Y de nuevo, en tu casa, Señor, me dispongo a hacer algo por ti. Sabes todo lo que lucho cada día, aunque quizás para ti no sea suficiente. No sé que esperas de mi, porque a pesar de mi juventud, Señor, no me quedan fuerzas, me cansé de luchar. Solo siento puñaladas a mi alrededor, quizás como esa negación de Pedro, esos clavos y ese huir de ti; el dolor de quedarse solo, de dar tu vida por los demás, de dedicar tu tiempo a algo que no merece la pena; pero lo tuyo si que mereció la pena, nos enseñaste otra forma de ver la vida, otra forma de vivir… Sin embargo a veces me pregunto si de verdad esto mereció la pena. Fíjate, ¿te has asomado y has visto todo lo que hay aquí abajo? Guerras, avaricia, violencia, dolor y sufrimiento. Y sí; todos sabemos eso de que bienaventurados los pobres, los... porque de ellos será el Reino de los Cielos, pero este dolor se queda grabado en el corazón y es algo que no se olvidará. No es que te eche a ti la culpa, ya sé que no es tuya, somos nosotros pero si tanto nos quieres, ¿por qué no nos evitas tanto sufrimiento?
¿Por qué niños de 4 años tienen que morir de hambre? ¿por qué Señor me pasa a mi esto? ¿por qué a mi?

Si estás ahí, que sé que estás quiero creer que es así, porque ya me lo has demostrado en más de una ocasión, ayúdame!!!

Dame de nuevo ese abrazo protector de Padre y déjame que llore arrepintiéndome  de todos estos pensamientos, ayúdame a superar de nuevo las dificultades como has hecho hasta ahora, guíame, enséñame el camino que debo seguir, ya sabes, Señor, que últimamente estoy algo perdid@. Dame esa esperanza que tanto necesito ahora. ¡Ayúdame Padre!