¿EN MANOS DE QUIÉNES ESTAMOS?

 

En menos de una década la “política del estado del bienestar” ha saltado por los aires: de la llamada masiva a los extranjeros para que vinieran a gozar de las bonanzas de los países más ricos y solventes de Europa (“papeles  para todos”) hemos pasado a una crisis económica sin precedentes que está obligando a estos mismos países a regulaciones más restrictivas para que no vengan más de los que estamos; de las afirmaciones prepotentes en las que sosteníamos que nuestros sistemas financieros eran los más fiables y seguros del continente, estamos asistiendo al penoso espectáculo de tener que estar inyectando cantidades millonarias, a cargo de los presupuestos estatales, porque bancos y cajas “hacen aguas” en todos los países y en cada autonomía; del  “pais de las maravillas” hemos pasado al “país de las colas interminables en las oficinas de empleo y a los comedores para hambrientos en las caritas parroquiales”.

¿En manos de quienes estamos? ¿Son de fiar nuestros gobernantes y dirigentes políticos? Tal y como se está poniendo el panorama, a nivel mundial, parece que no estamos en buenas manos:  la “crisis económica” en la que estamos inmersos no parece tener fondo, ni tampoco los remedios que se han propuesto para superarla; los desequilibrios entre los paísis pobres y los ricos son, cada vez, más abismales; la mutación de un simple virus porcino amanece con convertirse en la nueva peste del siglo XXI. En España vamos camino de la cifra inquietante de cuatro millones de parados y “subiendo”...¿hacia dónde vamos? ¿Alguien lo sabe?

Parecía que la elección del  Presidente de los Estados Unidos, el Sr. Obama, nos traería la “salvación universal” y ya estamos viendo que sus propuestas son “más de lo mismo”. Líderes que se autodenominan “progresistas y de izquierdas” en Latinoamérica (Lula, Chaves, Evo Morales, Lugo, Correa, etc) no ofrecen más que recetas caducadas del tardofidelcastrismo que ya han sido ensayadas en la isla revolucionaria dejando a un país perdido en el tiempo y en el limbo. La esperanza más pura, que era la del Presidente de Paraguay, un “obispo reciclado a político” no ha tardado en mostrar el lobo que llevaba tras el vestido de pastor y ya lo llaman “el semental de la nación”... si tienen razón el Evangelio: “si la sal se desvirtua no sirve nada más que para que la pise la gente”.

Y, si nos fijamos en nuestros políticos, ¿cuántos de ellos han propuestos congelar sus sueldos o entregar sus pagas extraordinarias para mostrar un modo ejemplar de combatir la crisis?. Que copien de los obispos, también en el sueldo.

Juanjo Calles