"La Espada" de Kiko Argüello.

Dice Simeón en el Evangelio de Lucas refiriéndose a la Virgen María: “¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!”. A María, la piedad, la incorrupta, la Santa. La que no tiene mancha y acepta su historia siempre como un Don de lo Alto. A ella, una espada ardiente dispone el Señor que le atraviese de lado a lado lo más profundo que posee, el espíritu, el corazón, el alma.

¿Qué clase de Dios es este que permite que sus amados hijos sufran de un modo tan descomunal? ¿Es un monstruo como dice Nietzsche? ¿Es un sádico? ¿Se equivoca Dios? Ésta es sin duda la interpretación que da el mundo ante el sufrimiento; la negación de su sentido y la huida hacia ninguna parte para tratar de dejarlo atrás.

Terrible la cuestión que requiere de una experiencia profunda de Amor verdadero para, cuando menos, poder trascenderlo. Pero ha querido Dios que sea así, que el mundo se salve por el sufrimiento de los inocentes, por los que cargan sobre si la culpa que no tienen y se dejan llevar sin resistirse al cáliz que el Padre les da de beber. El nuestro, el verdadero, es un Dios que baja al mundo para compartir este cáliz con sus criaturas a las que tanto ama, y para abrir la puerta de la Vida Eterna, mostrando el camino a seguir. El camino es el Amor absoluto, no hay otro. La indescifrable paradoja de que, para encontrar la vida, hay que perderla. Para sentir la gracia, hay que negarse a uno mismo. Para ser feliz, la única vía es dar todo sin reservarse absolutamente nada.

Es Jesucristo mismo quien, con terribles sufrimientos, acepta ser el cordero ofrecido en sacrificio para salvación de toda la humanidad. Esta es nuestra alegría, y este es el verdadero misterio Pascual de salvación. Este es el gran regalo (gratuito), que Dios nos ha mostrado.

En medio de estas reflexiones, y con su experiencia de fondo, se ha debido encontrar Kiko Argüello, iniciador junto a Carmen Hernández del Camino Neocatecumenal, para lanzarse a hacer lo que hasta ahora jamás había hecho. Esto es, tratar de lanzar una Palabra de parte del Señor por medio del arte de la música. De su inspiración ha nacido “Espada” como proyecto primogénito de catequización sinfónica. Así es como Kiko ha concebido esta obra, como una celebración litúrgica en que se hace presente Jesucristo en medio de la asamblea. Una vez más, la belleza salvífica al servicio de la conversión.

Los catecúmenos de a pie tenemos aún pocos datos sobre la génesis de este proyecto, y lo que con él vendrá, o cómo será utilizado. De buenas a primeras hemos visto una parte de la “Espada” interpretada ante el Papa Benedicto XVI el día del envío de las Familias en Misión en Roma, en Enero de este mismo año. Sabemos que lo estrenó en una convivencia con misioneros Itinerantes en Porto San Giorgio, y que lo va a representar en tra convivencia de Obispos que está teniendo lugar estos días en la Domus Galilea de Israel.

¿Qué decir del estilo de la obra? Que es clásico, eso es obvio. Que es diferente a lo que Kiko había hecho hasta ahora. Doblemente obvio. Justamente esa novedad es la que más me llama la atención. Que una persona como él, al servicio completamente del Evangelio, y con la que el Señor ya ha hecho tantas cosas (con él y a través de él), se lance a estas alturas de su vida, rozando la tercera edad, a componer música, me parece valiente y atrevido. Cualidades no escasas en Kiko.

La sinfonía que ha creado puede tocar el corazón. Dentro de la segunda parte podemos reconocer las notas del "Resucitó" o los tambores del "Sola a solo", como detalle. Lógicamente debemos desposeernos de los prejuicios clásicos que de modo irremediable pueden nacer en nosotros (en especial los catecúmenos) para ver más allá de ellos. “Espada” es un lienzo en el aire, una palabra de siete notas, o una pintura sonora. Es arte, sencillo, puro, autentico e inspirado para acariciar el corazón de parte del Señor. Puede darnos un sentido al problema del sufrimiento, eso que irremediablemente siente el hombre, haga lo que haga. Y esa posibilidad es enorme. Así lo creo.

Es un primer paso. No sabemos aún si habrá más, pero sin duda sus compases pueden llegar a emocionar y a trascender si se escuchan con el oído abierto. A eso justamente estamos invitados.

Termino este breve y muy personal comentario, dejándoos la obra en sí, para que podáis gustarla. Creo que merece la pena contemplarla, también como una novedad dentro del Camino. Y recordemos que esa espada que hiere, también sana. No sabemos cómo ni a quién, ni cuando. Ni días ni horas. Lo sabremos al final de todo. Hasta entonces, nos queda la Fe para descansar en que así es. Alzada está la “Espada” que abate y purifica. Y así suena en la cabeza de Kiko.