respuesta que llegará del Opus Dei será una declaración de paz. Nadie va a formular amenazas, ni promover boicots ni nada parecido. La verdad es que habríamos agradecido un gesto explícito de respeto de la empresa productora, Sony Columbia. Sin embargo, por su parte sólo ha habido lo que podríamos llamar «amable indiferencia», sin muestras concretas de sensibilidad hacia las creencias religiosas. La reacción de las personas del Opus Dei será la misma que la de muchos otros cristianos: intentar convertir el limón en limonada. En realidad estamos ante una gran oportunidad de hablar de Jesucristo. Pienso que el interés por la figura de Jesucristo explica en parte la difusión de la novela. Es el típico caso de parasitismo cultural: hacerse famosos polemizando con famosos; presentar la trasgresión como arte. Si no fuera Jesucristo el personaje que está en el centro de la trama de la novela, se desinflaría su interés. Opino que la mejor respuesta es facilitar el conocimiento de Jesucristo, con medios adecuados. Intuyo que este año mucha gente se animará a leer el Evangelio, consultará algún buen libro sobre la vida de Cristo, y quizá se planteará los grandes temas de la fe, que dan luz a las preguntas más difíciles sobre la existencia humana".

¿Cómo conocer con exactitud lo que calla el Código da Vinci ?

Ante todo esto habrá quienes se pregunten: ¿Los católicos deberían leerla? ¿Qué se podría responder a su contenido? ¿Cómo conocer con exactitud lo que calla el Código da Vinci?

Mark Shea autor del libro La decepción del Código da Vinci afirma que "Quienes dicen que «no es más que una novela» simplemente no comprenden que en esto consiste el engaño. La gente a menudo acepta en una novela de ficción lo que no aceptaría en un debate razonado".

Es importante reconocer que novelas como «El Código da Vinci» no son «sólo ficción». Son medios para transportar ideas y creencias a grandes grupos de gente, a menudo sin que los lectores aprecien plenamente lo que están consumiendo. Es fundamental formar lectores críticos que analicen y determinen cuidadosamente lo que están diciendo y consideren por qué ha sido escrito para que no les hagan creer mentiras como si fueran hechos verídicos. Con ese fin en mente, hemos reunido una serie de documentos que pretenden ofrecer a los lectores herramientas de lectura para que conozcan a profundidad la doctrina, práctica e historia de la Iglesia y a su vez encuentren una orientación ética que les permita diferenciar entre los hechos y la ficción narrada por Dan Brown.

Para saber más te invitamos a leer y descubrir todos los recursos interactivos preparados en el blog El secreto detrás del Código Da Vinci

Todo lo que querías saber de la fe y que el Código da Vinci no supo comunicar.

Fuente : www.catholic.net