IMAGEN Y MENSAJE

              Según Oliver wendell Holmes la sabiduría es la suma del pasado pero la belleza es la promesa del futuro.

            Aunque difícilmente existiría esa belleza sin la preocupación, el buen gusto y el suficiente cuidado que para ello se necesita. Y de la misma manera que un rostro en armonía ve disminuido su encanto como consecuencia de un cabello mal atildado, hermosas y atendidas cabelleras realzan y armonizan aquellos rostros menos favorecidos.

            Decía y aconsejaba OVIDIO a la mujer romana: considera mujer, ante todo, tu decoración personal. La belleza del cutis y del pelo es ciertamente un regalo de los dioses pero el cuidado que dediquéis a su tratamiento, lo mismo que a vuestra vestimenta, realzará vuestra belleza. Y es que si no sois solícitas en el arte de cuidar vuestro tegumento, incluso cuando gocéis de una cara hermosa comparable a la diosa de idalia, la misma perderá todo su encanto.

En el transcurrir del tiempo el culto al cuerpo ha sido y sigue siendo perenne preocupación en el grueso de los mortales. De ahí, el incesante peregrinar recurriendo a médicos dietéticos, gimnasios, saunas, liposucciones, operaciones de quita y pon y todo un sin fin de recursos y estrategias en la búsqueda infinita de una figura modelo, de nuestro cuerpo, que sacie las expectativas personales y supere las fluctuaciones que de manera constante la moda nos va imponiendo en cada época.

            Pero, a pesar de tanto esfuerzo y preocupación es frecuente encontrarnos con multitud de personas que tratan de lucir palmito o exhibir lo que consideran propios encantos sin advertir que su aspecto, infiel a cualquier estilo, dista de la armonía y carece de atractivo, debido principalmente al desconocimiento de lo que podría denominarse orden estético de la imagen personal.

Para  comprender mejor y tener más en cuenta este orden estético, es conveniente que sepamos y conozcamos la importancia que tiene la imagen personal, tanto en nuestros días, en una sociedad tan mediatizada y exigente, como la que tuvo en épocas anteriores. Es el caso del clásico de Pigmalion, tantas veces repetido en la pantalla, personaje que dedicaba su tiempo a la formación de gentes  sin imagen ni modales convirtiéndolas en ejemplo de conducta y de decoro.  

            Es la imagen en su conjunto, más del cincuenta por ciento del éxito o del fracaso en nuestra vida social y laboral. Algo que la sabiduría popular refleja sobremanera donde reza: que una imagen vale más que mil palabras. Si atendemos a este razonamiento y siendo evidente que, las personas, a través de nuestra imagen externa, de manera consciente o inconsciente, estamos emitiendo mensajes, es de obligado conocimiento la adecuada interpretación, en cuanto al significado y el contenido correcto de los mismos, para que de esta manera sean bien transmitidos. Que conecten con absoluta claridad con nuestros receptores y nunca de manera confusa o distorsionada evitando de esta guisa el análisis y el criterio sobre conceptos equivocados. Es decir, debemos personalizar los estilos, adaptar la imagen al mensaje, que dependerá de cada persona y de la necesidad de cada momento, salvo cuando se trate de atender a un colectivo

Siendo esto una obviedad, no es frecuente conocer que a través de la imagen externa y de la expresión percibimos o transmitimos los estados de ánimo, ya sean alegrías o tristeza, motivación o desánimo, salud o enfermedad. O que a través de la imagen externa, de la expresión y de las habilidades sociales, percibimos o transmitimos la cultura y en general el saber estar. Que las líneas rectas alargan los objetos en el sentido de la dirección o que las formas irregulares nos transmiten percepciones de pesadez o desequilibrio.

Hemos de suponer que, en  algún momento de la prehistoria, el ejercicio de cortarse el pelo se hacía por que este molestaba, o por que sobraba como algo inútil y superfluo. En la actualidad y dada su privilegiada condición en el semblante estético de la persona, el cabello, sempiterno delirio de la preocupación del individuo, representa una engrosada lista de antojos, extravagancias, complejos y frustraciones, a veces tratando de seguir la moda, por el capricho de salir de ella buscando la novedad y a veces por vanidad queriendo ser diferente pero teniendo en cuenta siempre la imagen.

En esa situación estratégica y de privilegio por su conexión directa con el rostro, los cabellos, independientemente de modas pasajeras, o no, transmiten percepciones de carácter y van siempre acompañados de una gran carga psicológica.

Han sido motivo muchas veces de distintas reivindicaciones por determinados grupos sociales y sus particulares maneras de entender la vida. Como ejemplo no muy lejano se me antoja la imagen del movimiento hippie con sus proclamas de paz y de libertad, vestidos con indumentaria desenfadada de grandes estampados y amplios motivos florales con la característica tan peculiar de sus cabellos largos y rizados que les conferían un indudable aspecto de romanticismo.

            Así, a través del cabello pueden distinguirse diferentes épocas de la Historia, que han dado lugar a fenómenos sociales o culturales.  Familias enteras o dinastías se distinguieron por una manera determinada de cortar o peinar sus cabellos, asociados también, a determinadas costumbres o ritos que encontraron en el estilo de llevar su cabellera un vehículo de comunicación natural. Una forma de expresión que se utilizó incluso antes que la escritura.

Pues fue y se entendía como indicativo de esclavitud, cuando el propio Julio Cesar hacia afeitar los cabellos de quienes eran sus prisioneros. Para los visigodos, principalmente los suevos, el cabello rasurado, también, fue ley de castigo, como lo fue para los adivinos en el Fuero juzgo.

 Los guerreros del pueblo Celta, tenían como costumbre  poner sus cabellos de punta. Después de esta artimaña parecían más fieros ante sus rivales en el campo de batalla. Para conseguir esos cabellos erizados en la zona de la nuca, a modo de crin de caballo, hacían una fusión con ceniza y orín de la propia bestia  obteniendo la doble función de aclarante capilar. Decían, de ellos, los irlandeses que las puntas de sus cabellos eran tan tiesas que podían clavarse en una manzana.

            Durante la Edad Media, en España, el respeto por el cabello de las mujeres era desmesurado. El Fuero de Plasencia decía: Todo home que por cabellos a mugier tomare, peche diez maravedíes.

            Por otra parte, el cabello largo para los antiguos germanos era signo de libertad , para los Francos fue distinción de realeza. Otros pueblos pensaban que el cabello largo era sinónimo de fuerza y virilidad. Recordemos a Dalila cortándole los cabellos a Sansón, mientras dormía, con la única intención de mermarle su fuerza.

En nuestra época actual el cabello largo y haciendo uso de la asesoría de imagen se utiliza para transmitir percepciones de capacidad, de poder, de autoridad.

Ha sido frecuente, también, en nuestra era y sin que ello tenga que ser el fiel reflejo de una realidad, asociar a las personas que lucen elaboradas crestas con sujetos de difícil carácter. Cabellos muy dejados o abandonados, con cierta perturbación o locura, o los cabellos extremadamente cortos con personas de carácter radical, con la uniformidad y disciplina militar, con el castigo de las cárceles y campos de concentración. Como es frecuente   asociar cabellos de punta con niños de aparente rebeldía. O la tonsura de otros tiempos con la obediencia

Y transcurridos tantos años de historia, después de estas interpretaciones y todas las demás que del corte de cabello, de su forma, su medida, su color pudiéramos hacer, seguimos manteniendo idénticos conceptos o muy próximos a los de siglos anteriores, y a mi como profesional peluquero se me ocurre que quizás cabría hacerse la siguiente reflexión: De verdad nos cortamos el cabello con relación a nuestra imagen y al mensaje que queremos trasmitir.

            Se experimenta una necesidad de renovación apremiante en el sector con profesionales peluqueros que dominen la disciplina de la asesoría de imagen. Implica esto que, entre otras cosas, tengan amplios conocimientos en bellas artes así como en materia de anatomía y morfología, que sean buenos comunicadores a la vez que receptores, con mucha sensibilidad y amplia cultura, que conocedores de la historia tengan la capacidad suficiente para interpretar sobre la práctica aquello que la sociedad actual cada vez demanda con más fuerza.

                         BENEDICTO HERNÁNDEZ

           Peluquería INTERMODA C/ Grillo 15,b.