TALLER DE MAYORES

2016/2017



La Caridad presente en nuestros barrios y parroquias


Programación  Abril - Mayo

Depositarios de la memoria colectiva

En el pasado se tenía un gran respeto por los ancianos. A este propósito, el poeta latino Ovidio escribía: “En un tiempo, había una gran reverencia por la cabeza canosa”. Siglos antes, el poeta griego Focílides amonestaba: “Respeta el cabello blanco: ten con el anciano sabio la misma consideración que tienes con tu padre”.

Si nos detenemos a analizar la situación actual, constatamos cómo, en algunos pueblos, la ancianidad es tenida en gran estima y aprecio; en otros, sin embargo, lo es mucho menos a causa de una mentalidad que pone en primer término la utilidad inmediata y la productividad del hombre. A causa de esta actitud, la llamada tercera o cuarta edad es frecuentemente infravalorada, y los
ancianos mismos se sienten inducidos a preguntarse si su existencia es todavía útil.

Es urgente recuperar una adecuada perspectiva desde la cual se ha de considerar la vida en su conjunto. Esta perspectiva es la eternidad, de la cual la vida es una preparación, significativa en cada una de sus fases. También la ancianidad tiene una misión que cumplir en el proceso de progresiva madurez del ser humano en camino hacia la eternidad. De esta madurez se beneficia el mismo grupo social del cual forma parte el anciano.

Los ancianos ayudan a ver los acontecimientos terrenos con más sabiduría, porque las vicisitudes de la vida los han hecho expertos y maduros. Ellos son depositarios de la memoria colectiva y, por eso, intérpretes privilegiados del conjunto de ideales y valores comunes que rigen y guían la convivencia social. Excluirlos es como rechazar el pasado, en el cual hunde sus raíces el presente, en nombre de una modernidad sin memoria. Los ancianos, gracias a su madura experiencia, están en condiciones de ofrecer a los jóvenes consejos y enseñanzas preciosas.

Desde esta perspectiva, los aspectos de la fragilidad humana, relacionados de un modo más visible con la ancianidad, son una llamada a la mutua dependencia y a la necesaria solidaridad que une a las generaciones entre sí, porque toda persona está necesitada de la otra y se enriquece con los dones y carismas de todos.

A este respecto son elocuentes las consideraciones de un poeta que aprecio, el cual escribe: “No es eterno sólo el futuro, ¡no sólo!... Sí, también el pasado es la era de la eternidad: lo que ya ha sucedido, no volverá hoy como antes... Volverá, sin embargo, como Idea, no volverá como él mismo”.

 (Juan Pablo II, Carta a los ancianos)

 



Oración de alabanza de los ancianos
:

Loado seas, mi Señor, por quienes me miran con simpatía.
Loado seas, mi Señor, por quienes comprenden mi lento caminar.
Loado seas, mi señor, por quienes me ayudan a superar mi sordera y facilitarme la comunicación con ellos.
Loado seas, mi Señor, por quienes me regalan parte de su tiempo, de su vida y de su interés.
Loado seas mi Señor, por quienes se acuerdan de mi soledad, por quienes me acompañan en el sufrir, por quienes me alegran los últimos días de mi vida.

Por ello:

Dichosos seáis vosotros que estrecháis con firmeza y con calor mis manos ateridas y temblorosas.
Dichosos seáis quienes os interesáis por mí ya lejana juventud y me permitís recordarla en voz alta.
Dichosos seáis cuando me ayudéis a defender mis derechos, porque las personas mayores tenemos también derechos, todos los derechos inherentes a la dignidad de la persona humana.
Dichosos seáis quienes entendéis que necesito cariño y me lo dais.
Dichosos sean los que me acompañen en el momento del paso de esta vida mortal a la vida eterna. Os aseguro que cuando entre en ella me acordaré de vosotros ante el Señor Jesús.